Rusa vinculada a la “secta de Bariloche” denuncia maltratos

La joven rusa afirma que el parto en Bariloche fue “una pesadilla”

Hospital Ramón Carrillo de Bariloche

NewsITe

Elena Makarova, la mujer rusa cuya historia quedó ligada a la causa conocida como la “secta rusa de Bariloche”, rompió el silencio y acusó a personal médico y de enfermería del Hospital Ramón Carrillo de haberla sometido a malos tratos, decisiones médicas sin consentimiento y privación ilegítima de la libertad. Según su testimonio, el período inmediatamente posterior al nacimiento de su hijo se transformó en “un horror” que todavía revive en pesadillas.

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En declaraciones al programa “Tiempo de Policiales”, emitido por ATP Stream, Makarova relató que estuvo “en cautiverio” durante tres meses en Bariloche, sin poder salir al aire libre con su bebé recién nacido, sin acceso adecuado a agua ni a una alimentación apropiada. Aseguró que le retuvieron el teléfono y la documentación, la separaron de sus acompañantes y la trasladaron a un refugio donde, según dijo, quedó incomunicada.

La joven, que había llegado embarazada a la Argentina tras huir de una relación violenta en Rusia y buscar un entorno seguro para su hijo, manifestó que la tranquilidad que había encontrado en Bariloche se quebró tras el parto. Apuntó especialmente contra una enfermera, identificada como Jessie Cortez Alvarado, y contra el médico Emiliano Bringas, jefe de Neonatología del Hospital Ramón Carrillo, por prácticas que calificó de “invasivas y deshumanizadas”. También mencionó al médico Martín Caruso, a quien vinculó con decisiones administrativas y médicas que la perjudicaron.

Acusaciones de violencia obstétrica y decisiones sin consentimiento

Makarova denunció haber sufrido violencia obstétrica, así como decisiones médicas que se habrían tomado sin su autorización. Contó que, una semana antes del parto, una enfermera intentó inducirle el trabajo de parto pese a que ella había manifestado su deseo de tener un parto natural. Relató que inicialmente aceptó un examen de control, pero que se alarmó cuando advirtió que pretendían introducirle una pastilla. De acuerdo con su versión, fue entonces cuando sus acompañantes intervinieron, exigieron que se interrumpiera el procedimiento y decidieron retirarse del hospital.

La mujer describió también el hostigamiento que, según afirmó, sufría en torno a la figura del padre del niño. Sostuvo que Cortez Alvarado insistía reiteradamente en que el hombre debía estar presente en el parto, algo que la paciente rechazaba por tratarse de un vínculo atravesado por la violencia de género y por temor a su integridad y la de su hijo.

Otro episodio que mencionó fue el conflicto en torno al apellido del bebé. Contó que la traductora que la acompañaba, Svetlana Komkova, tuvo que intervenir cuando el apellido fue asentado en femenino, “Makarova”, en lugar de “Makarov”, tal como se usa en Rusia para los varones. La joven explicó que en su país esa diferencia no es un detalle menor y que podría implicar dificultades legales y fuertes episodios de discriminación para el niño a futuro.

“No soy víctima de una secta”: el descargo desde Rusia

Ya de regreso en su país, Makarova dio un testimonio extenso al que accedió la agencia Noticias Argentinas, en el que negó tajantemente ser víctima de una organización delictiva o de la presunta “secta” investigada en Bariloche. Aseguró no conocer a Konstantin Rudnev, señalado como supuesto líder del grupo, ni a los ciudadanos rusos detenidos en el expediente. “Nunca los he visto y no tengo la menor idea de cómo podría ser su víctima”, remarcó.

La joven insistió en que su decisión de viajar a la Argentina respondió a una situación personal compleja: escapar de una relación tóxica, resguardar a su hijo por nacer y encontrar un entorno donde pudiera transitar el embarazo con mayor tranquilidad. Según su relato, los meses previos al parto en Bariloche fueron positivos: caminaba, se alimentaba bien, hablaba con su familia y amigos y se sentía libre en sus movimientos.

“No entiendo por qué lo que tenía que haber sido el mejor día de mi vida se convirtió en un infierno, en sufrimiento, miedo e incomprensión de la situación”, expresó Elena Makarova.

La joven afirmó que el quiebre se produjo cuando, tras el nacimiento del bebé, irrumpieron efectivos policiales y funcionarios judiciales que comenzaron a interrogarla sin darle explicaciones claras. “Me llamaron víctima de las circunstancias, pero no me dijeron de quién ni por qué”, sostuvo. Además, cuestionó el rol de la fiscalía, a la que acusó de haber actuado “de manera injusta” con todos los involucrados, y reiteró que aún hoy intenta procesar lo ocurrido.

La situación judicial de la presunta “secta rusa”

Mientras la mujer intenta tomar distancia de cualquier vínculo con una organización delictiva, la Justicia federal resolvió extender por un año más la investigación y la prisión preventiva de Konstantin Rudnev, el ciudadano ruso acusado de liderar presuntamente una secta en Bariloche. La prórroga fue dispuesta a pedido de la fiscalía, que argumentó la complejidad del expediente y la necesidad de completar medidas de prueba pendientes.

  • La pesquisa está a cargo del fiscal general Oscar Fernando Arrigo, de la Fiscalía de Coordinación del Distrito General Roca.
  • También intervienen los fiscales Tomás Labal, Gustavo Rivora y Rodrigo Treviranus, bajo la supervisión del juez de Garantías Gustavo Zapata.
  • La detención preventiva de Rudnev se extendió al menos hasta el 3 de abril de 2027, según se resolvió en una audiencia realizada el 1 de abril.

De este modo, la causa por la llamada “secta rusa de Bariloche” seguirá abierta mientras la Justicia intenta determinar si existió una organización destinada a la captación y explotación de personas o si, como sostiene la defensa de los imputados y la propia Makarova, se trató de una cadena de errores institucionales y un caso de estigmatización sin sustento probatorio concluyente.

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