La empresa encontró un aparato de grabación oculto en una sala donde se discutían proyectos y asuntos confidenciales. Una investigación interna permitió identificar a un ingeniero de 35 años, que fue despedido y detenido por el FBI.

OpenAI descubrió un dispositivo de grabación clandestina dentro de sus oficinas de San Francisco, Estados Unidos, e identificó a un empleado como presunto responsable de instalarlo. La empresa denunció el caso ante el FBI, que intervino en la investigación y detuvo al sospechoso.
El acusado es Abdulrahman Alfozan, un ingeniero de 35 años que trabajaba en OpenAI desde julio de 2025. Las autoridades lo arrestaron el 9 de octubre y este martes 13 compareció ante un tribunal federal estadounidense, según informó el Departamento de Justicia de Estados Unidos. La compañía confirmó además que lo despidió.
El dispositivo apareció el 30 de septiembre conectado a un puerto USB detrás de un televisor. Estaba envuelto en papel higiénico para ocultarlo y, de acuerdo con los investigadores, contenía información cifrada.
El aparato se encontraba en una sala que OpenAI utilizaba habitualmente para reuniones vinculadas con investigaciones tecnológicas, proyectos de nuevos productos, decisiones comerciales y otros asuntos estratégicos de la compañía.
OpenAI utilizó inteligencia artificial para investigar el dispositivo
OpenAI informó que utilizó sus propios modelos de inteligencia artificial para examinar el aparato, comprender su funcionamiento y rastrear su origen.
Según explicó la compañía en un comunicado publicado en X, ese trabajo permitió establecer que un empleado había instalado el dispositivo pocos días antes de que fuera descubierto.
La empresa describió el equipo como un dispositivo sofisticado que contaba con sistemas avanzados de cifrado, capacidades para monitorear audio y un mecanismo destinado a transferir datos y eludir controles de seguridad.
La investigación interna también incluyó el análisis de las cámaras de vigilancia de las oficinas. Las grabaciones mostraron que Alfozan había estado cerca de la sala de reuniones en diferentes oportunidades, pese a que no tenía autorización para ingresar ni participar de los encuentros que se desarrollaban en ese lugar.
Tras reunir esos elementos, OpenAI presentó el caso ante las autoridades federales estadounidenses. El FBI intervino en la investigación y detuvo al ingeniero.
OpenAI asegura que no encontró indicios de robo de información
La investigación también busca determinar si el dispositivo permitió obtener información confidencial vinculada con las investigaciones y desarrollos tecnológicos de OpenAI.
La compañía aseguró que, hasta el momento, no encontró indicios de que el empleado hubiera accedido de manera indebida o extraído los pesos de sus modelos de inteligencia artificial, código fuente o datos de clientes.
Los pesos de un modelo son los parámetros numéricos que se ajustan durante su entrenamiento y determinan la manera en que procesa información y genera respuestas. Por ese motivo, forman parte de los activos tecnológicos sensibles de una empresa dedicada al desarrollo de inteligencia artificial.
Sin embargo, la ausencia de indicios sobre la extracción de esos archivos no permite establecer si el aparato llegó a registrar conversaciones dentro de la sala ni si alguna grabación fue transmitida fuera de las oficinas.
OpenAI sostuvo que considera la protección de su tecnología, sus datos y su personal como una cuestión de seguridad de importancia nacional. También señaló que sus sistemas de protección contemplan amenazas internas, ataques de ciberdelincuentes y operaciones atribuidas a Estados.

