La alergia al polen aumenta con la llegada de la primavera

NewsITe
Con el inicio de la primavera en la Argentina, millones de personas comienzan a experimentar estornudos, congestión nasal, picazón de ojos y molestias respiratorias. Detrás de estos cuadros suele encontrarse la polinosis, la clásica alergia estacional producida por el polen de árboles, pastos y malezas que circula en altas concentraciones en el aire durante varios meses del año.
Según explican especialistas del Hospital de Clínicas de la UBA, más del 20% de la población desarrolla algún grado de alergia al polen, aunque el subdiagnóstico es frecuente. Muchos pacientes conviven con síntomas de rinoconjuntivitis que se repiten año tras año sin una consulta específica, lo que aumenta el riesgo de complicaciones: cerca del 40% puede evolucionar hacia asma bronquial si no recibe el abordaje adecuado.
La alergia estacional se presenta en forma cíclica, coincidiendo con los períodos de polinización de distintas especies. Los árboles liberan polen principalmente en primavera, las gramíneas lo hacen a fines de la primavera y comienzos del verano, mientras que varias malezas polinizan hacia finales del verano y principio del otoño. Esta superposición genera una “temporada de polinosis” que se extiende desde septiembre hasta finales de mayo.
Cómo se manifiesta la polinosis y cuáles son sus señales de alerta
La polinosis se expresa sobre todo a nivel nasal y ocular, aunque también puede comprometer la vía aérea inferior. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:
- Rinitis alérgica: inflamación de la mucosa nasal con estornudos repetidos, secreción acuosa, sensación de nariz tapada y picazón en nariz, paladar o garganta.
- Conjuntivitis alérgica: enrojecimiento, picazón intensa, lagrimeo constante y, en ocasiones, hinchazón de los párpados.
- Compromiso bronquial: tos seca, silbidos en el pecho y dificultad para respirar, cuadro que puede estar asociado al asma alérgica.
Cuando estas molestias se vuelven persistentes, afectan el descanso nocturno, el rendimiento laboral y escolar y la vida social, con fuerte impacto en la calidad de vida. Un signo clave para sospechar polinosis es que las crisis aparezcan o se agraven siempre en las mismas épocas del año, en coincidencia con el aumento del polen ambiental.
Diagnóstico, tratamiento y el impacto del cambio climático
Los especialistas recomiendan consultar a un médico alergólogo ante la presencia recurrente de estos síntomas estacionales. El diagnóstico se confirma mediante pruebas cutáneas (prick test) y análisis de sangre que detectan IgE específica frente a distintos pólenes. Identificar con precisión qué plantas desencadenan la reacción es fundamental para conocer los meses de mayor riesgo y planificar medidas de protección.
El tratamiento se apoya en dos pilares: por un lado, reducir la exposición al polen —ventilar la casa en horarios de menor carga ambiental, evitar actividades al aire libre en días muy ventosos, utilizar anteojos y, en algunos casos, barbijos—; por otro, emplear medicación como antihistamínicos, sprays nasales y colirios, siempre bajo indicación médica.
En pacientes con síntomas intensos o mal controlados, la inmunoterapia específica con vacunas antialérgicas a base de extractos de polen se presenta como la única estrategia capaz de modificar la evolución natural de la enfermedad, ayudando al sistema inmunológico a desarrollar tolerancia.
El calentamiento global y la contaminación ambiental están adelantando y prolongando los períodos de polinización, lo que hace que las temporadas de alergia sean cada vez más largas e intensas.
Frente a este escenario, los especialistas insisten en no naturalizar los síntomas y buscar un diagnóstico temprano: con seguimiento profesional y tratamiento oportuno, la mayoría de las personas con polinosis puede llevar una vida plena y con mínimas molestias durante todo el año.

