Qué revela la “sonrisa” de los perros sobre su emoción

La expresión facial canina, mucho más que una simple sonrisa

Perro mostrando una aparente sonrisa con la boca abierta

NewsITe

La imagen de un perro con la boca abierta y los labios retraídos suele despertar en las personas una lectura automática: “está sonriendo, está feliz”. Sin embargo, especialistas en comportamiento y anatomía animal advierten que esa interpretación puede ser engañosa y, en algunos casos, hasta perjudicar el bienestar de las mascotas.

Un trabajo difundido recientemente en la revista Popular Science, y retomado por medios internacionales, explica que la llamada “sonrisa” del perro no siempre está asociada a un estado de alegría, sino que aparece en contextos emocionales muy distintos. La clave, señalan, está en entender cómo evolucionó la musculatura facial de los canes y en aprender a leer el conjunto de su lenguaje corporal.

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Anne Burrows, anatomista de la Universidad de Duquesne (Estados Unidos), comparó la expresión facial de perros y lobos y halló diferencias significativas. En los perros predominan los músculos de contracción rápida, capaces de generar movimientos breves y espontáneos, similares a los que los humanos asociamos con gestos genuinos. En los lobos, en cambio, hay más músculos de contracción lenta, adaptados para sostener el contorno firme de los labios al aullar antes que para cambiar de expresión con rapidez.

Esas variaciones son fruto de miles de años de convivencia con las personas. De acuerdo con Burrows, los humanos tendieron a elegir y mantener cerca a los perros cuyos rostros eran más expresivos y fáciles de “leer”. Con el tiempo, esa selección habría favorecido facciones capaces de producir gestos que hoy nos resultan familiares, aunque no siempre los interpretemos correctamente.

Cuando la “sonrisa” del perro es bienestar y cuándo es estrés

La investigadora Karen Jesch, del Centro de Cognición Canina del Boston College, recuerda que la sonrisa humana ya es de por sí un comportamiento complejo: puede ser de felicidad, cortesía, incomodidad o nerviosismo. Algo similar ocurre con los perros. Un animal puede retraer los labios y dejar los dientes a la vista en una expresión que parece amistosa, pero que en realidad responde a tensión, miedo o incomodidad.

Según los especialistas, una boca ligeramente abierta, labios relajados, ojos suaves y un cuerpo suelto suelen indicar que el perro está tranquilo. Sin embargo, la misma “sonrisa” en un ambiente ruidoso, con la cola metida entre las patas y las orejas pegadas a la cabeza, es un posible signo de estrés y de que el animal preferiría alejarse de esa situación.

  • En un contexto calmo, con postura distendida, la boca abierta puede asociarse a bienestar.
  • En un entorno caótico, con cuerpo rígido y cola baja, la misma expresión es una señal de incomodidad.

El rol del contexto y de las orejas en la comunicación canina

Las investigaciones coinciden en que las personas no somos tan precisas leyendo las expresiones de los perros como solemos creer. Parte del problema es el antropomorfismo: la tendencia a proyectar sentimientos humanos en los animales. Vemos a un perro corriendo, con la boca abierta, y asumimos que “sonríe” porque así nos sentiríamos nosotros en ese escenario, pero no siempre coincide con lo que el animal experimenta.

Por eso, los expertos recomiendan observar el conjunto del cuerpo y el contexto. Las orejas resultan un indicador clave: cuando están relajadas, acompañan un estado dócil y confiado; cuando se mantienen pegadas a la cabeza, suelen expresar miedo, tensión o sometimiento. La cola, la postura corporal y el lugar donde ocurre la interacción terminan de completar el mensaje.

“La boca abierta y relajada, ojos suaves, cuerpo suelto y cola que se menea en un entorno tranquilo probablemente significan que el perro la está pasando bien. La misma sonrisa en un momento de tensión, con el cuerpo rígido y las orejas pegadas a la cabeza, es algo distinto y merece atención”, resumen los especialistas.

En definitiva, más que buscar una “sonrisa” idéntica a la humana, los tutores deberían aprender a reconocer los signos propios de bienestar canino. Mirar el contexto, atender a las orejas, la cola y la postura general del perro permite tomar mejores decisiones, evitar situaciones de estrés y fortalecer el vínculo con la mascota desde una lectura más respetuosa y ajustada a su especie.

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