San Valentín en tiempos de apps y soledades silenciosas

NewsITe
En pleno siglo XXI, el Día de los Enamorados ya no se celebra sólo con flores, cenas románticas y cartas manuscritas. Las aplicaciones de citas, las redes sociales y la lógica de la inmediatez transformaron la forma de vincularse. Sin embargo, detrás de las pantallas persiste una realidad que no se ve en las fotos perfectas: hay mucha gente sola que sufre su soledad, pero no se anima a hacer nada para cambiarla por miedo al rechazo, al fracaso o a sentirse vulnerable.
La psicóloga social especialista en vínculos y sexualidad, Gabriela Alesi, advierte que la manera en que nos relacionamos está atravesada por la cultura del consumo, la búsqueda de gratificación rápida y la idea de no perderse de nada. En ese contexto, el compromiso suele aparecer como un riesgo antes que como una elección deseada.
De acuerdo con la especialista, San Valentín funciona como un día que expone estas tensiones: la pareja se vuelve protagonista en redes, en salidas y reuniones especiales, y para muchas personas esa exposición amplifica tanto el deseo de estar acompañadas como la sensación de carencia cuando eso no sucede.
El miedo al compromiso y la ilusión de lo fácil
Alesi sostiene que, aunque se haya ampliado el abanico de formas de vincularse —desde parejas tradicionales hasta vínculos abiertos o poliamorosos—, persiste un punto en común: cuesta sostener el compromiso y la construcción con el otro. Ceder, tolerar, atravesar conflictos y sostener acuerdos aparece como algo pesado frente al mandato de buscar sólo lo placentero y descartar lo que incomoda.
Para la psicóloga, el ser humano sigue siendo profundamente social y necesita sentirse cuidado, contenido y querido. No obstante, convivimos con la fantasía de que el vínculo ideal debe ser fácil, inmediato y sin costo emocional. En esa tensión, muchas personas optan por no arriesgarse: prefieren la comodidad de lo conocido, incluso si eso implica permanecer en soledad o sostener relaciones poco satisfactorias.
Deseo, tecnología y encuentros cara a cara
Otra de las claves, según Alesi, es el modo en que se configura el deseo. “El deseo no aparece en lo igual, sino en lo distinto”, plantea, al remarcar que la atracción nace muchas veces del misterio, de la diferencia y de las ganas de explorar al otro. Cuando todo está hipercontrolado, filtrado y curado para la mirada ajena —como sucede en redes y apps—, se reduce ese margen de descubrimiento genuino.
- Las aplicaciones ofrecen un menú constante de opciones, pero pueden desalentar el compromiso sostenido.
- Estudios internacionales señalan que los vínculos iniciados en línea registran, en promedio, menor satisfacción, intimidad, pasión y compromiso.
- El temor al encuentro cara a cara crece en una cultura donde la imagen personal y la aprobación externa tienen un peso central.
En muchas parejas consolidadas, la tecnología no es el problema central, sino un síntoma más de vínculos que se fueron volviendo fraternos, donde el deseo sexual pierde protagonismo pero deberían mantenerse el afecto, los gestos de cuidado y el contacto físico.
Soledades que duelen y la dificultad de pedir ayuda
Alesi señala que, detrás de la aparente libertad de elección, hay personas que atraviesan una soledad muy dolorosa. No es sólo la ausencia de pareja, sino la sensación de no encontrar un otro con quien construir algo significativo. Esa vivencia se potencia en fechas como San Valentín, donde la idea de “estar en pareja” se vuelve un mandato social.
“Hay mucha gente sola que padece su soledad, pero no hace nada para remediarlo porque tiene miedo”, resume la especialista, aludiendo al temor a mostrarse vulnerable, a ser rechazado o a fracasar en nuevos intentos.
Frente a este panorama, los especialistas recomiendan revisar las propias expectativas, animarse a buscar espacios de encuentro más allá de las pantallas, y, cuando la angustia persiste, consultar con un profesional. En la era digital, el desafío parece ser encontrar vínculos menos descartables y más humanos, donde el compromiso no sea vivido como pérdida de libertad, sino como una forma de construir junto a otro un proyecto con sentido.

