La reciente tragedia en Villa Devoto -donde murieron cuatro adultos y una niña- vuelve a destacar la importancia de mantener la ventilación en todos los ambientes. Este año en Argentina, según el último Boletín Epidemiológico del Ministerio de Salud de la Nación, ya se han registrado 444 casos confirmados de personas afectadas por la intoxicación con este gas que se libera por la combustión incompleta en un ambiente con poco oxígeno.

En Villa Devoto, cuatro adultos y una niña perdieron la vida por inhalación de monóxido de carbono en una vivienda. Cada año, con la llegada del invierno, los hospitales reciben nuevos casos. No hay explosiones ni fugas ruidosas. Según los expertos, se trata de un gas tóxico, inodoro e incoloro, no irritante, que se produce por la combustión incompleta de materiales carbonados y cuyas consecuencias pueden ir desde síntomas leves hasta la muerte.
Este gas está presente tanto en calefones, estufas y termotanques defectuosos como en braseros, fogatas en interiores o incluso en gases industriales y gases de escape de vehículos.
Su peligro radica en que es imperceptible al sentido humano. Además, posee una afinidad por la hemoglobina 250 veces superior a la del oxígeno, lo que le permite desplazarlo en la sangre y provocar asfixia celular. El monóxido de carbono circula en silencio: no da señales, no deja rastro, pero se acumula en el aire y reemplaza al oxígeno en la sangre.
La mayor incidencia se da en épocas de invierno, principalmente al inicio de la temporada. En Argentina, las intoxicaciones por monóxido de carbono suelen aumentar con la llegada de los primeros fríos.
Este año en nuestro país, según el último Boletín Epidemiológico del Ministerio de Salud de la Nación, ya se han registrado 444 casos confirmados de personas afectadas por la intoxicación con monóxido de carbono: el gas que se libera por la combustión incompleta en un ambiente con poco oxígeno. Se trata de un 75% más que la media de los cinco años previos para el mismo período. Durante 2020 y 2021 se registraron menos casos por la disrupción causada por la pandemia del coronavirus.
Grupos de riesgo
La circulación constante del aire es clave en cualquier espacio donde se utilicen equipos que generan combustión, incluso cuando las temperaturas sean bajas, para reducir la concentración de gases nocivos en el ambiente.
Los síntomas por intoxicación pueden variar según la concentración y el tiempo de exposición. Los efectos incluyen cefalea, vómitos, dolores musculares, fatiga, convulsiones, hemorragias, insuficiencia renal, infarto, insuficiencia respiratoria, paro respiratorio y muerte. Además, existen cuadros de intoxicación crónica por exposición repetida, que se manifiestan como dolor de cabeza crónico, somnolencia diurna, trastornos del habla, del aprendizaje, paranoia y psicosis.
Los grupos de riesgo incluyen a niños, personas mayores, embarazadas y pacientes con afecciones cardíacas o pulmonares.
Prevención
Los especialistas coinciden en que la prevención es la mejor herramienta. Todas las intoxicaciones por monóxido de carbono son evitables si se cumplen medidas básicas de control y ventilación.
Existen errores comunes que cometen las personas en invierno y que pueden favorecer una intoxicación.
1. Encender artefactos sin revisión previa. Un artefacto de gas en mal estado puede tener fugas invisibles o generar combustión deficiente. No alcanza con ver que encienda.
2. Tapar rejillas de ventilación. Las rejillas permiten la renovación de oxígeno y la salida de gases tóxicos.
3. Ignorar el color de la llama. La llama debe ser completamente azul. Si es amarilla, naranja o roja, indica combustión incompleta y puede estar generando monóxido.
4. Usar el horno para calefaccionar.
Todo elemento que se usa para calefaccionar debe tener una salida al exterior para que sea más seguro ventilar periódicamente.
Las claves para evitar intoxicaciones por monóxido de carbono, según los expertos, son las siguientes: realizar una revisión anual de todos los artefactos, no tapar rejillas de ventilación, no usar el horno ni hornallas para calefaccionar, verificar que la llama sea azul e instalar detectores de monóxido.
Es importante dejar siempre 10 a 15 centímetros de ventana abierta, incluso con frío.
Cualquier indicio —por más insignificante que parezca— debe ser atendido sin demora: abrir puertas y ventanas, retirar a las personas del área expuesta, apagar artefactos y acudir a un centro médico, llamar a emergencias o especialistas.

