Paro de la CGT: trabajadores varados y viajes impagables

Trabajar en medio del paro: un día marcado por la incertidumbre

Paro general de la CGT y falta de transporte en Constitución

NewsITe

El paro general convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT) dejó este lunes una postal repetida en distintos puntos del Área Metropolitana de Buenos Aires: estaciones casi vacías, sin transporte público y trabajadores obligados a buscar alternativas mucho más caras para poder cumplir con sus obligaciones laborales.

En la estación Constitución, uno de los principales nodos de conexión de colectivos, trenes y subtes, el contraste con una jornada habitual fue evidente. Donde suele haber miles de personas circulando, hoy se imponía una imagen desoladora: andenes vacíos, accesos cerrados y pequeños grupos de usuarios esperando, sin demasiadas certezas, alguna forma de volver a sus casas o llegar a sus trabajos para evitar descuentos en sus salarios.

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La falta de servicios de transporte empujó a muchos a recurrir a autos de aplicación, cuyos valores se dispararon. Para un amplio número de trabajadores informales, empleados de comercio y gastronómicos, el costo de un viaje ronda lo mismo, o incluso más, que lo que ganan por día. La ecuación, directamente, deja de ser viable.

Testimonios: entre la necesidad y el costo de viajar

Entre quienes se acercaron a Constitución, un vecino relató que había ido hasta el Hospital de Niños Pedro de Elizalde para sacar un turno médico, pero se encontró con el centro prácticamente cerrado: solo funcionaba la guardia. “Vine hasta el Hospital Elizalde para sacar un turno, pero está cerrado, solo abrió la guardia y ahora me tengo que volver a casa, pero no sé cómo”, lamentó.

La situación se repitió en trabajadores que salían de turnos nocturnos. Un joven estudiante, que trabaja en un bar y vive en Monte Grande, explicó que el viaje de regreso se volvió prohibitivo: “Trabajé toda la noche en un bar, pero no sé cómo viajar porque un auto de aplicación me cuesta lo mismo que lo que me pagan por día”. Para muchos como él, la elección es entre perder el día trabajado o endeudarse para poder trasladarse.

También se multiplicaron los casos en los que los empleadores debieron intervenir para garantizar la presencia del personal. Dos trabajadores que debían ir hasta San Antonio de Areco contaron que su encargado los estaba esperando en Puente Saavedra para pagarles un auto de aplicación: si no cumplían con la jornada, calculaban una pérdida de casi 50 mil pesos, luego de dos feriados consecutivos.

Faltas justificadas, sueldos en juego y un sistema al límite

La tensión entre el derecho a huelga, el reclamo sindical y las necesidades concretas de quienes no pueden dejar de trabajar quedó expuesta en cada testimonio. Una empleada del Hospital Militar, usuaria habitual de la línea 60 de colectivos, admitió su preocupación por no llegar a horario, aunque confió en que su retraso sería comprendido por las autoridades: “Trabajo en el Hospital Militar, me tomo el colectivo de la línea 60, pero no creo llegar a tiempo, lo van a contemplar”, comentó.

  • Estaciones clave del AMBA casi vacías por la adhesión al paro.
  • Fuerte dependencia de autos de aplicación con tarifas difíciles de afrontar.
  • Empleadores que asumen parte de los costos para sostener la actividad.
  • Trabajadores que temen descuentos salariales o pérdida de ingresos diarios.

“Un auto de aplicación me cuesta lo mismo que lo que me pagan por día”, resumió un joven trabajador nocturno, graficando el impacto del paro sobre quienes están obligados a mantenerse en actividad.

Mientras el debate político y sindical se concentra en la magnitud del paro y sus efectos sobre el Gobierno nacional, la escena en la calle muestra otra cara del conflicto: la de miles de personas que, sin transporte y con ingresos golpeados por la inflación, deben elegir entre faltar al trabajo o pagar un viaje que, en muchos casos, se lleva la mayor parte de lo que ganan en una jornada.

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