El riesgo país vuelve a encender alarmas en la Argentina

NewsITe
El riesgo país de la Argentina retomó la senda alcista y se acercó nuevamente a la barrera de los 700 puntos básicos, el nivel más alto en un año, encendiendo alertas en los mercados financieros y entre los analistas económicos. El indicador, calculado por el banco de inversión JP Morgan, acumula ocho ruedas consecutivas de suba y más de un 10% de incremento solo en lo que va de octubre.
Este salto refleja una combinación de factores internacionales y locales que reavivan las dudas sobre la capacidad de pago de la deuda argentina y las condiciones de financiamiento para el país en los próximos años. Mientras el Gobierno insiste en que se trata principalmente de un fenómeno asociado a la “incertidumbre global”, el mercado mira con atención algunos focos de tensión internos que aún no encuentran respuesta clara.
Qué es el riesgo país y cómo se calcula
El riesgo país es un indicador que mide la probabilidad de que un Estado incumpla sus compromisos financieros, es decir, que caiga en default o reestructure su deuda en condiciones desfavorables para los acreedores. Se utiliza desde la década de 1990 como una referencia clave para los inversores que evalúan en qué países colocar su dinero.
Técnicamente, compara el rendimiento de los bonos soberanos de economías emergentes, como Argentina, con los bonos del Tesoro de Estados Unidos, considerados la inversión más segura del mundo. La diferencia entre ambas tasas se conoce como spread: cuanto mayor es ese diferencial, más desconfianza existe sobre la situación del país analizado.
Por ejemplo, un riesgo país de 700 puntos básicos implica que los bonos argentinos deben ofrecer, en promedio, siete puntos porcentuales más de rendimiento que un bono equivalente estadounidense para tentar a los inversores a asumir el riesgo adicional.
Por qué sube el riesgo país argentino
Desde la Casa Rosada sostienen que el repunte del indicador responde en buena medida a factores externos. El vocero presidencial, Adrián Ravier, remarcó que cuando asumió la actual gestión el riesgo país superaba los 2.500 puntos y que, pese al aumento reciente, se mantiene muy por debajo de aquel pico. “Es otra Argentina, una mucho mejor, con menos riesgos que la que teníamos en diciembre de 2023”, aseguró.
Entre los elementos globales que hoy presionan sobre los activos de países emergentes figuran las tasas de interés de Estados Unidos por encima del 5%, la persistente tensión geopolítica en Medio Oriente —que impacta en el precio del petróleo— y episodios de inestabilidad político-financiera en Europa que fomentan la aversión al riesgo.
Sin embargo, operadores y economistas también señalan motivos domésticos. Entre ellos, la capacidad de refinanciar los vencimientos de deuda en moneda extranjera a partir de 2027, la incertidumbre política de cara a las elecciones de ese año, la desaceleración de la actividad económica y la menor participación de inversores locales en los bonos Globales emitidos bajo legislación extranjera.
Impacto en el crédito, la inversión y la vida cotidiana
Un riesgo país elevado encarece el acceso al financiamiento externo o, directamente, lo vuelve inviable. El Estado debe pagar tasas mucho más altas para emitir deuda, lo que limita el margen de maniobra fiscal. Pero el efecto no se agota allí: también las empresas privadas afrontan mayores costos o encuentran cerradas las ventanillas de crédito internacional.
Este encarecimiento del dinero repercute en la llegada de inversiones productivas, ya que los proyectos deben rendir lo suficiente como para compensar el riesgo. Además, influye en el comercio exterior, debido a que muchas operaciones de exportación e importación se financian a crédito y se calculan tomando como referencia el riesgo país del emisor.
En la práctica, un índice alto se traduce en menos financiamiento para infraestructura, menor disponibilidad de crédito para el sector privado, presiones cambiarias y un contexto económico más frágil. Los analistas coinciden en que, aunque el riesgo país es un dato seguido sobre todo por los mercados, su evolución termina repercutiendo sobre el empleo, los ingresos y el costo de vida de la población.
El riesgo país funciona como un termómetro de la confianza de los mercados: cuando sube con fuerza, la señal de alerta alcanza tanto a gobiernos como a inversores.
De cara a los próximos meses, la dinámica del indicador estará atada a la capacidad del Gobierno para sostener la estabilidad macroeconómica, ordenar el frente fiscal y despejar las dudas en torno a los compromisos de deuda de mediano plazo. La respuesta que encuentren los inversores a esos interrogantes determinará si la reciente escalada es solo un episodio pasajero o el inicio de una fase más prolongada de desconfianza.

