Show de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl: los 500 “arbustos” cobraron más de 1300 dólares cada uno

Durante el espectáculo del descanso, cientos de personas disfrazadas de vegetación formaron el paisaje del escenario y percibieron una remuneración por hora por su participación.

Bad Bunny protagonizó en solitario el descanso del Super Bowl con una actuación íntegramente en español, en la que combinó música y referencias a sus raíces latinas. El escenario del Levi’s Stadium se transformó en una pradera tropical que remitía a Vega Baja, el municipio puertorriqueño donde creció el artista.

La vegetación que rodeó al cantante no era real. Debido a las restricciones técnicas y de seguridad de la NFL para introducir césped natural en grandes cantidades dentro del estadio, el equipo creativo optó por reemplazarla con intérpretes humanos disfrazados de arbustos.

El show incluyó la participación de unas 500 personas disfrazadas de arbustos, que cobraron alrededor de 15 euros por hora por su trabajo como extras. Las horas de labor incluyeron ensayos, pruebas de vestuario y la actuación final, por lo que cada “arbusto” trabajó cerca de 70 horas. En total, recibieron una remuneración de 1.309 dólares.

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Durante los poco más de 13 minutos que duró el show, los participantes permanecieron de pie y prácticamente inmóviles bajo disfraces de vegetación que pesaban alrededor de 18 kilos. Según se explicó, debían mantener absoluto silencio y evitar cualquier movimiento para que el paisaje pareciera natural.

Las imágenes comenzaron a circular en redes sociales horas después del evento. Uno de los participantes, Andrew Athias, conocido en internet como The Reese’s Guy, contó su experiencia tras formar parte del grupo seleccionado por una empresa especializada en casting de grandes eventos. El joven voló desde Filadelfia hasta California exclusivamente para el trabajo.

La remuneración rondó los 15 euros por hora e incluyó la actuación final, las pruebas de vestuario y los ensayos previos. “Hubo momentos en que tuvimos que usar los trajes durante seis o siete horas porque tuvieron que hacerles modificaciones. Hubo unos ocho ensayos en total, y los tres últimos duraron doce horas cada uno”, relató.

Además, los participantes firmaron acuerdos de confidencialidad que les impidieron hablar del espectáculo o compartir detalles en redes sociales durante semanas. “Lo más difícil fue saber lo que iba a pasar y no poder decir nada”, explicó Athias. “Solo le dije a un pequeño grupo de personas que iba a San Francisco y que participaría en el espectáculo del medio tiempo. No les dije cómo iba vestido. No les dije dónde buscarme en el campo. Solo les dije: ‘Me vas a ver’”.

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