El animal vivió hace unos 66 millones de años y poseía una sorprendente adaptación en su mandíbula.

Un equipo internacional de paleontólogos descubrió una nueva especie de dinosaurio que habría evolucionado para consumir frutas, algo hasta ahora desconocido, con este nivel de evidencia anatómica, entre estos animales prehistóricos. El hallazgo, realizado a partir de fósiles encontrados en EE.UU., fue publicado en la revista científica Nature Communications.
La especie, denominada Infernogallus jamesi y apodada ‘pollo del infierno’, habitó América del Norte hace aproximadamente 66 millones de años, durante el período Cretácico. Sus restos fueron encontrados en la formación geológica Hell Creek, una región donde también vivieron gigantes como el Tyrannosaurus rex y el Triceratops.
A diferencia de esos enormes animales, este dinosaurio tenía aproximadamente el tamaño de un pavo y pesaba unos 12 kilogramos. Pertenecía al grupo de los ovirraptorosaurios, dinosaurios terópodos cuyos antepasados fueron carnívoros. Sin embargo, su anatomía revela una adaptación muy particular para alimentarse de vegetales blandos.
Un pico muy particular para triturar frutas
Los investigadores analizaron mediante tomografías computarizadas un cráneo excepcionalmente conservado, y descubrieron que sus músculos mandibulares permitían movimientos hacia adelante y hacia atrás. Además, su pico presentaba crestas y surcos que habrían facilitado triturar la pulpa de las frutas y separarla de las semillas, de manera semejante a ciertos loros actuales.
“Sabíamos que los dinosaurios evolucionaron para desempeñar muchas funciones diferentes en los ecosistemas del Cretácico, pero nunca esperamos descubrir dinosaurios que comieran frutas”, afirmó Gregory Funston, profesor de la Universidad de Stony Brook (Nueva York, EE.UU.) y principal autor del estudio, en declaraciones difundidas por el Museo Real de Ontario y reproducidas por Phys.org.
Aunque todavía se desconoce qué frutas consumía, exactamente, los científicos consideran que su alimentación pudo incluir frutos carnosos similares a los que actualmente presentan especies como los duraznos y las aceitunas. El estudio también plantea que estos dinosaurios podrían haber contribuido a la dispersión de semillas, favoreciendo la expansión de las plantas con flores durante el Cretácico.
El descubrimiento abre una nueva perspectiva sobre la diversidad alimentaria de los dinosaurios y su relación con la evolución de las plantas. “Esto demuestra que todavía tenemos mucho que aprender sobre el mundo del T. rex y sobre los dinosaurios en general”, destacó David Evans, jefe conservador de historia natural del Museo Real de Ontario y uno de los autores de la investigación.

