Síndrome de Sjögren: síntomas clave y abordaje integral

Sequedad ocular y bucal: señales tempranas del Sjögren

NewsITe

La sequedad persistente en los ojos y en la boca, muchas veces subestimada como una simple molestia, puede ser el síntoma visible de una enfermedad autoinmune crónica: el síndrome de Sjögren. Esta patología afecta principalmente a las glándulas que producen lágrimas y saliva, lo que provoca disminución de la humedad y genera sus manifestaciones más conocidas: ojo seco y boca seca.

En el plano ocular, quienes la padecen pueden presentar ardor, picazón, enrojecimiento o sensación de arenilla constante. A nivel bucal, la falta de saliva dificulta hablar, masticar y tragar, y favorece la aparición de caries, inflamación de encías, úlceras y un deterioro progresivo de la salud dental. Nueve de cada diez diagnósticos corresponden a mujeres y suele detectarse con mayor frecuencia después de los 40 años.

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Sin embargo, el Sjögren va mucho más allá de la sequedad. Al tratarse de una enfermedad sistémica, también puede generar cansancio intenso, dolores, rigidez e hinchazón articular, inflamación de las glándulas salivales, tos seca persistente, erupciones cutáneas, piel seca y sequedad vaginal, entre otras manifestaciones. En algunos casos se presenta de manera aislada y en otros se asocia a patologías como artritis reumatoide o lupus.

Una enfermedad autoinmune que exige mirada multidisciplinaria

“El Sjögren es una enfermedad autoinmune: el sistema inmunológico deja de reconocer como propias ciertas estructuras del organismo y las ataca, generando inflamación. En esta enfermedad, el ataque se dirige principalmente a las glándulas exocrinas, entre ellas las glándulas salivales y lagrimales. Por eso, sus síntomas más reconocidos son la sequedad bucal y ocular”, explicó la reumatóloga Ana Lizarraga.

La especialista advirtió que también puede haber compromiso de articulaciones, pulmones, riñones y otros órganos. Uno de los desafíos centrales es integrar síntomas que suelen aparecer en momentos distintos. Muchas personas consultan primero al oftalmólogo por ojo seco, al odontólogo por problemas en la boca o al reumatólogo por dolores y fatiga, sin que se detecte de inmediato una causa común. El tiempo promedio entre el inicio de los síntomas y el diagnóstico ronda los tres años.

Para llegar a un diagnóstico certero se requiere una evaluación integral: historia clínica detallada, examen físico y estudios específicos. Entre ellos se incluyen pruebas oftalmológicas para medir la producción lagrimal, análisis de sangre en búsqueda de autoanticuerpos, biopsia de glándula salival menor y ecografía de glándulas salivales. El oftalmólogo Franco Pakoslawski remarcó que el diagnóstico “es siempre en equipo” y que los especialistas deben compartir información y evolución del paciente.

Impacto en la vida diaria y alternativas de tratamiento

Desde la oftalmología, Pakoslawski señaló que el ataque autoinmune sobre las glándulas lagrimales reduce tanto la cantidad como la calidad de la lágrima. El ojo seco, subrayó, no es solo una molestia: puede dificultar la lectura, el trabajo frente a la computadora, el uso del celular, la conducción –sobre todo nocturna– y la exposición al viento o al aire acondicionado. El dolor y la sequedad al despertar alteran el sueño y, en consecuencia, el rendimiento laboral y la vida social.

En el plano bucal, la odontóloga Jacqueline Melamed describió la sensación como “masticar algodón” y advirtió que, aun con buena higiene, las caries y otras complicaciones son frecuentes. Por eso, en pacientes con Sjögren suelen indicarse controles odontológicos más frecuentes y medidas de prevención específicas.

Si bien hoy no existe una cura definitiva para el síndrome de Sjögren, hay tratamientos que permiten aliviar síntomas y reducir el riesgo de complicaciones. El enfoque se adapta a cada paciente e incluye lágrimas artificiales, sustitutos de saliva, medicamentos para modular la respuesta inmunitaria y cuidados locales en ojos y boca. Nuevas líneas de investigación y fármacos en estudio abren expectativas de mejores opciones terapéuticas en los próximos años.

Hábitos cotidianos para convivir mejor con el Sjögren

  • Mantenerse bien hidratado, bebiendo líquidos a lo largo del día para aliviar la sequedad y prevenir complicaciones.
  • Realizar controles médicos periódicos con los especialistas involucrados para ajustar tratamientos y monitorear la evolución.
  • Cuidar el descanso, realizar actividad física adaptada y atender la salud emocional para reducir la fatiga y mejorar la calidad de vida.

Ante síntomas persistentes de sequedad ocular o bucal, cansancio o dolores articulares, se recomienda consultar a un profesional y evitar la automedicación.

El conocimiento temprano de la enfermedad, sumado a un abordaje multidisciplinario y a cambios en los hábitos cotidianos, resulta clave para que las personas con síndrome de Sjögren puedan sostener una mejor calidad de vida.

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