El músico contó que había ido a la Villa 1-11-14 con un remisero que luego desapareció con parte de sus pertenencias.

El músico Cristian “Pity” Álvarez declaró en el juicio por el crimen de Cristian Díaz, ocurrido en 2018, y durante su exposición intentó reconstruir los episodios que atravesó en los días y horas previos al hecho, al tiempo que sostuvo: “Estaba acorralado por un tipo peligroso”.
Ante el Tribunal Criminal y Correccional N.º 29 de la Ciudad de Buenos Aires, relató situaciones de violencia e inseguridad en el barrio donde vivía, habló de su consumo de drogas y describió una serie de circunstancias que, según su versión, formaron parte del contexto anterior al homicidio, según indicaron fuentes vinculadas a la investigación.
Al comenzar su declaración, Álvarez explicó que necesitaba contar algunos episodios anteriores para poder situar su relato: “Para declarar el hecho me tengo que repetir, no mucho antes, pero un tiempito antes, cositas que tienen que ver con la declaración que voy a hacer”.
Luego contó que había tenido un conflicto con una vecina a quien identificó como una mujer que vendía drogas y que, según dijo, le había arrojado fuego debajo de la puerta de su casa después de que se negara a darle sustancias.
El músico también relató que, tras ese episodio, un hombre al que identificó como otro vecino lo atacó con una cuchilla y le provocó heridas en una vena y una arteria. Según contó, se negó inicialmente a recibir asistencia médica, hasta que se desmayó por la pérdida de sangre y fue trasladado a una clínica. “Me estaba desangrando, me desmayé por esto”, recordó durante la audiencia.
Al reconstruir otro episodio previo, Álvarez contó que había viajado a la Villa 1-11-14 con un remisero al que conocía y que, según su relato, se había ofrecido a llevarlo porque no todos los conductores aceptaban realizar ese tipo de viajes.
Dijo que llevaba una mochila con dinero y objetos de valor, y que le había preguntado al hombre si iba a esperarlo. Cuando regresó, el conductor ya no estaba y tampoco encontró sus pertenencias.
Según explicó, después se cruzó con personas del entorno del remisero y les pidió que le transmitieran un mensaje: “Díganle al Gringo que de esto vamos a hablar”.
En ese sentido, aclaró: “Nunca le dije que le iba a pegar un tiro, como se dice por ahí”. También sostuvo que lo que más le preocupaba era recuperar las llaves de su casa, que estaban dentro de la mochila, y explicó que parte del dinero que llevaba había desaparecido.
En su exposición, el músico describió las condiciones de seguridad del barrio de Villa Lugano donde vivía y señaló que conocía a varios de los jóvenes que se reunían en las inmediaciones de su edificio.
En este sentido, consignó que había instalado una luz con sensor de movimiento para advertir cuando alguien se acercaba a la entrada de su domicilio y que, con el tiempo, había dejado de mirar quién estaba del otro lado porque no quería saberlo.
También se refirió a los robos que, según dijo, sufrían los vecinos de la zona y de los problemas que generaban los grupos de jóvenes que se reunían en determinados sectores. Afirmó que solía pedirles que no llevaran personas de otros barrios ni provocaran situaciones que pudieran terminar perjudicándolo: “No muevan ahí, porque en el lugar no… después bajo yo, ponen un torrito y me van a llevar por culpa tuya”, recordó que les decía.
Al referirse a las horas previas al crimen, Álvarez contó que había estado en la casa de una mujer y que tenía previsto regresar a su domicilio porque una de sus perras había tenido cachorros.
Explicó que, cuando llegó, encontró a uno de los animales muerto y que intentó reanimarlo mediante respiración boca a boca. “Estuve mucho tiempo tratando de resucitar a ese cachorrito”, relató, y agregó que después dejó a los animales separados antes de volver a salir.
En ese tramo de su declaración, también habló de su consumo de pasta base, morfina y pastillas. Dijo que en ese momento fumaba pasta base y que el acostumbramiento a la sustancia hacía que no siempre sintiera sus efectos de la misma manera.
“Si me faltaba, parecía que estaba drogado”, explicó, al describir cómo había incorporado el consumo a su vida cotidiana.
Otro de los episodios que relató fue un asalto que, según sostuvo, sufrió cuando intentaba poner en marcha su automóvil. Contó que dos jóvenes de unos 16 o 17 años lo ayudaron a empujarlo y que, después de agradecerles con dinero, uno de ellos le reclamó más.
Cuando lo miró, recibió un culatazo en la cabeza con un arma de fuego: “Se le escapa un tiro cuando me pega el culatazo”, afirmó, y agregó que el agresor se llevó su mochila.
Álvarez dijo que terminó con la cara cubierta de sangre y que se dirigió a la casa de un amigo de la adolescencia, quien lo ayudó a limpiarse las heridas. Luego habló con su madre sobre lo ocurrido y recordó que ella le propuso realizar la denuncia policial, aunque él inicialmente no quería hacerlo.
Durante la audiencia, el músico también se refirió a la inseguridad que atravesaba en el barrio y a la sensación de estar constantemente alerta. En distintos momentos de su exposición pidió pausas, consultó si podía utilizar un vapeador y manifestó estar nervioso por declarar.

