Productores yerbateros al límite por la desregulación

Crisis en la yerba mate: productores al borde del quebranto

Productores yerbateros de Misiones en crisis económica

NewsITe

El complejo yerbatero atraviesa una de las crisis más severas de las últimas décadas. Productores de Misiones advierten que hoy trabajan “a pérdida” y que, en las condiciones actuales, continuar produciendo equivale directamente a encaminarse a la quiebra. La eliminación de la facultad del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) para fijar precios de referencia dejó al sector primario frente a un mercado desregulado en el que los valores no cubren los costos básicos.

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La desregulación se profundizó con el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 2370 del gobierno de Javier Milei, que redujo drásticamente el rol del INYM y consolidó un esquema de libre competencia. Mientras las autoridades nacionales destacan una baja en los precios al consumidor y un leve aumento de las exportaciones, en las chacras el panorama es opuesto: endeudamiento creciente, caída de la producción e incluso migración temporal de trabajadores a países vecinos para conseguir ingresos.

Julio Petterson, presidente de la asociación civil de productores yerbateros del norte ACPYN, describió un escenario “devastador” para los pequeños y medianos productores de Misiones. Según explicó, para cubrir los costos reales de producción, un kilo de hoja verde debería pagarse entre 630 y 640 pesos, considerando la inflación y los últimos aumentos del combustible. Sin embargo, en la práctica los secaderos están abonando entre 230 y 280 pesos por kilo.

Rentabilidad en caída y concentración del negocio

Informes del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) y datos elaborados por el propio INYM muestran que el precio que recibe el productor está muy por debajo del costo real. A la brecha de ingresos se suma otra dificultad: los pagos ya no se realizan al contado, sino con plazos de hasta 120 días y un incremento de cheques rechazados que complica la liquidez de las familias yerbateras.

Petterson recordó que históricamente los productores primarios nunca habían bajado del 9% de participación sobre el valor final del paquete en góndola. Incluso en los años noventa, durante la presidencia de Carlos Menem, el piso había sido del 8%. Hoy, en cambio, esa participación ronda apenas el 4%, un nivel que el dirigente definió como inédito y alarmante para la sustentabilidad del sector.

El productor fue tajante al señalar a los grandes molinos y acopiadores como los principales beneficiarios del actual esquema. Según su diagnóstico, un puñado de empresas concentra el negocio y se queda con la mayor parte de la renta generada a partir de un volumen estimado en mil millones de kilos de hoja canchada al año, mientras unas 50.000 familias que trabajan la tierra en Misiones reciben apenas migajas.

Exportaciones en alza, productores al margen

Pese a la mejora en las exportaciones y a un consumo interno que se mantiene firme, el beneficio de ese crecimiento no se traslada al precio que perciben los agricultores. La yerba mate, además, se consolidó como un producto de primera necesidad para amplios sectores populares: muchas familias la utilizan incluso como sustituto de comidas, ya que contribuye a calmar el apetito y mantenerse activo ante la falta de alimentos suficientes.

Mientras el debate sobre el rol del Estado y la regulación de la cadena yerbatera vuelve al centro de la escena, las organizaciones de productores reclaman una revisión urgente del marco normativo, mecanismos de fijación de precios que garanticen rentabilidad mínima y herramientas financieras que les permitan sostener la actividad. Advierten que, de no revertirse la tendencia, la Argentina podría enfrentar una contracción estructural del entramado productivo de la yerba mate, con impacto social directo en miles de familias del noreste argentino.

“En la peor época de la historia de la Argentina, aún así ganábamos más que hoy; en este momento estamos al 4 por ciento”, resumió Petterson, al graficar la magnitud de la crisis en las chacras misioneras.

El futuro del sector yerbatero dependerá, en buena medida, de las decisiones que se tomen en los próximos meses: si se consolida la desregulación actual o si se avanza hacia un esquema que reparta de forma más equitativa el valor que genera uno de los cultivos emblemáticos de la economía regional argentina.

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