El escaneo informático de la camioneta Volkswagen que chocó contra el Ford Fiesta que tripulaban los fallecidos Miguel Arroyo y Carmen Montes no logró acceder a la información que se buscaba. No debiera ser un punto definitivamente oscuro en la investigación del hecho. Existe un video registrado por una cámara de vigilancia, del que a priori se podría demostrar que la camioneta conducida por Jeremías Ramírez viajaba a más de 100 kilómetros por hora.

De la redacción de EL NORTE
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La velocidad a la que se desplazaba la camioneta Volkswagen Amarok antes de impactar sobre el Ford Fiesta tripulado por Miguel Arroyo y Carmen Montes, fallecidos en aquel accidente producido en la madrugada del 5 de febrero en avenida Savio y calle Terrasson, es uno de los elementos de interés en la instrucción de la causa que tiene como imputado por doble homicidio culposo a Jeremías Ramírez. Una pericia informática practicada sobre la camioneta arrojó un “no resultado”: no pudo determinar la velocidad. Un video que ya se hizo público muestra cómo el vehículo al mando de Ramírez recorre en apenas 5 segundos los últimos 140 metros antes del impacto. ¿Servirá?
En orden a probar la culpabilidad del imputado, la determinación de la velocidad a la que se desplazaba la Amarok es un punto de la investigación en que la parte acusatoria tiene cifrada una buena porción de sus expectativas. En ese sentido, la pericia sobre la computadora de la camioneta significó un revés para el fiscal y para los abogados patrocinantes de los familiares de Montes y Arroyo.
La pericia misma fracasó. No es que el resultado haya demostrado una tesis adversa a la que esperan probar los acusadores de Ramírez: no hubo resultado, no hubo conclusión alguna. Ni en uno ni en otro sentido.
El 13 de julio pasado se conoció que el escaneo informático de la camioneta Volkswagen que chocó contra el Ford Fiesta que trasladaba a Miguel Arroyo y Carmen Montes no logró acceder a la información que se buscaba. Explicaron los peritos en su informe preliminar que fue debido a que el propio impacto rompió circuitos electrónicos que contenían esos datos.
Incredulidad
En familiares y allegados a Miguel y Carmen, y también en la opinión pública, aquello despertó incredulidad. Una reacción que no hizo más que sumarse a la desconfianza que también había generado –un día antes y después de más cinco meses de ocurrido el trágico accidente– el resultado de otra demorada pericia: la toxicológica que indicó que no se detectó presencia de alcohol ni de otras sustancias tóxicas en el organismo de Ramírez en el momento del brutal impacto. Claro, la muestra de sangre no fue extraída de inmediato tras el accidente. Se hizo una vez que, luego de ausentarse del lugar del hecho, el ahora imputado de doble homicidio culposo se entregó a las autoridades, casi tres horas después.
Como sea, la pericia informática sobre la computadora de la Amarok, no es –no puede ser – el único modo de determinar un dato central como es la velocidad a la que viajaba en una avenida cuya máxima es de 60 kilómetros por hora.
Colegir de esa pericia informática la imposibilidad de determinar ese dato decisivo para el curso de la investigación, equivaldría a asumir que en cualquier accidente que involucrase un vehículo sin esa tecnología la Justicia debería resignarse a no conocer esa parte de la verdad de los hechos. Más aún: sería –falsamente– presuponer que en todas las instrucciones previas a la relativamente reciente aparición de esa tecnología informática a bordo de los vehículos, no podría haberse demostrado su velocidad de desplazamiento.
Elementos objetivos
Esta semana desde el entorno de Ramírez se llegó a decir que “a criterio” de la defensa del imputado “la camioneta venía circulando a 60 kilómetros por hora”. No es más que “el criterio” de la parte interesada en defender a Ramírez.
Fuera de ese criterio (y también del de la parte acusatoria) debiera haber elementos objetivos. Y los hay. Más allá de pericias científicas in situ centradas en la lectura e interpretación de signos tales como las marcas de frenado o los daños materiales en los cuatro vehículos involucrados (a la Amarok y el Fiesta se sumaron otros dos que recibieron impactos de menor intensidad), existen otros elementos. Alguno de ellos, bastante contundente.
Hablamos del registro captado por una cámara de vigilancia privada. Es el video que trascendió públicamente, captado por un dispositivo instalado en avenida Savio y Pringles: es decir, una esquina antes del punto en que se produjo el fatídico impacto.
En ese registro se ve cómo la camioneta conducida por Ramírez, a una velocidad notoriamente superior a la del resto de los vehículos captados por la cámara, atraviesa la esquina. El choque se produce segundos después, aunque el lugar exacto del impacto no resulta visible. Está dentro del plano, pero la escena queda por detrás de un árbol que la oculta. Indicadores del momento preciso del impacto resultan: un resplandor perceptible sobre la margen izquierda de la pantalla (el registro no incorpora elementos sonoros) y, también, la reacción de dos peatones que sobre la vereda de numeración par caminan en dirección opuesta a la Amarok y giran sobre sí mismos, alertados por la sorpresa del impacto.
Más de 100km/h
En apenas 5 segundos la camioneta ingresa al plano y termina impactando sobre los otros vehículos. La distancia recorrida en esos 5 segundos es de aproximadamente unos 140 metros, como máximo. De acuerdo con esos valores (que naturalmente serían harto más precisos una vez determinados por peritos científicos) la velocidad de desplazamiento de la camioneta estaría por encima de los 100 kilómetros por hora.
Como esa filmación habría al menos otras cuatro, según indicaron a EL NORTE los patrocinadores de las víctimas. ¿El problema? La defensa de Ramírez objetó ese material que podría resultar probatorio. El argumento: no se trataría de dispositivos homologados.
Evidentemente, existen reglas y tecnicismos que todo procedimiento de instrucción debe seguir y respetar. Está bien que así sea. No obstante, ¿no se podría agregar también una porción mínima, aunque también decisiva, acaso indispensable, de sentido común?

