Oscar González, más de 50 años llevándoles el plato a la mesa a los nicoleños

HISTORIAS

Con recorrido en distintos locales gastronómicos de la ciudad y un paso de unos 10 años por el sur del país, Oscar González revela el secreto que lo ha acompañado en estos 52 años ejerciendo el oficio de mozo: “Al cliente hay que ofrecerle lo que necesita, debe sentirse especial”, asegura

 Noticia escrita por Valentin Cúneo sobre Oscar González, el mozo
Foto del protagonista de la nota en el restaurante donde desempeña su labor por más de 20 años.

Valentín Cúneo
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A los 18 años tomó por primera vez una bandeja, y durante los últimos 52 casi no la ha soltado. A los 70 años, Oscar Enson González es reconocido por todos los que tienen la costumbre de comenzar la jornada con un café de bar y recibir una atención especial de parte de un mozo.

Nacido y criado en San Nicolás, sus primeros trabajos no fueron de mozo puesto que “no era tan sencillo en aquella época”, cuenta. “Empecé pelando papas. Más tarde me sumaron a la barra, y años después comencé a trabajar de mozo”.

González, portador de la bandeja que hoy acerca los pedidos a los clientes que acuden al restaurante “La Mira”, recuerda aquellos primeros años de oficio. “Estoy en gastronomía desde que terminé el Colegio Comercial, allá por el 70. Tuve unos cortos pasos en bares de Villa Constitución, pero ya en el 76 me vine a trabajar a San Nicolás, en un lugar que en ese momento se llamaba ‘El Quijote’. Allí estuve muchos años, hasta que me fui a ‘El Parador’. Trabajé en ese restaurante hasta el año 1990, aproximadamente”, relata.

Con 40 años transcurridos y con sobrada experiencia, conoció a una persona que le ofreció la oportunidad de trabajar en el sur del país. Nada despreciable la propuesta puesto que se trataba de restaurantes y hoteles de Bariloche y El Bolsón, entre otros. “Esa misma gente me llevó a trabajar, tiempo después, a una isla de El Tigre. Nos iba muy bien. Había mucho movimiento. Hasta que en el año 2000 nos tocó afrontar la crisis. Después llegó el ‘corralito’. Los dueños perdieron todo, y entonces volví a San Nicolás”, explica González.

Desde entonces trabaja para el local gastronómico ubicado en calle Mitre, casi esquina Sarmiento. Tuvo el honor de conocer a algunas personas famosas, mayormente políticos. No hace mucho tiempo conoció al ahora Presidente de la Nación, Javier Milei. “No podía creer la cantidad de personas que se concentraron para recibirlo”, comenta. También se ha sacado fotos con varios jugadores estrellas de River y Boca.

Jubilación

Oscar González se jubiló hace unos 5 años, pero decidió seguir trabajando. Para un hombre soltero, trabajar le permite mantener la cabeza ocupada además de tener un ingreso económico extra. “Hago horario cortado. No me gusta trabajar de corrido porque es muy desgastante a mi edad. Además, vengo por la propina. Es un número más grande que el sueldo. En San Nicolás los clientes son casi siempre los mismos, y ya nos conocemos. A veces no es tan grande el monto, pero jamás hice caras. Todo es bienvenido. Mi jubilación es de 135.000 pesos. ¿Cómo puedo vivir yo con esa plata? Es imposible”, dice.

González explica que el ejercicio mental que supone su trabajo es muy saludable. “Jamás utilizo una libreta para tomar pedidos. Siempre apelo a la memoria como ejercicio. Hace un tiempo jugábamos entre los mozos a ver quién recordaba más platos. Una vez tuve que memorizar el pedido de 19 personas en un evento particular, comida y bebida. Mientras no se cambien de lugar, lo puedo retener en la cabeza. Un día recordé 20 pedidos de helado, con diferentes sabores. Es mi forma de mantener activo el cerebro”.

Generaciones diferentes

“Antes los mozos nos preparábamos con tiempo porque es preciso estar informado para sacarle charla al comensal. Al estar todos los días con personas, terminás conociendo más o menos la ideología de cada uno. O de lo que le gusta hablar al cliente. Y entonces voy por ese lado. Busco una charla, nunca me pongo a discutir. La persona debe sentirse cómoda. Hay clientes que han venido desde chiquitos y que hoy siguen sentándose en el mismo lugar. Hay confianza, te cargan, es algo normal y lindo.”, asegura Oscar. “Me gustaría que las nuevas generaciones le den más participación a la gente, porque esa persona luego vuelve. Al cliente hay que ofrecerle lo que necesita, debe sentirse especial. Siento que eso hoy ocurre menos. Cuando los atendés bien, las personas te preguntan en qué zona estoy o en qué mesa atiendo para que tome yo el pedido”.

El lado malo

En San Nicolás se volvió habitual, en este último tiempo, situaciones en las que personas se sientan a consumir y luego se van sin pagar. González afirma que tiene miedo de que le suceda porque el que se perjudica es el mozo. “Estos ‘vivos’ creen que perjudican al lugar, pero en realidad no es así. Cada mozo es responsable de su zona y de su mesa. Si algo se cobró mal o si se fueron sin pagar, la responsabilidad es nuestra. Hasta ahora nunca me pasó, pero vivimos alertas porque –lamentablemente– se está volviendo algo común. Es cierto que muchas veces se llega a un acuerdo con el dueño, pero si te pasa tres veces en una semana, puede terminar siendo una pérdida grande de dinero”, afirma.

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