“NAZA”: documental sobre Gaza desata tormenta política

Polémica en Israel por un documental premiado en Venecia

Directores del documental NAZA y protestas por Gaza

NewsITe

El documental israelí NAZA, centrado en los ataques contra civiles palestinos en la Franja de Gaza a partir de testimonios de miembros de la inteligencia militar, se convirtió en el eje de una intensa disputa política y cultural en Israel. La película, dirigida por Yuval Abraham y Rachel Szor, acaba de recibir el Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia 2026, pero todavía no se estrenó en su país de origen.

La producción reúne declaraciones anónimas de 24 oficiales y soldados de inteligencia que describen el funcionamiento de sistemas utilizados durante la ofensiva sobre Gaza, incluidos mecanismos que incorporan herramientas de inteligencia artificial. Según reconstrucciones de la prensa internacional, esos sistemas permiten estimar de antemano cuántos civiles podrían morir en cada ataque. El título NAZA alude justamente al acrónimo empleado por la inteligencia israelí para calcular la cantidad prevista de víctimas civiles.

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Tras el reconocimiento en Venecia, la polémica se trasladó rápidamente al terreno político. El primer ministro Benjamin Netanyahu cuestionó en público el filme y sostuvo que resulta inadmisible que acusaciones de antisemitismo y de violaciones a los derechos humanos contra el Estado israelí provengan de ciudadanos israelíes. En la misma línea, el ministro de Cultura, Miki Zohar, impulsó iniciativas para evaluar la posibilidad de revocar la ciudadanía de Abraham y Szor a raíz del contenido de la obra.

Defensa de la libertad de expresión y pedido de investigación

Las presiones oficiales generaron una fuerte reacción dentro del ámbito cultural. Más de un millar de cineastas israelíes firmaron una carta en defensa de la libertad de expresión y de creación. Entre los firmantes figuran nombres de peso como Ari Folman, director de Vals con Bashir, Shlomi Elkabetz y Ran Tal, quienes denunciaron una campaña de difamación e incitación contra los realizadores.

En un manifiesto difundido por medios internacionales, estos artistas reclamaron que el documental pueda proyectarse en Israel para que el público forme su propia opinión. Advirtieron, además, que las amenazas contra los directores envían una señal preocupante sobre el margen real para el disenso en el país en un contexto atravesado por la guerra en Gaza y las críticas de la comunidad internacional.

Al respaldo del sector audiovisual se sumaron 43 organizaciones israelíes de derechos humanos, entre ellas Peace Now, Adalah, B’Tselem, Médicos por los Derechos Humanos Israel y Rompiendo el Silencio. En un comunicado conjunto exigieron al Gobierno que cese cualquier persecución contra Abraham y Szor y que garantice la protección de las fuentes que participaron del documental bajo condición de anonimato, muchas de ellas integrantes o exintegrantes de las fuerzas de seguridad.

Las entidades también reclamaron una investigación independiente sobre el elevado número de víctimas palestinas en Gaza y la apertura de la Franja a la prensa extranjera, vedada a la mayoría de los periodistas internacionales desde octubre de 2023. De acuerdo con los datos del Ministerio de Sanidad gazatí citados por agencias de noticias, la ofensiva dejó más de 74.000 muertos y unos 8.000 desaparecidos.

Un nuevo capítulo en la carrera de los directores

La controversia en torno a NAZA se suma a la trayectoria previa de sus realizadores. Abraham y Szor integraron el equipo de No Other Land, documental que obtuvo el Oscar en 2025 y abordó el desplazamiento de comunidades palestinas en Cisjordania. Con su nueva obra vuelven a colocarse en el centro del debate sobre cómo se representa la guerra en pantalla y cuál es el alcance del cine documental a la hora de interpelar las decisiones del Estado.

El Premio Especial del Jurado en Venecia, otorgado el sábado 12 de septiembre de 2026, consolidó a NAZA como una de las producciones de mayor impacto político de la edición. Mientras tanto, en Israel continúa la discusión sobre si el filme debe proyectarse y bajo qué condiciones, en un clima marcado por pronunciamientos públicos, campañas en redes sociales y llamados de organizaciones internacionales para que se respete la libertad artística.

El caso NAZA reactualiza la tensión entre seguridad nacional, derecho a la información y libertad de expresión, y anticipa nuevos choques entre el gobierno israelí, la comunidad cultural y los organismos de derechos humanos.

Con el documental aún inédito en las salas israelíes, la disputa parece lejos de cerrarse. Lo que comenzó como un reconocimiento artístico en uno de los festivales de cine más prestigiosos del mundo derivó en un nuevo frente de conflicto en torno a la guerra en Gaza y al papel del cine a la hora de narrar sus consecuencias humanas.

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