El otro mundial: entre partido y partido pasan cosas…

La logística para una cobertura periodística como la que se desarrolla en Estados Unidos, Canadá y México, te pone enfrente desafíos todo el tiempo. A la espera de los vuelos internos de la segunda ronda, que en la mayoría de los casos son inevitables por las grandes distancias, decidimos cubrir el trayecto Dallas – Kansas – Dallas en auto. Puede fallar…

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Ezequiel Guisone
Desde Dallas, enviado especial

El mundial está cumpliendo una semana de disputa, Argentina pasó exitosamente su primera prueba y nuestra cobertura ya tuvo su primer e inolvidable “inconveniente – experiencia”.

En un certamen inédito por la cantidad de equipos participantes, los tres países sedes y las distancias enormes entre un escenario y otro, el tramo Dallas – Kansas (unos 800 km) parecía de lo más amigable para cubrir por vía terrestre. Y así fue que lanzamos a la ruta junto con los colegas Ezequiel Suárez (diario Compromiso de Dolores), Alejandro Magdaleno (Radio Dimensión de San Luis) y nuestro amigo chofer local Germán, quien vive en Dallas y se sumó al grupo para asistir al show de Leo Messi ante los argelinos.

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El viaje de ida fue impecable: buen clima, poco sol y una camioneta que respondió a la altura de lo que se esperaba. El regreso fue un poco más complicado. Mucho calor en la carretera y un problema mecánico que nos dejó a los cronistas varados sobre la intersección de la ruta 159 Sur y la calle 36, en la pequeña localidad de Tulsa, estado de Oklahoma.

La luz en el tablero electrónico marcaba un exceso de temperatura en el motor de la camioneta, por lo que consideramos que “dejarla descansar” un buen rato sería suficiente. Bueno, no lo fue. El siguiente plan fue encontrar un aliado “local”, y así fue que dimos con Lorenzo, un mexicano que se encontraba trabajando a la vera de la ruta cortando el pasto. Con la mejor predisposición, nos contactó con Ricardo, un mecánico, y éste hizo lo mismo con Elías, que tiene una empresa familiar de remolques y servicio mecánico de urgencia.

Dos horas después del desperfecto arribó a la desolada banquina Elías, conocido como “El Caimán”, un venezolano que se vino a vivir a estos lados con su familia hace ya más de una década. Su presencia nos trajo tranquilidad al instante y le metimos un festejo que lo descolocó (más tarde nos dijo que esa “locura” fue clave). Llevó la camioneta a su taller, y la revisión inicial nos devolvió la preocupación. El desperfecto era grave, por lo que la mejor opción terminó siendo llegar a Dallas (unos 500 km al sur) con la camioneta en la grúa. El Caimán se ofreció no solo a llevar el vehículo en su tráiler (con un tremendo descuento por el servicio), sino también nos brindó la casa que están remodelando con su familia para pasar la noche. Nos presentó a su primo Gabriel, que es mecánico; conocimos al mexicano Juan, que vive desde los 15 años en Oklahoma con toda su familia y trabaja en el rubro de la construcción, y también a Linette, que nos dio una mano grande cuando se enteró de la situación.

A las 5 de la mañana del jueves estaba prevista la partida. Esa noche compartimos una parrillada venezolana con distintos tipos de carne, verduras y muchas arepas. Nos contaron sobre las enormes oportunidades que le ofrece al laburante el país del norte, pero que más allá de eso, no dudarían en volver a su tierra natal si se dieran las condiciones. “No pasa un día sin que piense en volver a Venezuela” dijo Gabriel, que llegó a Estados Unidos con su mujer y sus tres hijos, luego de pasar momentos duros en su país.

Después de unas horas de sueño, el Caimán llegó para buscarnos y emprender el último tramo. Ya la relación encontró una cercanía tal que hasta saludamos por videollamada a sus pequeñas hijas, quienes reconocieron que su papá “estaba más loco que nosotros”. Y un día y medio después de lo previsto, arribamos a Dallas para ponernos el chip de la segunda presentación de la Selección el lunes próximo ante Austria. El Mundial como “experiencia completa” nos regaló un capítulo inolvidable, con la solidaridad como protagonista, nuevos amigos y un grupo de Whatsapp que ya está que arde: “La Caimaneta”.

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