El economista de EcoGo analiza inflación, dólar y actividad

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El economista y director de la consultora EcoGo, Sebastián Menescaldi, sostuvo que la economía argentina atraviesa una etapa de estancamiento, con un marcado contraste entre sectores dinámicos —como el agro, petróleo y gas, minería y servicios financieros— y un amplio conjunto de actividades que continúan paralizadas, entre ellas industria, comercio y construcción.
En diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, Menescaldi explicó que la inflación mostró una aceleración reciente hasta el 3,4% mensual producto de una combinación de factores: aumentos de tarifas y otros servicios regulados, subas fuertes en el precio internacional de la carne —que trepó más de 60% a nivel global—, impacto de la guerra sobre el petróleo y el pass-through del tipo de cambio, es decir, el traspaso de la devaluación a los precios.
Según sus proyecciones, a medida que se vayan diluyendo estos shocks y se complete el reacomodamiento de precios relativos, la inflación comenzaría a moderarse. Para abril, EcoGo prevé un índice cercano al 2,5%, con una tendencia a ubicarse nuevamente en torno al 2% mensual en la segunda parte del año, aunque con una desinflación lenta y sin llegar al 0% que prometió el Gobierno para agosto.
Fragilidad externa y necesidad de más reservas
Menescaldi remarcó que el principal flanco débil del esquema económico actual es el frente externo. A su juicio, la Argentina aún no logró recomponer un nivel de reservas internacionales que le permita enfrentar con solidez un eventual shock negativo ni recuperar acceso pleno al crédito en los mercados internacionales.
En este contexto, valoró el impacto favorable de la liquidación del complejo agroexportador y el aumento de los precios internacionales del petróleo, el oro y la plata, que apuntalarían un superávit comercial cercano a los US$ 22.000 millones este año. Sin embargo, consideró que el Gobierno debería aprovechar la coyuntura para comprar más dólares de los previstos, incluso a costa de una desinflación algo más lenta, con el objetivo de robustecer el balance del Banco Central.
El economista recordó que, aun con las recientes emisiones y licitaciones de deuda, gran parte de los recursos ya se destinó a cancelar compromisos previos, por lo que los depósitos en dólares del sector público siguen siendo moderados. Frente a los fuertes vencimientos de mitad de año, estimó que, aun con garantías de organismos multilaterales, podría quedar un faltante de alrededor de US$ 1.500 millones que impactaría en las reservas si no se consiguen más créditos.
Modelo con ganadores y perdedores
Respecto del nivel de actividad, Menescaldi describió un escenario de economía partida: mientras los sectores exportadores y vinculados a recursos naturales muestran buenos resultados, los rubros orientados al mercado interno atraviesan una fuerte pérdida de rentabilidad frente a un tipo de cambio real más bajo, mayor competencia de importaciones y costos en dólares en alza.
Para el especialista, existe una porción de la industria que es competitiva pero que, con el actual nivel cambiario, quedó sin margen de ganancias. Señaló que, en un contexto de exceso de oferta global —particularmente desde China— muchos países adoptan medidas para resguardar su producción, mientras la Argentina abrió más la economía sin una estrategia clara de defensa para los sectores con potencial.
En cuanto al crédito, indicó que la baja de tasas y la menor volatilidad cambiaria pueden ayudar a recomponer los préstamos de mayor plazo, aunque advirtió que hoy buena parte de la demanda de financiamiento se destina a refinanciar deudas existentes, tanto de empresas como de familias, antes que a impulsar nuevas inversiones o consumo.
“Lo que estás viendo ahora es un estancamiento de la economía. El Gobierno debería darle un poco más de aire y rentabilidad a los sectores que hoy no están traccionando la actividad”, afirmó Menescaldi.
De cara a los próximos años, el economista consideró que el esquema macroeconómico es más sólido que en 2023, pero advirtió que la sustentabilidad de largo plazo dependerá de la acumulación de reservas, del restablecimiento del crédito externo y de la resolución de la incertidumbre política de cara a las elecciones presidenciales, factores que hoy todavía condicionan el costo de financiamiento del país.

