El sanguinario historial del bandido más temido de Sindh

NewsITe
Nazar Ali, conocido en todo Pakistán como “Nazroo Narejo”, fue durante más de dos décadas sinónimo de miedo y violencia en la provincia de Sindh. Considerado uno de los bandidos más peligrosos de ese país, se le atribuye, junto a su banda, la responsabilidad por la muerte de más de 200 personas en el marco de asaltos, secuestros extorsivos, saqueos y ajustes de cuentas.
Nacido en 1966 en una familia con fuerte formación académica, Narejo tuvo en sus primeros años un recorrido muy distinto al que luego lo transformaría en criminal. Estudió sociología en la Universidad de Sindh, en Jamshoro, durante la década de 1970, y fue descripto como un estudiante aplicado e intelectual. Su padre, con maestría en sociología y título en derecho, fue su principal referente y formador.
Sin embargo, el enfrentamiento de su progenitor con el sistema feudal de la región, que derivó en su detención, se considera un punto de quiebre en la vida de Nazroo. A partir de allí, su oposición al régimen feudal se transformó en un recorrido delictivo cada vez más violento, hasta convertirse en jefe de una de las bandas armadas más temidas de Sindh y Baluchistán.
Recompensas millonarias y un poder casi intocable
Durante los años en que operó, el gobierno paquistaní llegó a ofrecer una recompensa de 20 millones de rupias (unos 200 mil dólares) por información que permitiera su captura. Las autoridades lo señalaban como un criminal protegido por sectores influyentes, lo que explicaría su capacidad para eludir operativos y mantener su estructura armada.
Fuentes de seguridad lo describían como un verdadero “sardar”, una suerte de comandante con aura nobiliaria dentro de la cultura local. Bandas de distintas zonas le llevaban personas secuestradas para que él mismo negociara los rescates con las familias y la Policía. Según los investigadores, cualquier delincuente que buscara refugio con él quedaba virtualmente fuera del alcance de las fuerzas del orden.
El enfrentamiento final y el cierre de una era de terror
El 11 de julio de 2015 marcó el final de su historia criminal. Ese día, “Nazroo” fue abatido en un intenso enfrentamiento con la Policía, en un operativo en el que también murieron su cuñado, Sarwar “Saroo Narejo”, y su hijo, Rab “Rakhio Narejo”. El choque armado tuvo lugar en la provincia de Sindh y dejó además un saldo trágico entre las fuerzas de seguridad: dos policías fallecidos —Mujeeb Chachar y Haji Ismi Chachar— y un tercero herido, identificado como Hidayatullah Abbasi.
Como reconocimiento al accionar de los efectivos, el gobierno provincial de Sindh otorgó una compensación de 10 millones de rupias (unos 100 mil dólares) y el superintendente de Policía de Sukkur, Tanveer Hussain Tunio, anunció una recompensa adicional de 2,5 millones de rupias (alrededor de 25 mil dólares) para cada una de las familias de los policías muertos en el operativo.
Otros crímenes atribuidos a la banda de Narejo
Tras su muerte, las autoridades pudieron reconstruir con mayor precisión la magnitud de su actividad criminal. Una de las acciones más recordadas ocurrió en agosto de 2013, cuando la banda lanzó cohetes contra la aldea de Mulla Ismail Khohro, en Khairpur. Ese ataque provocó la muerte de dos hombres y una niña, y consolidó la imagen de Nazroo como un líder dispuesto a utilizar armamento pesado contra poblaciones civiles.
- Más de 200 muertes atribuidas a su organización criminal.
- Participación en secuestros extorsivos, saqueos y robos en rutas.
- Presunto involucramiento en el asesinato de oficiales de policía en Larkana y Shikarpur.
- Uso de cohetes y armas de guerra contra poblados y fuerzas de seguridad.
“Cualquier bandido que buscara refugio con él estaba a salvo de las fuerzas del orden”, señalaron los investigadores tras el operativo que terminó con su vida.
Pese a su muerte, el caso de Nazroo Narejo sigue siendo un símbolo de los desafíos que enfrenta Pakistán en materia de criminalidad organizada, connivencia política y debilidad institucional. Su figura, que se mueve entre el mito y el expediente judicial, refleja cómo la combinación de conflictos feudales, desigualdad estructural y falta de presencia estatal puede dar lugar a la construcción de verdaderos señores del crimen en amplias regiones del país.

