Sergio Ramírez, nueva voz latinoamericana en la Real Academia Española

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La Real Academia Española (RAE) eligió al escritor nicaragüense nacionalizado español Sergio Ramírez para ocupar la silla L, vacante desde la muerte del Premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa en abril del año pasado. La decisión refuerza la presencia latinoamericana en la institución y reconoce una obra literaria atravesada por la historia política de Nicaragua y de la región.
La candidatura de Ramírez fue la única presentada y contó con el respaldo de tres figuras centrales de la Academia, tal como lo exigen los estatutos. Lo propusieron el exdirector de la RAE Víctor García de la Concha, el escritor Luis Mateo Díez —actual Premio Cervantes— y el director en funciones, Santiago Muñoz Machado. El escritor deberá ahora pronunciar su discurso de ingreso, paso formal para asumir el cargo, dentro de un plazo máximo de dos años.
A los 83 años, Ramírez es considerado una de las voces más influyentes de la narrativa iberoamericana contemporánea. Novelista, cuentista, ensayista y periodista, construyó una obra en la que se cruzan memoria, política y vida cotidiana. Entre sus títulos más reconocidos se destacan Margarita, está linda la mar, galardonada con el Premio Alfaguara de Novela en 1998, y Tongolele no sabía bailar, libro censurado en Nicaragua por su retrato crítico de las protestas de 2018 y de la represión del gobierno de Daniel Ortega.
Trayectoria literaria y compromiso político
Ramírez obtuvo en 2017 el Premio Cervantes, el reconocimiento más importante de las letras en español, y se convirtió en el primer escritor centroamericano en recibirlo. En los últimos años también fue distinguido con el Premio Ortega y Gasset de Periodismo 2026, otorgado en Madrid, lo que consolidó su figura como referente intelectual y analista de la realidad latinoamericana.
Su biografía está marcada por la participación política. Integró el llamado Grupo de los Doce, que se opuso abiertamente a la dictadura de Anastasio Somoza y respaldó al Frente Sandinista en los años previos a la revolución. Tras el triunfo sandinista, Ramírez integró la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y ejerció la vicepresidencia de Nicaragua entre 1985 y 1990, en los años más intensos del conflicto armado y de la presión internacional.
Con el tiempo se distanció del rumbo del sandinismo encabezado por Daniel Ortega y se transformó en una de las voces críticas del actual gobierno. En 2021, la Justicia nicaragüense lo acusó de “incitar al odio y la violencia”, lo que derivó en su exilio en Madrid, ciudad en la que reside desde entonces. El propio autor describe esta etapa como su “segundo exilio”, luego del que vivió en Costa Rica en 1978, también como consecuencia de la persecución política.
Un reconocimiento que desafía al olvido
Mientras el oficialismo nicaragüense impulsa medidas para borrar su nombre de registros y espacios públicos, el ingreso de Ramírez a la RAE opera en sentido contrario: consolida su lugar en la tradición literaria en lengua española. Para el mundo cultural iberoamericano, su llegada a la silla que ocupó Vargas Llosa supone un puente entre dos generaciones de narradores que combinaron literatura y reflexión política.
Con esta designación, la Real Academia Española vuelve a poner en primer plano la producción intelectual de América Latina y reafirma el carácter plural del español. La futura lectura del discurso de incorporación, en el que Ramírez deberá definir su visión sobre la lengua o la literatura, se anticipa como un acontecimiento relevante tanto para el campo académico como para los lectores de la región.

