Murió Ramiro Agulla, creador de hits de la publicidad

Murió Ramiro Agulla, un creativo que marcó época en la publicidad

El publicista argentino Ramiro Agulla durante una presentación

NewsITe

El publicista y creativo Ramiro Agulla falleció a los 66 años y deja como legado algunas de las campañas más influyentes de la publicidad argentina contemporánea. Desde el recordado “Dicen que soy aburrido” de la campaña presidencial de Fernando de la Rúa hasta la entrañable saga de “La llama que llama” y los spots de “El sabor del encuentro” para Quilmes, su trabajo atravesó generaciones y se instaló en el imaginario popular.

Nacido en Río Gallegos y criado en la Ciudad de Buenos Aires, Agulla se formó en la Escuela Superior de Publicidad de la Asociación Argentina de Agencias. Inició su carrera en la agencia Young & Rubicam, donde conoció a Carlos Baccetti. De esa sociedad creativa surgiría, en 1994, la emblemática agencia Agulla & Baccetti, que en pocos años se transformó en referencia obligada para la industria local y regional.

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La dupla creó en 1999 la campaña “La llama que llama” para promocionar el servicio de larga distancia de una compañía telefónica. Aquellas llamas antropomórficas, que aprovechaban las tarifas reducidas en horarios especiales, rompieron con el tono solemne de la publicidad de los ’90. Con humor absurdo, diálogos breves y continuidad de personajes, los spots se mantuvieron al aire durante años y muchas de sus frases pasaron al lenguaje cotidiano.

En paralelo, Agulla & Baccetti desarrolló campañas como “Gueropa”, pensada para posicionar una línea de autos fabricados en el país con estándares europeos. También firmaron para Quilmes una serie de comerciales asociados al fútbol, la amistad y los grandes eventos deportivos, entre ellos “El hijo pródigo” y “Sorpresa”, que consolidaron el lema “El sabor del encuentro” como parte de la identidad de la marca.

Del consumo masivo a la comunicación política

La creatividad de Agulla impactó en empresas de primer nivel como Coca-Cola, Quilmes, YPF y Banco Itaú. Sus campañas se caracterizaron por correrse del simple mensaje comercial y apostar a relatos que conectaran emocionalmente con el público, en sintonía con una época en la que la publicidad comenzaba a pensarse como relato cultural, más que como mera pieza persuasiva.

Ese enfoque también se trasladó a la política. Lejos de los discursos tradicionales, Agulla impulsó una mirada que privilegiaba la verosimilitud y la identificación afectiva por sobre la argumentación programática. Así nació uno de sus trabajos más citados: “Dicen que soy aburrido”, el eslogan que acompañó la campaña presidencial de Fernando de la Rúa en 1999. La pieza tomó una crítica recurrente al entonces candidato y la resignificó como una virtud asociada a la seriedad y la previsibilidad frente a los años de Carlos Menem.

Con el impacto de ese spot, Agulla se consolidó como referente de la consultoría electoral. Participó luego en campañas de dirigentes como Daniel Scioli, Francisco de Narváez, Sergio Massa, José Manuel de la Sota, Juan Schiaretti y Omar Perotti, y extendió su influencia a proyectos de comunicación política en Chile, México, Colombia y otros países de la región.

Reconocimientos y trayectoria internacional

El trabajo de Agulla y su socio fue reconocido en los principales festivales del mundo: Cannes Lions, Clio Awards, New York Festivals y el Festival Iberoamericano de la Publicidad (FIAP), entre otros. En 1999, la prestigiosa revista Advertising Age ubicó a Agulla & Baccetti entre las agencias más destacadas a nivel global por su nivel creativo, un hito para la publicidad argentina.

En 2000, la agencia fue vendida al grupo internacional Lowe, aunque ambos creativos continuaron vinculados a proyectos de comunicación, consultoría y desarrollo de marcas. Con los años, retomaron trabajos conjuntos orientados a estrategia, creatividad y construcción de identidad para empresas y actores políticos.

La vida personal de Agulla también estuvo atravesada por la historia reciente del país: era hijo del abogado Horacio Agulla, asesinado durante la última dictadura militar. Ese trasfondo marcó su mirada sobre la realidad y sobre el poder de los relatos públicos. Con su muerte, el mundo de la publicidad y la comunicación despide a uno de los creativos más influyentes de las últimas décadas, cuyas campañas seguirán siendo material de estudio y referencia para las nuevas generaciones.

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