La anosmia, un síntoma subestimado que impacta la vida diaria

NewsITe
La pérdida total o parcial del olfato, conocida como anosmia o hiposmia, es mucho más que una molestia pasajera. Especialistas advierten que se trata de una condición con alto impacto en la calidad de vida, que afecta la alimentación, la seguridad en el hogar y la salud mental de quienes la padecen.
En el marco del Día Mundial de Concientización sobre la Anosmia, otorrinolaringólogos remarcan que este trastorno suele estar subdiagnosticado. Muchas personas conviven durante años con una merma progresiva del olfato y la naturalizan, la atribuyen a la edad o a un simple resfrío, sin sospechar que detrás puede haber enfermedades que requieren estudio y tratamiento.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor del 5% de la población mundial vive con pérdida total del olfato y entre el 15% y el 20% presenta algún grado de disfunción olfativa. Proyectado a la realidad argentina, se estima que más de 2 millones de personas podrían estar afectadas, aunque los expertos coinciden en que las cifras reales serían aún mayores por el importante subregistro de casos.
La anosmia no sólo impide disfrutar del aroma de los alimentos o de un perfume. El olfato aporta cerca del 80% de la percepción del sabor, por lo que su pérdida altera el apetito y puede comprometer el estado nutricional. Además, limita la detección de señales de alerta cotidianas, como el olor a gas, humo, alimentos en mal estado o productos químicos peligrosos, incrementando potencialmente el riesgo de accidentes domésticos.
Consecuencias emocionales y causas más frecuentes
La ausencia de olfato también impacta en el plano afectivo y emocional. Pacientes consultados por especialistas describen una sensación de desconexión con el entorno, al no percibir su propio olor corporal ni el de sus seres queridos, ni los aromas característicos de lugares y situaciones significativas. Este distanciamiento sensorial puede favorecer el aislamiento social y la aparición de cuadros de ansiedad y depresión.
Entre las causas más habituales de anosmia se encuentran las infecciones virales, como resfríos, gripe y COVID-19; los traumatismos de cráneo; la exposición a sustancias tóxicas; y enfermedades crónicas como la rinosinusitis crónica con pólipos nasales (poliposis nasal). También se la vincula con trastornos neurodegenerativos, como el Parkinson y el Alzheimer, además del envejecimiento, especialmente a partir de los 60 años, y de ciertos tumores. En algunos casos, la persona nace sin olfato, lo que se denomina anosmia congénita.
Una de las principales responsables es la poliposis nasal, una patología en la que se forman pólipos benignos que obstruyen las vías respiratorias superiores. Esa obstrucción limita el paso de los olores hasta la zona del olfato y se acompaña de congestión, secreción nasal y pérdida progresiva de la capacidad olfativa. Especialistas señalan que numerosos pacientes pasan años conviviendo con la nariz tapada y sin olfato sin llegar a consultar.
Diagnóstico temprano y estrategias de prevención
Los expertos insisten en la importancia de no minimizar la pérdida de olfato, sobre todo si se prolonga más de dos semanas. Ante este síntoma, la recomendación es pedir turno con un médico otorrinolaringólogo, quien realizará una evaluación clínica exhaustiva, que puede incluir un interrogatorio detallado, una endoscopía nasal y estudios por imágenes, como tomografía o resonancia, para identificar la causa subyacente y definir el tratamiento adecuado.
- Conservar una buena higiene nasal y tratar de forma adecuada rinitis y sinusitis.
- Evitar el consumo de tabaco y la exposición a sustancias tóxicas o irritantes.
- Vacunarse contra enfermedades respiratorias, como gripe y COVID-19, según el calendario vigente.
- Usar equipos de protección en ambientes con polvos, vapores químicos u otros contaminantes.
- No subestimar síntomas como congestión nasal persistente o cambios en el sabor de los alimentos.
“Una pérdida de olfato no debe tomarse a la ligera, sobre todo si persiste por más de dos semanas. Con diagnóstico a tiempo y el tratamiento correcto, muchos pacientes pueden recuperar parcial o totalmente su capacidad olfativa”, coinciden los especialistas.
La comunidad médica destaca que, aunque la pandemia de COVID-19 ayudó a visibilizar las alteraciones del olfato, aún queda un largo camino por recorrer en materia de concientización. Reconocer la anosmia como una discapacidad invisible, consultar tempranamente y seguir las indicaciones profesionales son pasos clave para reducir su impacto y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen.

