Buques rusos y asiáticos abastecen a Cuba bajo la mira de sanciones

NewsITe
Un petrolero de bandera rusa, incluido en listas de sanciones de Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido, transporta más de 700.000 barriles de crudo hacia Cuba en medio de la delicada crisis energética que atraviesa la isla. El movimiento se produce en un contexto de prolongados apagones y fuertes restricciones derivadas del bloqueo económico estadounidense.
De acuerdo con la firma de análisis marítimo Kpler, citada por el portal alemán DW y por la agencia Noticias Argentinas, el buque “Anatoly Kolodkin” cargó aproximadamente 730.000 barriles de petróleo en el puerto ruso de Primorsk el pasado 8 de marzo. Al miércoles a las 16:00 (GMT), el petrolero se encontraba en el Atlántico oriental, con rumbo a la terminal de Matanzas, en el norte de Cuba, donde se prevé que descargue alrededor del 23 de marzo.
El “Anatoly Kolodkin” navega bajo bandera rusa y pertenece a Sovcomflot, la naviera estatal de ese país, una de las compañías que han sido objeto de sanciones occidentales tras la escalada de tensiones geopolíticas. A pesar de estas restricciones, el flujo de combustibles hacia Cuba desde actores extrarregionales se mantiene como un canal clave para atenuar el desabastecimiento interno.
En paralelo, otro buque, el “Sea Horse”, con bandera de Hong Kong, también se dirige hacia el Caribe con un cargamento de combustibles. Según los registros de Kpler, este petrolero habría cargado cerca de 200.000 barriles de diésel a finales de enero, frente a las costas de Chipre, mediante una operación ship to ship desde otro barco.
Ruta errática y vigilancia internacional
Los datos de seguimiento muestran que el “Sea Horse” abandonó el Mediterráneo el 13 de febrero y avanzó hacia el oeste a través del Atlántico, reduciendo velocidad entre finales de febrero y principios de marzo y siguiendo una trayectoria considerada errática por los analistas. Hacia las 16:30 (GMT) del miércoles, el buque se encontraba en el noroeste del Caribe, aproximadamente a 1.500 kilómetros de la costa cubana.
Las autoridades de Estados Unidos han incrementado en los últimos años el monitoreo de este tipo de operaciones, especialmente tras el endurecimiento del bloqueo petrolero a Cuba durante la presidencia de Donald Trump. Washington apunta a cortar las fuentes de suministro de crudo y derivados a la isla, presionando tanto a armadores como a países que facilitan o permiten el tránsito de estos barcos.
Contexto de crisis energética y presión diplomática
La llegada de estos cargamentos se da en un escenario de severas dificultades para el sistema eléctrico cubano, con cortes frecuentes y una creciente demanda interna. Según la información disponible, Cuba no había registrado importaciones significativas de petróleo desde el 9 de enero, cuando México envió un cargamento tras la caída del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, tradicional aliado energético de La Habana.
Aquel envío mexicano habría desatado presiones de la administración Trump para que se pusiera fin a este tipo de operaciones, en línea con la política de asfixia económica hacia la isla. Desde entonces, Cuba ha intentado diversificar sus proveedores y mecanismos de abastecimiento, recurriendo a acuerdos discretos con países y empresas que buscan esquivar el impacto de las sanciones.
- El “Anatoly Kolodkin” está sancionado por Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido.
- Kpler estima que el buque descargará en Matanzas alrededor del 23 de marzo.
- El “Sea Horse” transporta unos 200.000 barriles de diésel hacia el Caribe.
- Cuba enfrenta apagones y limitaciones de suministro de combustible.
“El abastecimiento de crudo por vías alternativas se ha vuelto crucial para que Cuba intente sostener su matriz energética en medio de sanciones crecientes”, señalan analistas consultados por medios internacionales.
El recorrido de estos petroleros se ha convertido, así, en un termómetro de las tensiones geopolíticas que rodean a Cuba y en un factor determinante para el funcionamiento de su economía y su vida cotidiana. El desenlace de estas operaciones y la posible reacción de Washington serán claves para medir hasta dónde puede la isla sostener su abastecimiento energético en un escenario internacional cada vez más restrictivo.

