Correa cuestionó el rol de Estados Unidos en la crisis venezolana

El expresidente de Ecuador, Rafael Correa, volvió a ubicarse en el centro de la escena política regional al referirse a la situación en Venezuela y al rol de Estados Unidos. En una entrevista radial concedida a Fernando Lavecchia en Splendid AM 990, el ex mandatario aseguró que el “secuestro” de Nicolás Maduro fue utilizado como herramienta de negociación para flexibilizar las sanciones económicas contra Caracas.
Desde Buenos Aires, Correa sostuvo que América Latina atraviesa un momento excepcionalmente complejo. “Desde hace décadas que en América Latina no vivíamos tiempos tan raros, tiempos tan malos”, afirmó, al describir un escenario internacional que, según su mirada, se aleja de cualquier proceso de transición gradual. Para el ex jefe de Estado, la región está inmersa en un reordenamiento global marcado por fuertes tensiones geopolíticas.
En ese contexto, Correa insistió en que la situación venezolana debe leerse dentro de una disputa más amplia entre Washington y los gobiernos que cuestionan su hegemonía. Planteó que el endurecimiento de las sanciones contra el gobierno de Maduro impactó de forma directa en la economía del país caribeño, especialmente en el sector energético, clave para las finanzas estatales.
Venezuela, bloqueo y tensiones dentro del chavismo
Consultado sobre la actitud de algunos dirigentes del chavismo tras la intervención política y económica de Estados Unidos en Venezuela, Correa se detuvo en la figura de Delcy Rodríguez. Dijo conocerla personalmente y sostuvo que hoy se mueve bajo una presión extrema: “Está con una pistola en la cabeza, siendo rehén de Estados Unidos”, graficó, aludiendo a la combinación de sanciones, condicionamientos diplomáticos y amenazas judiciales que pesan sobre altos funcionarios venezolanos.
El ex presidente ecuatoriano afirmó que el llamado “secuestro” de Maduro –en referencia a las medidas que restringen su margen de acción y buscan acorralar a su gobierno– fue utilizado, según su visión, como moneda de cambio para revisar el bloqueo económico. Correa señaló que, pese al enfrentamiento político, Venezuela siempre buscó mantener la venta de petróleo crudo hacia el mercado estadounidense, pero que las restricciones financieras y comerciales lo impidieron durante años.
Para Correa, el caso venezolano se ha convertido en un laboratorio de presión internacional sobre un gobierno que desafía la política exterior de Washington. En su análisis, el levantamiento parcial de ciertas trabas comerciales y la flexibilización de sanciones específicas responden más a necesidades energéticas y geopolíticas de Estados Unidos que a una apertura real al diálogo político.
Vínculo con Cristina Kirchner y mirada sobre la región
Durante la entrevista, Correa también reveló que se mantiene en contacto con la ex vicepresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner. “Sí, hablé con Cristina, pero a mí no me gusta molestar”, comentó, al destacar que suelen comunicarse a través de amigos en común y que el vínculo se mantiene vigente, aunque sin una frecuencia permanente.
El ex mandatario reiteró su preocupación por la deriva política en la región, marcada –según señaló– por la judicialización de dirigentes progresistas, la injerencia externa en asuntos internos y la utilización de sanciones económicas como mecanismo de presión. A su entender, América Latina atraviesa una etapa inédita, en la que convergen crisis institucionales, desigualdad social y tensiones geopolíticas crecientes.
Correa insistió en que la salida para los países latinoamericanos pasa por fortalecer la integración regional, defender la soberanía sobre los recursos estratégicos y promover instancias de diálogo político que eviten la escalada de conflictos. Sus declaraciones se inscriben en un largo historial de críticas a la política exterior de Estados Unidos y de apoyo a gobiernos alineados con el llamado eje bolivariano.
“Son momentos muy feos… en América Latina nunca se vivió algo así”, resumió Correa, al trazar un diagnóstico sombrío sobre el presente y el futuro inmediato de la región.
Las definiciones del ex presidente ecuatoriano reavivan el debate sobre el alcance real de las sanciones contra Venezuela, el rol de la Casa Blanca en la crisis y la capacidad de los gobiernos latinoamericanos para articular respuestas propias frente a un escenario internacional cada vez más volátil.

