Piden 20 años de cárcel por abusos a cuatro hermanas en Río Negro

Fiscalía rionegrina reclamó una pena ejemplar por abusos a menores

Sede judicial en Río Negro donde se investiga un caso de abuso sexual agravado

NewsITe

Un hombre oriundo de Río Negro enfrenta un pedido de 20 años de prisión acusado de abusar sexualmente de cuatro hermanas, a las que debía cuidar y proteger. Los hechos salieron a la luz a partir de un taller de Educación Sexual Integral (ESI) en una escuela primaria, donde una de las niñas se animó a contar los vejámenes sufridos por parte de quien consideraba su “tío”.

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La audiencia de cesura se llevó a cabo en Viedma, donde el Ministerio Público Fiscal de Río Negro, junto al Defensor de niñas, niños y adolescentes, solicitó una pena unificada de 20 años. El fundamento central del pedido fue la gravedad de los delitos y el rol que ocupaba el acusado dentro del entorno familiar, considerado casi como un miembro más del hogar de las víctimas.

En la instancia judicial se escucharon fragmentos de las cámaras Gesell realizadas a las cuatro hermanas, quienes relataron con detalle las situaciones de abuso padecidas desde que eran niñas. También declaró un psicólogo forense, que describió el profundo impacto emocional y físico que arrastran las jóvenes, entre ellos insomnio, miedo permanente, angustia, culpa, vergüenza, recaídas emocionales, temblores, transpiración, entumecimiento, anorexia e irritabilidad. El perito remarcó que no existen signos de simulación en ninguna de las víctimas.

Abusos reiterados y agravados por el rol de guardador

La responsabilidad penal del imputado ya había sido declarada en una sentencia del 17 de abril pasado. En esa oportunidad, el propio acusado reconoció haber cometido distintos hechos de abuso sexual: algunos simples y otros agravados por acceso carnal, todos ellos agravados por la condición de guardador, es decir, por tener a su cargo el cuidado de las niñas.

Según la acusación, los ataques se extendieron en dos períodos diferenciados. El primero, entre 2012 y 2018, tuvo como víctimas a dos hermanas que, al iniciarse la causa, ya eran mayores de edad. El segundo tramo se habría producido entre 2021 y 2024, en perjuicio de otras dos niñas, todas hijas de la misma madre. La Fiscalía expuso que el hombre se aprovechó de la situación de vulnerabilidad económica y afectiva del grupo familiar.

El rol clave de la escuela y de la ESI

El caso se conoció en el marco de un taller de ESI en una escuela primaria, ámbito en el que una de las niñas encontró las herramientas y la contención necesarias para poder verbalizar lo que estaba viviendo. A partir de esa primera revelación, se activaron los protocolos institucionales que permitieron detectar a las otras tres víctimas y avanzar en la investigación penal.

  • Las niñas describían al acusado como “el que ayudaba a mamá” y “el que siempre estuvo”.
  • La Fiscalía consideró probado que utilizó ese vínculo de confianza para someterlas.
  • El miedo a que su madre no les creyera fue una de las principales barreras para denunciar.

“Se valió de la confianza construida en años y de la situación de vulnerabilidad del grupo familiar para cometer los abusos”, remarcaron desde la acusación.

Mientras el tribunal define la pena definitiva que deberá cumplir el imputado, las jóvenes continúan en tratamiento psicológico y psiquiátrico por las secuelas del trauma. El caso vuelve a poner en primer plano la importancia de la Educación Sexual Integral en las escuelas como herramienta de prevención, detección temprana y acompañamiento en situaciones de violencia y abuso contra niñas, niños y adolescentes.

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