Pruebas genéticas, poder y ciencia en la trama de Jeffrey Epstein

NewsITe
Documentos recientemente difundidos en Estados Unidos revelan una nueva arista en la ya controvertida figura de Jeffrey Epstein, el financista y pederasta condenado que murió en 2019 mientras esperaba juicio por cargos de tráfico sexual. Correos electrónicos internos, facturas y propuestas científicas muestran que Epstein se sometió a pruebas genéticas avanzadas y exploró proyectos vinculados con la medicina regenerativa y la longevidad, con la intención de aprovechar su propio material biológico.
De acuerdo con una investigación de la cadena CNN, citada por diversos medios internacionales, el empresario pagó por análisis genómicos y evaluó iniciativas ligadas a la creación y modificación de células madre, herramientas clave en la regeneración de tejidos y en ciertos mecanismos de curación e inmunidad. Su interés no sólo apuntaba a su salud, sino también a proyectos de modificación genética humana que la comunidad científica considera, en muchos casos, éticamente inaceptables.
Uno de los protagonistas de estos intercambios es el médico Joseph Thakuria, entonces jefe médico en un hospital asociado a la Facultad de Medicina de Harvard. Thakuria confirmó que Epstein participó del Proyecto Genoma Personal de Harvard, una base de datos voluntaria que busca estudiar la relación entre genes y enfermedades. En 2014, el profesional le envió una propuesta para financiar un proyecto privado de secuenciación genética de pacientes, que incluía estudios personalizados para el propio Epstein.
Secuenciación de ADN, CRISPR y tensiones con científicos
Los registros muestran que, como parte de ese plan, se emitió una factura de 2.000 dólares por la secuenciación parcial del ADN de Epstein a partir de muestras de saliva y de fibroblastos, células empleadas para investigar el envejecimiento celular. La propuesta incluía la posibilidad de modificar células madre a través de la entonces novedosa técnica de edición genética CRISPR, con el fin de introducir mutaciones supuestamente asociadas a una mayor longevidad. No obstante, CNN aclaró que no hay evidencia de que esos trabajos se hayan completado.
Los correos también dejan al descubierto roces entre Epstein y el médico por demoras en la entrega de resultados, con mensajes cruzados al menos hasta 2015. Aun así, el financista continuó intentando posicionarse en la frontera de las investigaciones genéticas, aprovechando sus recursos económicos y su red de contactos académicos.
Red de contactos, conferencias y obsesión por “mejorar” el ADN humano
Otra documentación, divulgada por el Departamento de Justicia estadounidense y analizada por distintos medios, apunta a la extensa red de relaciones que Epstein mantuvo con científicos, intelectuales y empresarios tecnológicos. Según esos reportes, durante años impulsó y financió encuentros académicos donde procuraba orientar las discusiones hacia la posibilidad de “mejorar” el ADN humano mediante ingeniería genética.
- Participación en conferencias científicas, incluso en una reunión celebrada en 2006 en la isla de St. Thomas, cercana a una de sus propiedades, donde asistieron figuras como Stephen Hawking y Kip Thorne.
- Conversaciones reiteradas sobre aplicaciones futuras de la genética humana, aun cuando el foco oficial de esas conferencias estuviera en otras disciplinas, como la física teórica.
- Búsqueda de proyectos para invertir en tecnologías emergentes relacionadas con la selección y modificación genética de embriones, los llamados “bebés de diseño”.
Diversos testigos señalaron que Epstein solía desviar los debates hacia la posibilidad de manipular rasgos humanos a través de la biotecnología. Incluso fantaseaba, según versiones recogidas por la prensa, con tener numerosos hijos mediante inseminaciones realizadas en su propiedad de Nuevo México, con el propósito de multiplicar su descendencia biológica.
Ideas eugenésicas y la polémica por los “bebés de diseño”
Los documentos filtrados también exponen el costado más inquietante de su pensamiento. Según The Telegraph, en un correo enviado en 2016 al científico cognitivo alemán Joscha Bach, entonces profesor del MIT, Epstein planteó el interés en la posibilidad de modificar genéticamente a personas negras para volverlas “más inteligentes”, una idea que remite directamente a teorías eugenésicas ampliamente rechazadas por la comunidad científica.
Ese mismo año, y siempre de acuerdo con las filtraciones, en un intercambio con el intelectual Noam Chomsky, Epstein sostuvo que la diferencia en el rendimiento de pruebas académicas entre poblaciones afroamericanas estaba “bien documentada” y especuló con que, en el futuro, podrían identificarse y alterar genes vinculados a esas brechas. Referentes en bioética remarcan que este tipo de planteos no sólo carece de sustento científico sólido, sino que además reproduce prejuicios raciales históricos.
Especialistas en genética y ética biomédica advierten que la idea de intervenir sobre el ADN para “mejorar” grupos poblacionales se enmarca en una peligrosa lógica de discriminación, jerarquización de vidas y control social.
Los correos y documentos conocidos en las últimas semanas vuelven a poner bajo la lupa la forma en que Epstein utilizó su fortuna para acercarse a investigadores de primer nivel, financiar proyectos sensibles en términos éticos y promover debates sobre genética humana que, lejos de la discusión académica legítima, se apoyaban en visiones eugenésicas. Su muerte en una cárcel de Nueva York en 2019 cerró la causa penal en su contra, pero el alcance de sus vínculos en el mundo científico y tecnológico continúa siendo objeto de escrutinio público.

