Marina Calabró recordó al “Chiche” más íntimo y obsesivo

NewsITe
Buenos Aires.– La muerte de Samuel “Chiche” Gelblung abrió un espacio de recuerdos y anécdotas en el mundo del periodismo argentino. Entre las voces que se sumaron estuvo la de Marina Calabró, quien compartió una historia tan entrañable como insólita sobre el histórico conductor, con quien trabajó en la televisión abierta.
En una charla con Mario Pergolini en el ciclo Otro día perdido (El Trece), Calabró rememoró su paso por el programa Las doce y Chiche, emitido por Canal 9. Lejos de la solemnidad, definió a aquel envío como “un fracaso” en términos de rating, pero subrayó que le dejó “un montón de enseñanzas” profesionales y humanas gracias al contacto diario con Gelblung.
La periodista lo describió como “un todoterreno”: antes de brillar como conductor, había sido editor de la revista Gente y productor, lo que se traducía en una mirada quirúrgica sobre los contenidos. “Era un cascarrabias con onda”, recordó, aludiendo a su carácter exigente pero a la vez carismático, siempre detrás de una idea clara: entender qué quería ver su público.
Calabró reveló que Gelblung insistía a sus equipos con una pregunta que para ella se volvió un mantra profesional: “¿Por qué la gente vería esto?”. Esa obsesión por la audiencia se traducía en exigencias concretas: productoras haciendo guardia desde las 8 de la mañana en el Congreso para conseguir la palabra de los diputados, aun cuando los legisladores no solían llegar tan temprano.
La mascota virtual que detuvo entrevistas presidenciales
En medio de esos recuerdos laborales apareció la anécdota más inesperada: la curiosa fascinación de Chiche por un tamagotchi, el popular juguete electrónico de los años 90 que simulaba una mascota virtual. “En la época que laburé con él, estaba obsesionado con un tamagotchi”, contó Marina entre risas.
El dispositivo requería atención constante: había que alimentarlo, bañarlo y “limpiarle las necesidades” cuando lo pedía. Según reconstruyó Calabró, Gelblung podía estar en plena conversación con el Presidente de la Nación y, si el aparato emitía una alarma, interrumpía todo para atender primero a su mascota digital.
- Cortaba reuniones, charlas y llamados importantes para ocuparse del juguete.
- Tomaba la rutina del tamagotchi con la misma seriedad con la que encaraba una producción periodística.
La anécdota alcanzó su punto máximo el día en que el tamagotchi “murió”, algo habitual cuando el usuario no respondía a tiempo a sus demandas. “Suspendió la reunión de producción, fue un escándalo. Estaba devastado”, recordó Marina, sorprendida por el impacto emocional que ese hecho tuvo en un profesional al que definió como “superracional y estricto”.
“El mejor productor periodístico con el que trabajé”, sintetizó Marina Calabró al despedir a Chiche Gelblung, combinando la anécdota del tamagotchi con el reconocimiento a su obsesión por la audiencia y su rigor en el trabajo.
Entre el humor y la nostalgia, el relato de Calabró muestra una faceta poco conocida de Chiche: la de un periodista implacable frente a la noticia, pero capaz de encariñarse al extremo con un pequeño juguete de bolsillo. Una postal íntima que ayuda a explicar por qué, más allá de sus polémicas, su figura dejó una marca indeleble en varias generaciones de profesionales de los medios.

