Monotributo: alertan que ningún aporte asegura una mínima

Aportes del monotributo en la mira: qué pasará con las jubilaciones

Un informe del IERAL de la Fundación Mediterránea volvió a encender las alarmas sobre la sostenibilidad previsional del régimen de monotributo en la Argentina. De acuerdo con el estudio, los aportes que realizan hoy los contribuyentes de todas las categorías no alcanzan para financiar una jubilación mínima ni una Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM), aun en un escenario de 40 años de pagos ininterrumpidos.

El trabajo toma como referencia los valores vigentes en agosto, cuando la jubilación mínima, incluyendo el bono de refuerzo, trepó a $489.776, mientras que la PUAM se ubicó en $405.821. Sobre esa base, los especialistas simularon qué ocurriría si los aportes previsionales del monotributo se acumularan en un fondo ajustado por inflación y luego se transformaran en una renta vitalicia. La conclusión fue contundente: ninguna categoría del régimen logra, con las condiciones actuales, generar los recursos suficientes para cubrir esos haberes.

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En la actualidad, el país cuenta con unos 4,8 millones de monotributistas. De ellos, 2,8 millones figuran como activos en el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y apenas 2,2 millones registran aportes efectivos. La mayoría se concentra en los escalones de menor facturación: un 55% se ubica en la Categoría A y, al sumar las categorías B y C, la participación trepa al 78%, lo que reduce de manera significativa la recaudación previsional del esquema.

Aportes bajos y brecha con los trabajadores en relación de dependencia

El informe subraya que la baja carga previsional del monotributo explica buena parte del problema. Mientras que un trabajador en relación de dependencia aporta el 11% de sus ingresos al sistema jubilatorio, el esfuerzo personal de un monotributista promedia apenas el 1,1% de su facturación. Si se toma el total de la cuota previsional (incluyendo los componentes patronal y personal), en las categorías A a G la incidencia va del 3,6% al 1% del ingreso, y aun en la categoría más alta, la K, llega sólo al 1,6%, frente al 6% que aporta un asalariado con ingresos similares.

Como resultado, el régimen de monotributo tiene un peso mínimo en los recursos del sistema: el aporte previsional total apenas representó alrededor del 0,16% del PBI en 2026, según las estimaciones de la Fundación Mediterránea. Esto revela una fuerte desconexión entre lo que el sistema recauda por esa vía y las prestaciones que debe pagar en la etapa pasiva.

¿Qué jubilación puede esperar un monotributista?

El IERAL calculó los haberes teóricos que percibirían los monotributistas bajo un esquema de capitalización individual, considerando la esperanza de vida al momento del retiro: 65 años para varones (con 15,9 años adicionales de sobrevida) y 60 años para mujeres (con 23,8 años más de expectativa).

En la Categoría A, un hombre que aportara durante 30 años sólo lograría acumular fondos equivalentes al 7% de una jubilación mínima, porcentaje que subiría al 9% si sostuviera los aportes durante 40 años. Para una mujer, el haber teórico rondaría el 4% de la mínima con 30 años de contribuciones y el 6% con 40 años, muy lejos de un ingreso que permita sostener el nivel de vida.

En el otro extremo, un monotributista varón de la Categoría K alcanzaría a financiar el 56% de la jubilación mínima con 30 años de aportes y el 75% con 40 años. Para una mujer en la misma categoría, los fondos acumulados cubrirían en torno al 38% de la mínima con 30 años y al 50% con 40 años. Es decir, aun quienes se encuentran en el escalón superior del régimen quedarían por debajo de un haber mínimo equivalente al actual.

Rendimientos financieros y aumento de aportes: qué debería cambiar

El estudio también plantea escenarios alternativos. Si se supusiera que los fondos previsionales del monotributo obtienen un rendimiento real del 2% anual por encima de la inflación, un varón de la categoría K con 40 años de aportes lograría superar la jubilación mínima actual: su haber podría trepar al 138% de esa referencia, o al 105% si optara por dejar pensión a un cónyuge. Una mujer en esa misma situación alcanzaría alrededor del 99% de la mínima, es decir, prácticamente la igualaría.

Para los contribuyentes de menores ingresos, sin embargo, la solución pasa por elevar en forma significativa la porción previsional de la cuota mensual. Según el IERAL, una monotributista mujer de la Categoría A necesitaría un incremento del 778% en su aporte previsional para reunir, en 40 años, el capital necesario para sostener una jubilación mínima: debería pasar de aportar $18.247 a $160.298 por mes. En el caso de un hombre con pensión, el aumento requerido rondaría el 725%, de $18.247 a $150.600.

Si se aplicara un ajuste de esa magnitud en todas las categorías, la recaudación previsional del monotributo subiría del 0,04% del PBI actual a un rango de entre 0,27% y 0,29%, dependiendo del diseño de la reforma. Sin embargo, este tipo de cambios abre interrogantes sobre la capacidad de pago de los pequeños contribuyentes y sobre el objetivo original del régimen simplificado.

Reforma previsional y envejecimiento poblacional

El diagnóstico se agrava en el contexto demográfico que enfrenta la Argentina. La franja de población de 0 a 14 años, que representaba el 31% en 1991, descendería al 17% hacia 2030 por efecto de la caída sostenida de la natalidad. Menos jóvenes implican, en el mediano plazo, menos aportantes para financiar a una creciente población de adultos mayores, lo que presiona aún más sobre la sustentabilidad del sistema.

Con ese telón de fondo, el IERAL propone avanzar en una reforma que revise el rol del monotributo dentro del esquema previsional. Una primera alternativa es recomponer gradualmente los valores de la cuota mensual, acercándolos a los que rigen para otras modalidades de trabajo, o bien limitar el régimen simplificado sólo a personas de ingresos bajos, evitando que funcione como un canal de subdeclaración para actividades de mayor envergadura.

Otra opción es avanzar hacia un sistema de “cuentas nocionales” administradas por el Estado. En este modelo, cada contribuyente mantiene una cuenta individual donde se registran todos sus aportes, a los que se les reconoce un rendimiento real preestablecido. Al momento de jubilarse, el haber se calcula en función del capital acumulado en esa cuenta ficticia, de modo que exista una relación directa entre lo aportado a lo largo de la vida laboral y el beneficio que se obtiene en la etapa pasiva.

El debate sobre el monotributo y su aporte a la seguridad social vuelve a ocupar un lugar central en la agenda económica, en un país donde casi cinco millones de trabajadores dependen de este régimen para acceder a la cobertura previsional.

En un escenario de estrechez fiscal y envejecimiento poblacional acelerado, los especialistas coinciden en que postergar estas discusiones sólo profundizará las brechas entre los recursos del sistema y las prestaciones que promete. El desafío será equilibrar la necesidad de fortalecer los aportes con la de sostener un esquema accesible para millones de pequeños contribuyentes.

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