Qué dice el mayor estudio sobre ADN y personalidad

La genética vuelve al centro del debate sobre quiénes somos

Investigación científica sobre genética y personalidad

NewsITe

¿Hasta qué punto nuestra personalidad está escrita en el ADN y cuánto depende del ambiente en el que crecemos? Un nuevo trabajo internacional, considerado el estudio más grande realizado hasta ahora sobre genética y personalidad, aporta datos clave para intentar responder esa pregunta sin caer en simplificaciones.

La investigación, publicada en la prestigiosa revista Nature, analizó los llamados “Big Five”, o cinco grandes rasgos de personalidad: extroversión, amabilidad, responsabilidad, neuroticismo y apertura a la experiencia. Para eso, el equipo examinó información genética y respuestas a cuestionarios psicológicos de entre 611.000 y 1,14 millones de personas, principalmente de grandes biobancos internacionales.

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El trabajo identificó 1.260 variantes genéticas asociadas a uno o más de esos rasgos. Se trata de pequeñas diferencias en el ADN que, tomadas en conjunto, ayudan a describir parte de la arquitectura biológica de la personalidad, pero sin constituir una suerte de “código” que permita definir cómo es una persona individual.

Un mapa genético complejo, sin “genes de la personalidad”

Uno de los hallazgos más llamativos es que más de 800 de las 1.260 variantes detectadas no habían sido descriptas antes en relación con la personalidad. El salto fue especialmente notable en el rasgo de responsabilidad: las variantes asociadas pasaron de apenas 3 en estudios previos a 131 en este nuevo análisis. En el caso del neuroticismo, el número trepó de 224 a 706.

Sin embargo, los investigadores son claros: no se encontraron “genes de la personalidad” con capacidad de definir un rasgo por sí solos. Cada señal genética aporta un efecto muy pequeño y solo al considerar miles de ellas se empieza a ver un patrón estadístico. Por eso, los autores evitan presentar sus resultados como una fórmula que traduzca el ADN en una descripción precisa de una persona.

El estudio tampoco halló evidencias sólidas para reducir estos grandes rasgos a un único neurotransmisor o a un grupo acotado de células cerebrales. En otras palabras, no hay un puñado de genes o de circuitos neuronales que expliquen, por sí solos, por qué alguien es más extrovertido, más ansioso o más abierto a nuevas experiencias.

Vínculos con hábitos, salud y entorno

Los resultados mostraron asociaciones entre ciertos rasgos de personalidad, algunos hábitos y variables de salud. Por ejemplo, las personas con mayor responsabilidad tendieron a presentar un índice de masa corporal más bajo, menor consumo de tabaco y menos hospitalizaciones, lo que sugiere conductas más planificadas y un cuidado más sistemático de la salud.

  • La responsabilidad se vinculó con menor riesgo de tabaquismo, menor índice de masa corporal y menos internaciones.
  • La extroversión mostró asociación con mayor riesgo de infección por COVID-19, posiblemente por una mayor sociabilidad y exposición al contacto interpersonal.
  • La apertura a la experiencia apareció relacionada con hábitos nocturnos y preferencias por sabores adquiridos, como alimentos o bebidas que requieren un paladar entrenado.

Al analizar familias, incluidos gemelos, padres, madres y hermanos, el equipo encontró pocas pruebas de que el entorno familiar compartido sea el principal responsable de las asociaciones genéticas observadas. Tampoco surgieron señales fuertes de que las personas elijan sistemáticamente parejas con perfiles de personalidad muy similares a los propios.

¿Sirve el ADN para predecir la personalidad individual?

Los autores remarcan que el objetivo del análisis no fue anticipar cómo es una persona a partir de su genoma. En diálogo con Nature, Michel Nivard, epidemiólogo genético de la Universidad de Bristol y uno de los codirectores del trabajo, subrayó que, si se quiere conocer la personalidad de alguien, la vía más directa sigue siendo medirla mediante herramientas psicológicas estandarizadas.

“El estudio amplía el mapa de asociaciones genéticas, pero no ofrece una herramienta clínica ni predictiva de uso inmediato para describir la personalidad de individuos concretos”, sostienen los investigadores.

Lejos de cerrar el debate entre naturaleza y crianza, los resultados confirman que la personalidad surge de la combinación compleja entre biología y ambiente. El ADN explica una parte, pero no lo dice todo: las experiencias de vida, la cultura, la educación y el contexto social continúan siendo piezas centrales a la hora de entender quiénes somos.

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