Homenaje a una figura clave del arte contemporáneo argentino

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La artista plástica Marta Minujín fue distinguida como Personalidad Emérita de la Cultura Nacional en una ceremonia realizada en Buenos Aires, donde reivindicó su histórica postura: para ella, el arte está “por encima de los políticos”, incluso en tiempos de fuerte confrontación pública.
El reconocimiento fue entregado por el secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, quien definió a Minujín como una de las creadoras “más originales e influyentes que dio Argentina” y subrayó su vocación por expandir los límites de los materiales y de las ideas. Ante una sala colmada y la presencia de figuras del ambiente cultural, como la actriz Nacha Guevara, la artista de 83 años recibió una ovación que coronó décadas de trabajo experimental.
Durante el acto se proyectó un video que repasó su extensa trayectoria, atravesada por intervenciones monumentales, happenings y performances que marcaron la historia del arte contemporáneo. En ese material, Minujín destacó que las “ideas”, la “intuición” y la “emoción” son los motores de su obra. “El arte no es para mirarlo, sino para vivirlo. La vanguardia es pensar que nada es imposible”, sostuvo, al recordar que desde los cinco años supo que sería artista.
Antes del homenaje, Minujín dialogó con la prensa y adelantó detalles de uno de sus proyectos más ambiciosos: una réplica de la Estatua de la Libertad acostada en posición horizontal, de unos 50 metros de largo, pensada para instalarse en Battery Park, en Nueva York, frente al monumento original. La propuesta, concebida originalmente en 1979, busca desmitificar el símbolo estadounidense y cruzarlo con un ícono de la cultura de consumo, a través de una cubierta de hamburguesas. Consultada sobre el material definitivo de la obra, respondió con misterio: “La van a tener que ver”.
“El arte está por encima de todo”
En una conversación con la Agencia Noticias Argentinas, Minujín reflexionó sobre cómo atraer al público en plena era tecnológica. Aseguró que la clave sigue siendo la obra misma y la experiencia directa: “Si hago comer o tomar a la gente, van instintivamente para compartir”, explicó, en línea con sus instalaciones participativas que invitan al público a ser protagonista.
La artista insistió en que el arte permite acercar al ciudadano común a mundos que tal vez nunca conocería de otra manera. Puso como ejemplo a quienes jamás viajaron a Europa, pero que, gracias a una obra, pueden descubrir la célebre torre inclinada de Pisa. Ese puente entre lo cotidiano y lo extraordinario, afirma, es una de las funciones esenciales del arte.
Al ser consultada sobre el vínculo entre la creación artística y el poder, Minujín reiteró su convicción de que “el arte está sobre la política”. Sostuvo que la práctica política, muchas veces, se ve atravesada por intereses de poder, corrupción y búsqueda de enriquecimiento personal, mientras que el arte genuino persigue otros fines. Sólo hizo una salvedad para lo que denomina “artistas comerciales”, centrados exclusivamente en la venta y el éxito.
Una vida dedicada a crear, más allá del mercado
- Minujín recordó que, antes de poder vivir de sus obras, trabajó en diversos oficios, incluso como moza en un restaurante en Washington.
- Señaló que obtuvo 17 becas a lo largo de su carrera, fruto de la perseverancia y la búsqueda constante de oportunidades.
- Considera que hoy existen “muchísimas becas y residencias” para artistas que recién empiezan, siempre que se tomen el trabajo de postular.
- Recomendó a los jóvenes creadores no producir sólo para vender, sino priorizar la necesidad interior de hacer arte.
“Hay que trabajar para que el arte sea una forma de vida, no una mercancía. Lo importante es seguir creando hasta el final, como Picasso, con el pincel en la mano”, reflexionó Minujín ante el público.
En el tramo final de la jornada, la artista repasó momentos claves de su biografía y recordó que “en la época de los ‘70 era peligroso ser artista” debido a la censura y a la represión de la última dictadura militar, que llegó a destruir numerosas obras. Ese contexto, subrayó, reforzó su convicción de que el arte es, también, una forma de resistencia y de memoria.
Entre recuerdos personales, definiciones estéticas y advertencias sobre el mercado, el homenaje a Marta Minujín dejó una certeza: su figura ya es parte central de la historia del arte argentino y sigue interpelando al presente con la misma irreverencia creativa que la llevó a convertirse en un ícono internacional.

