Súper Étendard: la millonaria compra que nunca despegó

Los aviones que prometían recuperar el poder aeronaval

Súper Étendard Modernisé almacenados en la Base Aeronaval Comandante Espora

NewsITe

La compra de cinco cazabombarderos Súper Étendard Modernisé (SEM) a Francia, concretada durante el gobierno de Mauricio Macri por un monto cercano a los 15 millones de dólares, quedó definitivamente en la historia reciente como uno de los proyectos más frustrados del reequipamiento militar argentino. Las aeronaves, que llegaron al país en 2019, jamás realizaron un vuelo operativo bajo bandera nacional y fueron finalmente retiradas del servicio sin haber cumplido la misión para la que habían sido adquiridas.

El objetivo inicial era ambicioso: recuperar la capacidad de ataque de la Aviación Naval Argentina y dar continuidad al legado de los históricos Súper Étendard que actuaron durante la Guerra de Malvinas. El paquete negociado con Francia incluía, además de las cinco unidades, motores, repuestos, herramientas, un simulador de vuelo y equipamiento de apoyo destinado a reactivar un sistema de armas emblemático para la Armada.

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Los SEM representaban la versión modernizada desarrollada por Dassault Aviation, con mejoras en aviónica, navegación, radar y capacidad para el uso de armamento guiado. La expectativa dentro de la fuerza era que estas aeronaves se transformaran en los sucesores naturales de los cazabombarderos que, en 1982, participaron en los ataques que hundieron al destructor británico HMS Sheffield y al buque logístico Atlantic Conveyor mediante misiles AM39 Exocet.

Embargo británico, falta de repuestos y auditorías críticas

La operación se cerró en 2017 y los aviones arribaron a la Base Aeronaval Comandante Espora, en Bahía Blanca, en mayo de 2019. Incluso se había barajado la posibilidad de que participaran en tareas de vigilancia durante la cumbre del G20 de 2018, algo que finalmente no ocurrió por los plazos de entrega y las demoras en su puesta a punto.

Una vez iniciadas las tareas de alistamiento, comenzaron a aparecer los problemas. Técnicos de la Armada detectaron la falta de repuestos clave, certificaciones vencidas y la necesidad de reemplazar componentes críticos para garantizar la aeronavegabilidad. Entre los principales obstáculos surgió la imposibilidad de obtener la certificación actualizada de los cartuchos pirotécnicos de los asientos eyectables Martin-Baker, de origen británico, alcanzados por el embargo militar que el Reino Unido mantiene sobre la Argentina desde el final del conflicto del Atlántico Sur.

Con el paso del tiempo se agregaron otras dificultades: el desgaste propio de aeronaves ya retiradas del servicio por la Marina francesa, la escasez de personal especializado y la complejidad logística para sostener un sistema de armas que dependía de insumos extranjeros sensibles. En 2022, una auditoría de la Sindicatura General de la Nación (SIGEN) cuestionó distintos aspectos de la compra y advirtió que varios elementos esenciales de los SEM eran de fabricación británica, lo que limitaba seriamente cualquier vía de solución.

De promesa estratégica a inversión inmovilizada en un hangar

Durante la gestión de Alberto Fernández se realizaron nuevas gestiones ante Francia para explorar alternativas de provisión de piezas y mantener viva la posibilidad de recuperar los aviones. Sin embargo, las evaluaciones técnicas concluyeron que el costo de ponerlos en condiciones operativas resultaba desproporcionado frente a la vida útil remanente de las aeronaves.

Así, los cinco Súper Étendard Modernisé permanecieron durante años guardados en los hangares de la Base Aeronaval Comandante Espora, sometidos sólo a tareas de preservación, pero sin ser incorporados oficialmente a la 2ª Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque. Ninguno llegó a realizar un vuelo operativo, pese a las expectativas iniciales generadas tanto en la Armada como en el Ministerio de Defensa.

El giro estratégico llegó con la decisión de adquirir 24 cazas F-16 a Dinamarca, operación que reorientó los recursos financieros y la planificación del reequipamiento hacia la Fuerza Aérea. Las prioridades pasaron a concentrarse en la llegada de esos aviones y en la adecuación de infraestructura y entrenamiento asociado, dejando sin margen para insistir con la compleja recuperación de los SEM.

La retirada definitiva de los Súper Étendard Modernisé cerró un capítulo que combinó expectativas desmesuradas, condicionamientos externos y fallas de planificación, y que terminó en una inversión millonaria que nunca llegó a despegar.

Con el cierre del programa, la Armada pierde la posibilidad de reactivar un sistema de armas que había escrito una de las páginas más recordadas de la historia militar argentina. Al mismo tiempo, vuelve a quedar expuesto el desafío estructural que enfrenta el país para modernizar sus capacidades de defensa en un escenario atravesado por restricciones presupuestarias, embargos y dependencia tecnológica externa.

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