Transición económica con efectos dispares según Dante Sica

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El ex ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, analizó el momento que atraviesa la economía argentina y advirtió que el país se encuentra en una transición profunda hacia un nuevo régimen económico, en el que no todos los sectores avanzarán al mismo ritmo. En este contexto, señaló que la capacidad de adaptación de empresas y trabajadores será clave para definir quiénes resulten ganadores y quiénes queden relegados.
Según Sica, la Argentina vive un proceso de “reconfiguración de la estructura productiva” en busca de un nuevo equilibrio de precios relativos. Esa transformación, explicó, implica cambios en la asignación de recursos, en la competitividad sectorial y en la forma en que las compañías se vinculan con los mercados internos y externos.
El economista sostuvo que existe un amplio consenso en que la economía volverá a crecer, pero aclaró que esa expansión no será homogénea. En diálogo con Splendid AM 990, remarcó que los motores más dinámicos estarán asociados a sectores estratégicos, particularmente aquellos vinculados a los recursos naturales, la energía y las exportaciones, mientras que las actividades más dependientes del consumo interno enfrentarán mayores tensiones.
En ese sentido, Sica anticipó que el comercio minorista, la industria ligada al mercado doméstico y una parte de los servicios deberán atravesar un proceso acelerado de competencia, innovación y adaptación a nuevas reglas de juego. El cambio, planteó, se da en un marco de apertura gradual de la economía, lo que modifica de manera sustancial el escenario para empresas acostumbradas a operar en un entorno más protegido.
Crédito, reformas y hábitos de consumo en transformación
Al evaluar la política económica, Sica coincidió en que el Gobierno prioriza la desaceleración de la inflación, pero destacó señales recientes de flexibilización monetaria. Subrayó que hoy la tasa de interés real es negativa y que el Banco Central comenzó a impulsar líneas de crédito para capital de trabajo, lo que, de a poco, libera liquidez y reactiva el sistema financiero tras el fuerte ajuste de 2023.
El ex ministro ubicó el punto más bajo de la actividad en enero y febrero de este año y consideró que marzo habría marcado un quiebre de tendencia. Aseguró que algunos indicadores de producción y consumo muestran una leve mejora, todavía lejos de una recuperación robusta, pero compatibles con un escenario de salida gradual de la recesión.
Sica también se refirió al cierre de empresas y matizó las alarmas al señalar que el fenómeno se concentra principalmente en microempresas de menos de cinco empleados. De todos modos, advirtió que el país enfrentará un proceso de reconversión importante, que exigirá acompañamiento financiero, modernización tecnológica y reformas estructurales para sostener el empleo formal.
En materia de reformas, insistió en la necesidad de avanzar en cambios laborales y tributarios, en especial en lo que hace a la carga que soportan las provincias. Para el ex funcionario, la disponibilidad de crédito productivo será determinante para que las firmas puedan invertir, ganar escala y atravesar los cambios que impone el nuevo modelo.
Ganadores, perdedores y el rol de la apertura económica
- Sectores ligados a recursos naturales y energía aparecen como los principales beneficiados del nuevo esquema.
- Actividades orientadas al mercado interno y ramas sensibles, como la construcción y el textil, enfrentan mayores desafíos de adaptación.
- La apertura comercial aumenta la competencia, pero también amplía las opciones y presiona a mejorar la productividad.
Consultado por los sectores más golpeados, Sica señaló que la construcción podría recomponerse gradualmente si avanza el esquema de concesiones y obra pública bajo nuevas modalidades de financiamiento. En cuanto a la industria textil, advirtió que deberá adecuarse a un entorno con más competencia externa, repensando procesos, calidad y precios para sostener su lugar en el mercado.
“El programa económico tiene tres pilares claros: estabilización macroeconómica, desregulación e integración al mundo”, definió Sica, quien destacó instrumentos como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) para atraer capitales a sectores estratégicos.
De cara al mediano plazo, proyectó que la inflación continuará desacelerándose y podría ubicarse en torno al 25%-28% anual hacia 2026, aunque por encima de lo previsto oficialmente. Más allá de los números puntuales, consideró que el eje estará en consolidar una trayectoria descendente y en cómo se distribuya el impacto del nuevo esquema económico entre sectores, regiones y trabajadores.

