Un estudio realizado en Estados Unidos detectó un crecimiento de la lectura entre los nacidos entre 1997 y 2012 -la famosa Generación Z-. Además, las librerías y bibliotecas recuperaron terreno como espacios para descubrir nuevas obras.

La generación que creció entre teléfonos inteligentes, redes sociales y plataformas digitales muestra una relación con los libros que desafía algunos prejuicios. Durante 2025, el 65% de los integrantes de la Generación Z encuestados en Estados Unidos leyó al menos un libro impreso, frente al 59% registrado en 2022.
El crecimiento no quedó limitado al papel. Un 66% de los consultados se definió como lector, 14 puntos porcentuales más que tres años antes. Los resultados surgen de una investigación de Kathi Inman Berens y Rachel Noorda, publicada por Cambridge University Press, que analizó encuestas realizadas en 2020, 2022 y 2025.
Sin embargo, el dato más llamativo aparece en la elección del formato. Aunque se trata de jóvenes nacidos entre 1997 y 2012 y atravesados desde temprana edad por internet, el libro físico continúa ocupando un lugar central en sus hábitos.
El papel gana espacio en medio de una vida atravesada por pantallas
Berens y Noorda vinculan parte de esa preferencia con la búsqueda de momentos alejados de las notificaciones y los dispositivos. Así, el papel funciona también como una vía para reducir temporalmente la exposición permanente al entorno digital.
Eso no significa que los jóvenes hayan abandonado las nuevas formas de consumir historias. Por el contrario, la investigación incorpora libros electrónicos, audiolibros, manga y fanfiction, además de contenidos publicados en Wattpad, Webtoon y Kindle Unlimited.
Los formatos, además, se mezclan. Una misma persona puede comenzar una historia en papel, continuarla mediante audio o en una plataforma digital y, al mismo tiempo, participar de conversaciones sobre esa obra en las redes sociales.
Librerías y bibliotecas recuperan protagonismo
El regreso al papel también tiene una dimensión física. Casi un tercio de los encuestados compró un libro en una librería durante 2025, mientras estos comercios se ubicaron por delante de Amazon entre los espacios preferidos para descubrir nuevas obras.
Las bibliotecas mostraron una evolución todavía más marcada. El 36% afirmó haber encontrado algún libro gracias a la recomendación de un bibliotecario, más del doble del 15% registrado en 2022.
Pero los jóvenes no recurren a esos lugares únicamente para buscar libros. El 85% manifestó interés en disponer de otro espacio donde relajarse fuera de su casa. Además, la investigación encontró mayores niveles de soledad entre quienes no asistían a bibliotecas que entre quienes sí lo hacían.
En paralelo, el sector librero independiente atraviesa una expansión en Estados Unidos. Según la American Booksellers Association, la cantidad de librerías independientes aumentó un 70% durante los últimos cinco años.
Leer también se convirtió en una experiencia social
La transformación alcanza incluso a la manera de compartir una lectura. BookTok, Bookstagram, clubes, festivales y recomendaciones entre usuarios conviven con los algoritmos como vías para encontrar nuevos títulos y autores.
Aparecieron, incluso, las llamadas fiestas de lectura silenciosa. Allí, distintas personas se reúnen en un mismo espacio aunque cada una lea su propio libro, convirtiendo una actividad tradicionalmente individual en una experiencia compartida.
Por eso, Berens y Noorda sostienen que medir únicamente cuánto tiempo pasan los jóvenes frente a un libro ofrece una fotografía incompleta. Para las investigadoras, también deben considerarse las conversaciones, recomendaciones y comunidades que se forman alrededor de las obras.
Una tendencia diferente entre los lectores más chicos
El escenario cambia cuando el análisis se traslada al Reino Unido y a la lectura infantil. Una investigación de HarperCollins UK determinó que el 41% de los niños de hasta cuatro años recibe lecturas frecuentes en su hogar, frente al 64% registrado en 2012.
La proporción baja al 36% entre los niños de 5 a 7 años y al 22% entre quienes tienen de 8 a 10. A su vez, solamente cuatro de cada diez padres con hijos de hasta 13 años consideraron que leerles resulta una actividad divertida.
El estudio detectó otra diferencia generacional. El 28% de los padres pertenecientes a la Generación Z considera la lectura más como una materia que debe aprenderse que como una actividad recreativa. Entre los niños de 5 a 13 años, esa percepción alcanzó al 29%, frente al 25% registrado en 2022.

