Reino Unido se distancia del acuerdo energético entre Trump y Putin

NewsITe
El Gobierno del Reino Unido marcó este domingo una clara distancia frente al entendimiento alcanzado entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su par ruso, Vladimir Putin, para la compra de millones de toneladas de diésel a Rusia. La operación, presentada por Washington como una vía para abaratar el combustible en plena tensión geopolítica, encendió alarmas en Londres y en Kiev.
El ministro de Defensa británico, Wes Streeting, sostuvo en una entrevista con la BBC que el Reino Unido “no apoya esa decisión” y ratificó que la prioridad de Downing Street sigue siendo endurecer el régimen de sanciones contra Moscú por la invasión a Ucrania. El funcionario recordó que el primer ministro británico viene insistiendo en la necesidad de mantener la presión económica sobre el Kremlin.
De acuerdo con el informe difundido por la cadena pública británica, el acuerdo impulsado por Trump apunta a contener la escalada de los precios de los combustibles en Estados Unidos. Las subas se aceleraron tras los ataques conjuntos de las fuerzas estadounidenses e israelíes contra objetivos en Irán, lo que volvió a sacudir a los mercados energéticos globales y elevó la preocupación por el abastecimiento.
Presiones por el costo de vida y críticas desde Ucrania
Streeting remarcó que la movida se da en el marco de las elecciones de medio término previstas en Estados Unidos para noviembre, en un contexto en el que los gobiernos de todo el mundo enfrentan presiones internas para aliviar el costo de vida. En ese marco, la reducción del precio de la nafta y el gasoil aparece como una prioridad política para la Casa Blanca.
Sin embargo, desde Kiev la lectura es diametralmente opuesta. El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, cuestionó con dureza la flexibilización de las sanciones sobre el comercio de diésel ruso, al advertir que permitir a Moscú vender productos petrolíferos en los mercados internacionales “equivale a financiar la guerra”. Para el mandatario ucraniano, cada dólar que ingresa a las arcas rusas fortalece el esfuerzo bélico en el frente oriental.
El viernes, Washington confirmó medidas para aliviar parcialmente las restricciones que pesaban sobre el diésel ruso, lo que abrió la puerta al acuerdo comercial con Moscú. Fuentes citadas por la agencia Xinhua recordaron que la administración estadounidense busca equilibrar la necesidad de castigar al Kremlin con el objetivo doméstico de contener la inflación y evitar un nuevo salto en los costos logísticos.
Rusia destaca la fuerte demanda global de combustibles
Desde Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró que Rusia no tendrá inconvenientes para colocar su diésel en el exterior debido a la fuerte demanda global de productos refinados. “La demanda es enorme. Una gran cantidad de petróleo y productos petrolíferos ha desaparecido del mercado, por lo tanto no hay problemas de demanda. Lo que hace falta es oferta”, explicó, citado por la agencia RIA Novosti.
- Peskov indicó que no son necesarias solicitudes formales de compra porque las exportaciones se gestionan a través de intermediarios comerciales que operan en distintos mercados.
- El vocero recordó que el presidente Putin habló telefónicamente con Donald Trump y anunció un acuerdo para suministrar diésel tanto a Estados Unidos como a otros destinos internacionales.
En paralelo, el Gobierno ruso levantó de manera parcial las restricciones a las exportaciones de diésel que regían desde principios de 2026, una medida que buscaba proteger el mercado interno pero que había generado tensiones con algunos socios comerciales. Con el relajamiento de ese cepo, Moscú apunta a aprovechar el contexto de altos precios y escasez relativa de combustibles.
“Permitir a Rusia vender productos petrolíferos equivale a financiar la guerra”, advirtió el presidente ucraniano Volodímir Zelenski al cuestionar la flexibilización de sanciones.
El rechazo británico al acuerdo entre Trump y Putin vuelve a exponer las diferencias dentro del bloque occidental sobre cómo combinar la presión económica contra Rusia con la necesidad de estabilizar el mercado energético. Mientras los consumidores padecen el impacto en el bolsillo, las potencias discuten hasta dónde llegar con las sanciones sin ahondar la crisis del costo de vida.

