Sordera en la vejez: una señal clave para prevenir demencia

La pérdida auditiva en mayores, un tema de salud subestimado

Adulto mayor con pérdida de audición en consulta médica

NewsITe

Subir el volumen del televisor, pedir que repitan una frase o quedarse en silencio en una charla con muchos interlocutores son escenas habituales en muchos hogares argentinos. Sin embargo, con frecuencia se las atribuye al paso del tiempo o a la distracción, sin considerar que pueden ser la manifestación de un problema de salud: la pérdida auditiva asociada a la edad.

De acuerdo con especialistas en otorrinolaringología, la mayoría de los pacientes llega a la consulta cuando ya pasaron años escuchando mal y suelen ser acompañados por un hijo o la pareja. Para entonces, el daño no se limita al oído: también se resienten la memoria, la atención y la vida social. Cuando el oído deja de enviar información completa, el cerebro debe “adivinar” lo que falta y destina energía cognitiva extra a esa tarea.

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Esa sobrecarga se combina con otro fenómeno: un cerebro que recibe menos estímulos sonoros se desentrena, igual que un músculo que se deja de usar. A la vez, la persona comienza a evitar reuniones, se corre de las charlas y participa menos de encuentros familiares o sociales. Ese retiro progresivo, muchas veces silencioso, impacta de lleno en el bienestar emocional y cognitivo.

Lo que parece carácter, en realidad puede ser sordera

La hipoacusia suele avanzar de manera lenta. En una primera etapa, quienes la padecen pueden perder matices del lenguaje: les cuesta entender dobles sentidos, ironías o aquello que se sugiere “entre líneas”. El detalle técnico es clave: las primeras frecuencias que se deterioran son las agudas, indispensables para distinguir consonantes.

Así, la persona oye palabras parecidas pero no idénticas y responde algo que no guarda relación con lo que se dijo. El entorno interpreta esa conducta como olvido, falta de atención o mal carácter, cuando en realidad se trata de un problema auditivo. El costo no es solo mental: la pérdida de audición se asocia a más riesgo de depresión, aislamiento social, caídas y dificultades para manejar con seguridad, al no percibir bocinas o sirenas.

  • Dificultad para seguir conversaciones en restaurantes o ambientes ruidosos.
  • Necesidad frecuente de pedir que repitan lo que se dijo.
  • Zumbidos persistentes en uno o ambos oídos.
  • Tendencia a quedarse callado en reuniones donde antes participaba activamente.

Ante estas señales, la recomendación es realizar un examen audiológico. Este estudio permite medir el nivel de audición y conocer las características del canal auditivo para elegir el dispositivo más adecuado. Hoy, los audífonos son la opción más difundida, disponibles con o sin receta, mientras que en cuadros severos pueden indicarse implantes cocleares y, según el caso, tratamientos específicos o cirugía. Hasta el momento no existe un fármaco eficaz para revertir la pérdida auditiva.

Relación entre hipoacusia y deterioro cognitivo

La evidencia científica refuerza la importancia de atender a tiempo la sordera de la vejez. Un informe de la comisión de The Lancet, publicado en 2020, ubicó a la hipoacusia entre los principales factores de riesgo modificables de demencia y estimó que explica alrededor del 8% de los casos. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud calcula cerca de 10 millones de nuevos diagnósticos de pérdida auditiva por año en todo el mundo.

Distintos estudios internacionales muestran que las personas que utilizan audífonos o implantes, y que mantienen una rehabilitación auditiva sostenida, exhiben menor deterioro cognitivo en comparación con quienes no reciben ayuda. Además, conservar una vida social activa, seguir trabajando o participando de actividades recreativas y familiares protege la salud mental en el envejecimiento.

“Un audífono no es una prótesis de la vejez ni una rendición. Es un tratamiento, y cuanto antes se indica, mejor se adapta el paciente”, coinciden los especialistas consultados.

Detectar a tiempo los primeros signos de pérdida auditiva, no naturalizar el “no escuchar bien” como un rasgo inevitable de la edad y consultar con profesionales son pasos clave para sostener la autonomía de las personas mayores. Cuidar la audición es también una forma concreta de cuidar la memoria, la atención y la calidad de vida en la vejez.

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