En una sociedad cada vez más digital, podemos comprobar como los adolescentes viven, aprenden, socializan e incluso viven su sexualidad a través de las redes sociales. Como entender las claves de la sexualidad en adolescentes, esa generación que marcará un futuro confuso y desconocido.

De la redacción de El Norte
Antes de comenzar a analizar la sexualidad de los adolescentes, es necesario indagar en los rasgos que los definen como grupo con identidad propia.
La adolescencia, según el psicólogo Erik Erikson en su teoría de desarrollo psicosocial, es una etapa marcada por la búsqueda de la identidad en la que la experimentación, polarización, la gestión emocional y el compromiso y acción hacia sus valores se construyen según sus experiencias y conflictos. Esta definición sigue vigente a pesar de los cambios sociales y tecnológicos producidos en el siglo XXI.
Mitos y normas de la sexualidad actualizadas
La sexualidad humana se forma a lo largo del ciclo vital, siendo la adolescencia la etapa de mayor descubrimiento, exploración y definición de la orientación, expresión e identidad sexual.
La sexualidad ha dejado de ser un tema tabú para convertirse en un asunto omnipresente en los medios de comunicación y redes sociales. Este cambio empuja a los jóvenes a una sexualidad temprana y expuesta al público sin la madurez social y cognitiva suficiente para conocer los riesgos asociados.
Por lo tanto, podemos identificar mitos relacionados con la sexualidad en adolescentes que siguen guiando nuestro comportamiento:
“La masturbación es para personas solteras”. Se mantiene la idea de que la masturbación es una práctica que no puede darse en pareja, se interpreta como síntoma de insatisfacción.
“Existen dos tipos de orgasmos femenino”, “la menstruación impide el embarazo”, o “la primera vez debe doler” son prejuicios que limitan la sexualidad femenina sin fundamento en sexología.
“Si es la mujer la que inicia la relación sexual es una promiscua” o “el hombre siempre está dispuesto”. Se cree que en una relación heterosexual, debe ser el hombre el que comience el cortejo sexual y la mujer dejarse hacer o satisfacer necesidades del otro.
“Ahora se baila así”. La hipersexualización está muy presente en la música, en la televisión, en las redes sociales y la persona que no participe de ella es objeto de burlas, críticas y rechazo.
“Si me llega un video sexual a mis redes sociales, la culpa es de la persona que se dejó grabar”. En este caso, la responsabilidad recae sobre la víctima y no sobre la persona que compartió sin permiso de las partes implicadas.
“Soy libre y puedo mostrar mi cuerpo”. Bajo una falsa apariencia de libertad, como explica Ana de Miguel en Neoliberalismo sexual, consideramos el cuerpo como mercancía libre. El ejemplo actual lo tendríamos en la red social Only Fans, en la que los seguidores abonan una cuota para acceder a contenido premium del perfil.
Consecuencias
Como afecta el uso excesivo de las redes sociales y material sexual en adolescentes:
A nivel afectivo-conductual:
Distorsiona la imagen social y física que tenemos de nosotros mismos y de otras personas, al percibir lo expuesto en redes sociales como verdadero. Los adolescentes buscan aceptación social afectando a su bienestar y su autoestima, siendo una baja autoestima factor de riesgo para el uso inapropiado.
Repercute en las relaciones personales. En las redes sociales, las personas son tratadas como objetos de publicidad, mercancía o para disfrute de otras personas sin emociones o experiencias.
Las redes sociales y el contenido sexual actúan como una adicción sin sustancia, a largo plazo el consumidor necesita más contenido para sentir el mismo efecto. Por tanto, se alcanza un techo de insensibilidad en el que no se satisface el deseo, pero la necesidad de compartir, ver, observar está presente.
Los adolescentes tienden a visualizar contenidos sexuales agresivos, generalizando y permitiendo comportamientos más violentos.
Mayores probabilidades de acoso y abuso sexual dada la facilidad para obtener citas, manipular y engañar a posibles víctimas
La trata con fines de explotación sexual y la pornografía están estrechamente relacionadas. Existen numerosos testimonios de actrices y modelos coaccionadas para ejercer estas ocupaciones o un historial familiar y social común.
Las personas que han consumido horas de pornografía correlacionan positivamente con las personas que presentan un inicio temprano de las relaciones sexuales, conductas de riesgo e infecciones de transmisión sexual.
Existen diferencias de género, las mujeres presentan mayor prevalencia de uso excesivo de las redes sociales.

