Una cuenta con miles de seguidores muestra robos y burlas a la sociedad. Los responsables, en su mayoría menores, publican imágenes de los hechos y hasta comentan noticias en medios locales.

Una cuenta de Instagram refleja una situación alarmante en San Nicolás. Jóvenes, muchos de ellos menores de edad, publican robos de motos y otros delitos cometidos por ellos mismos. Lo hacen sin ocultar sus rostros. Se exhiben con los objetos sustraídos y hasta celebran los hechos con frases provocadoras.
La cuenta, creada en febrero de este año, ya suma más de 25 mil seguidores. Publicó 222 veces y sus posteos reciben un promedio de mil “me gusta”. El contenido incluye imágenes de motos robadas, maniobras peligrosas como “wheelees”, armas y persecuciones. Los rostros de los protagonistas aparecen con claridad, sin temor a ser identificados.
Las publicaciones no solo muestran los delitos, sino que los romantizan. Las frases que acompañan las imágenes celebran las “hazañas” delictivas. Se burlan de las víctimas y del resto de la sociedad. La impunidad es parte del mensaje que buscan transmitir.
La participación de esta cuenta no se limita a su perfil. También interactúa con publicaciones de medios locales en redes sociales. En los mensajes, los administradores se jactan de lo que hicieron.
La situación genera una fuerte preocupación puesto que los responsables usan las redes no solo para exhibirse, sino también para provocar y desafiar a la Justicia. Muchos de estos jóvenes actúan en grupo y se fortalecen con la exposición. La búsqueda de reconocimiento parece pesar más que las consecuencias legales.
El fenómeno también plantea preguntas sobre la reacción del público. Numerosos usuarios celebran estas publicaciones con likes y comentarios. Esa interacción puede interpretarse como una forma de avalar los delitos. Algunos incluso lo ven como un entretenimiento, banalizando el daño causado.
El contenido circula libremente y está al alcance de cualquier usuario. Ya no se trata solo de hechos delictivos en la vía pública. Ahora los delitos también se consumen desde un celular. Están a la vista de todos, como un espectáculo diario.
La naturalización de estas conductas afecta a todos los vecinos de la ciudad. La burla hacia las víctimas y hacia la autoridad muestra un grave deterioro de los valores comunitarios. Las redes se convierten en escenario de impunidad y fama. La justicia, por ahora, parece no responder.

