Crece la tensión por los cuidacoches en la “Ciudad Feliz”

NewsITe
La presencia de cuidacoches informales, conocidos popularmente como “trapitos”, volvió a encender las alarmas en Mar del Plata en plena temporada de verano. Vecinos y turistas denuncian que, en distintas zonas de la ciudad, estas personas exigen dinero a los automovilistas para permitirles estacionar, aun cuando las cuadras se encuentran dentro del sistema oficial de estacionamiento medido que administra el Municipio de General Pueyrredón.
De acuerdo con testimonios recogidos en la ciudad balnearia, los puntos más críticos se localizan en el microcentro marplatense y en el corredor comercial de la calle Güemes, dos áreas de alta circulación vehicular y peatonal. Allí, la presencia de trapitos es casi permanente: se los observa indicando lugares para estacionar, “cuidando” vehículos y, en muchos casos, reclamando un pago obligatorio por el supuesto servicio prestado.
Desde el municipio aseguran que se realizan operativos de control para desarticular estas prácticas y que se labran actas a quienes se detecta cobrando de manera irregular. Sin embargo, los reclamos de la comunidad marplatense sostienen que esas acciones no alcanzan y que la situación se repite día tras día, generando malestar e incertidumbre entre quienes visitan o viven en la Ciudad Feliz.
Crecen las quejas y la sensación de inseguridad
Las críticas no sólo apuntan a la actividad de los trapitos, sino también a las autoridades políticas. Al intendente Agustín Neme le llegan quejas constantes por la falta de presencia efectiva del Estado en la vía pública. En paralelo, los cuestionamientos alcanzan a Guillermo Montenegro, quien asumió como senador provincial pero mantiene la titularidad del Ejecutivo municipal con licencia, situación que despierta polémica en el plano institucional.
En los últimos meses se registraron episodios de tensión e incluso enfrentamientos entre grupos de cuidacoches, algunos de ellos con agresiones físicas. Estos hechos alimentan la percepción de inseguridad de vecinos y visitantes, que afirman sentirse expuestos no sólo al cobro informal, sino también a posibles situaciones de violencia al momento de negarse a pagar o discutir el monto exigido.
- Denuncias de cobros compulsivos por estacionar en zonas con sistema medido.
- Enfrentamientos entre trapitos que derivan en agresiones físicas.
- Operativos municipales considerados insuficientes por la comunidad.
- Malestar con la conducción política local en pleno auge de la temporada.
“Cada vez que venimos a Mar del Plata es la misma historia: si no les pagás, te miran mal o te amenazan con que te puede pasar algo al auto”, relató una turista que veranea en la ciudad desde hace más de una década.
En redes sociales se viralizan fotos y videos que muestran a trapitos operando en distintos puntos de Mar del Plata, lo que intensifica el debate público sobre cómo regular —o directamente prohibir— esta actividad. Mientras tanto, la combinación de cobros informales, conflictos entre grupos y falta de respuestas claras por parte de las autoridades mantiene en vilo a una ciudad que busca preservar su perfil turístico sin resignar seguridad ni orden en las calles.

