Marcelo Armoa y Pablo Aguilar compitieron semanas atrás en la Copa del Mundo de Taekwondo ITF, que se desarrolló en la ciudad de Koper. Armoa ganó el bronce individual y el oro por equipos; Aguilar fue plata a nivel grupal. “Fue un torneo con una calidad enorme”, contaron.

EZEQUIEL GUISONE
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La Copa del Mundo de Taekwondo ITF convocó a más de 2 mil competidores que llegaron a Eslovenia desde diversos continentes. Entre ellos, fueron casi 200 los argentinos que encararon la odisea de llegar a Europa para medirse en el mejor nivel. Los nicoleños Marcelo Armoa y Pablo Aguilar estuvieron en esa lista privilegiada y trajeron medallas para nuestra ciudad. Armoa fue bronce en individual y oro por equipos (+46 años), mientras que Aguilar logró la medalla plateada junto con su equipo en una durísima categoría de hasta 45 años.
“Todo esto arrancó hace tres meses, cuando en una competencia nos eligieron a Pablo y a mí para formar parte de los equipos de +46 y -46. Pablo viene compitiendo de manera activa a muy alto nivel, pero yo ya no estaba compitiendo, me dedico al entrenamiento y a formar atletas de combate”, contó Marcelo Armoa, en la visita que ambos hicieron al programa La Deportiva, de Radio U. “Competí toda mi vida y esto me llegó como un regalo; me cambió la vida, porque cambié primero la mentalidad, después la alimentación y la parte física. Tuve que combinar dar clases con entrenar lo físico, trabajar de noche acá en diario El Norte. Pero la experiencia fue muy linda, me sentí muy bien. No pude traer el campeonato individual, que fui a eso, pero teniendo en cuenta que hacía 15 años que no competía, un tercer puesto la verdad que me hace sentir orgulloso de mi trabajo”.
Pablo Aguilar contó que “fue la primera vez que me tocó salir del país. Fue algo muy emocionante, muy lindo, compartiendo con compañeros de escuela, en el deporte que a uno le gusta”.
En la Copa del Mundo participaron taekwondistas de 55 países. Argentina se subió al podio del medallero general, ocupando el tercer lugar. “Hubo un nivel altísimo. Países como Ucrania, Uzbekistán, Estados Unidos, Alemania o Grecia son durísimos. Yo perdí en semifinal contra un griego”, recordó Armoa. Aguilar, en tanto, cayó en la seguna ronda frente a un representante húngaro que luego se consagraría campeón. “Todos los días la competencia era a estadio lleno, con una calidad enorme”, remarcaron.
“La preparación fue dura, fue exigente, un cambio de rutina tanto en alimentación, como en el entrenamiento, tuve que meterme en el gimnasio para hacer un poco de fierros, la preparación física es muy importante, más para este tipo de torneos, no se puede regalar nada. Hay que ir lo más afilado posible”, señaló Pablo, y agregó: “El nivel era muy alto, pero yo esperaba encontrarme eso. No me sentí muy inferior a lo que nos imaginábamos. Uno quizás va con perfil bajo a la primera competencia, y cuando estás ahí te das cuenta que estás rodeado por los mejores pero estás de igual a igual, y la pelea es para cualquiera. Así que muy contento por la participación y el desempeño tanto individual como por equipos”.
Espíritu amateur
“Uno ya tiene sus responsabilidades, nuestros trabajos, y a eso sumarle el entrenamiento, cómo lo mechás… a nosotros nos ha tocado juntarnos sábados, o en mi caso entrenar a las 5 de la mañana para entrar a las 7 a trabajar, ir combinando ese sacrificio porque sino no llegás”, contó Aguilar. Armoa destacó que “hubo que hacer un esfuerzo económico muy grande. Igual, todo vale la pena”. “Mucha gente nos apoyó de la escuela, padres, familia, amigos, gente que uno por ahí ni se lo espera, y eso es muy rescatable”.
“Hoy el taekwondo es físico. Más allá de que lo táctico tiene que estar, es muy físico”, sentenció Armoa. “Hay algo que hay que tener en cuenta, y es que la mayoría de los competidores son pagos, viven de eso. Es una diferencia enorme. Se levantan a las 7 de la mañana con su desayuno proteico, su entrenamiento a la mañana, su menú al mediodía, entrenan a la tarde…”, resaltó Aguilar.
“Vinimos re contentos”, expresó el titular del Grupo Armoa, y se entusiasmó con lo que viene: “Tengo 51 años y ahora estoy con todo. Les agradezco a todas las empresas que hicieron posible esto. A mi laburo acá en el diario que me dio la posibilidad de cambiar francos y mover días para poder ir a entrenar con la selección. Mi familia, mis hijas que son de fierro, la gente que estuvo, todos, porque con el mínimo granito de arena nos dieron una mano”.

