Ocho países bajan los impuestos a los combustibles y Argentina no

Ocho países alivian impuestos a los combustibles y Argentina insiste con la carga fiscal

Mientras al menos ocho países del mundo resolvieron reducir de forma temporaria los impuestos a los combustibles para amortiguar el impacto de la suba del petróleo, Argentina se mantiene como una excepción: no aplicó rebajas tributarias y, por el contrario, apenas optó por postergar incrementos ya previstos en el esquema impositivo vigente.

De acuerdo con datos relevados por la agencia Noticias Argentinas y por el sitio especializado Global Petrol Prices, cinco países europeos, dos latinoamericanos y uno asiático resolvieron recortar la carga fiscal sobre las naftas y el gasoil hasta junio, con el objetivo explícito de contener el precio en surtidor para los automovilistas. En contraste, el mercado local siguió otra estrategia: la petrolera YPF absorbió parte del salto del barril de Brent, trasladando solo un tercio del aumento y congelando precios por 45 días.

La disparada internacional se potenció con la guerra en Medio Oriente, que llevó la cotización del Brent por encima de los US$ 100. Ese shock externo se trasladó de manera muy heterogénea a los distintos mercados. Myanmar (+100%), Filipinas (+71,6%), Malasia (+52,4%) y Estados Unidos (+31,1%) figuran entre los países que más incrementaron el precio de los combustibles, según el mismo relevamiento. En América Latina, Perú encabeza los aumentos con un 35,6%, seguido por Guatemala, aunque con medidas fiscales atenuantes.

Argentina: postergación de subas, pero sin baja de impuestos

En el caso argentino, el Gobierno eligió una vía intermedia: no redujo impuestos, pero sí decidió demorar otra vez la aplicación de aumentos ya pautados. A través del Decreto 217/2026, publicado en el Boletín Oficial, el Poder Ejecutivo modificó el cronograma vigente y trasladó al 1° de mayo la entrada en vigencia de los incrementos pendientes del Impuesto a los Combustibles Líquidos y del Impuesto al Dióxido de Carbono.

Esta nueva prórroga se suma a otras postergaciones que se arrastran desde 2024 y 2025, dentro de una política que busca evitar un traslado pleno de la carga tributaria al precio final de las naftas y el gasoil. El decreto ajusta el esquema fijado por el Decreto 617/2025, que preveía una aplicación parcial y escalonada de los incrementos a partir de abril. Ahora, esa actualización vuelve a correrse en el tiempo.

Impacto en precios y recaudación

El sistema impositivo que rige para los combustibles establece que los montos fijos de estos tributos deben actualizarse en forma trimestral, de acuerdo con la evolución del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Sin embargo, en la práctica esas actualizaciones se fueron difiriendo una y otra vez, lo que generó un atraso importante en términos reales y abrió la discusión sobre quién absorbe el costo: el Estado, las empresas del sector o los consumidores.

La tensión queda a la vista cuando se observan los valores en los surtidores. Con el salto del Brent por la crisis en Medio Oriente, las naftas en la Argentina llegaron en algunos puntos del país a los $2.000 por litro, con un ajuste del 19% solo en el último mes. Si se mira la foto de los últimos doce meses, los combustibles acumulan subas de hasta 63,6%, casi el doble del aumento general de precios de la economía, estimado en torno del 33,1% para el mismo período.

Un informe de la consultora Focus Market pone números a la carga tributaria: el 46,6% del precio que paga el automovilista en la estación de servicio corresponde a impuestos. De ese total, el 41,5% se dirige a la Nación, el 3% a las provincias y el 2,1% a los municipios. Estos porcentajes explican en parte por qué la Casa Rosada se resiste a discutir una baja impositiva al estilo de otros países.

Los tributos a los combustibles representaron el 3,3% de la recaudación total de marzo y se ubicaron entre los de mayor crecimiento, con una suba interanual del 35,3%, un dato clave en el marco del ajuste fiscal.

En ese contexto, la decisión oficial parece apuntar a un delicado equilibrio: evitar una escalada brusca en los surtidores que golpee de lleno al bolsillo y a la inflación, sin resignar una fuente de ingresos que se volvió estratégica para sostener la meta de consolidación fiscal. El contraste con los países que eligieron bajar impuestos deja en evidencia la encrucijada local: la nafta cara no solo es consecuencia del precio del petróleo, sino también de un esquema tributario que el Gobierno, al menos por ahora, considera intocable.

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