Mariano Cattaneo y la novela que reescribe el miedo

NewsITe
El escritor y director de cine Mariano Cattaneo presentó su novela “No olvides que estoy muerta”, un thriller psicológico que se propone mirar a la muerte y a los fantasmas desde un ángulo poco frecuente en el género. Lejos del terror clásico centrado en sustos y apariciones vengativas, el autor apuesta por un relato profundamente emocional, donde lo sobrenatural funciona como vehículo para explorar la culpa, el dolor y los vínculos humanos.
En diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, Cattaneo explicó que la historia nació de la necesidad de correrse de las estructuras tradicionales del terror. En lugar de concentrarse en los hechos previos a la muerte o en el castigo que busca el espectro, la novela se detiene en aquello que casi nunca se narra: qué podría sentir un fantasma atrapado en una especie de limbo afectivo. “Uno nunca sabe qué se siente ahí, en ese limbo perdido”, reflexiona el autor.
El libro tiene como protagonista a Fernando, un joven que, tras regresar de sus vacaciones, se encuentra en su casa con una presencia que lo desestabiliza por completo: Zoe, una chica que murió dos años atrás y que se transforma en recordatorio constante de un secreto inconfesable. Esa convivencia forzada con el fantasma va erosionando al personaje, que se percibe a sí mismo como una sombra, un “muerto en vida” atravesado por la culpa y el miedo a enfrentar su pasado.
Un terror anclado en las emociones y los vínculos
Cattaneo reconoce una fuerte influencia del cine asiático de terror, donde las apariciones suelen estar íntimamente ligadas a las emociones más profundas. En esa línea, “No olvides que estoy muerta” se apoya en el clima y en los vínculos para construir tensión, antes que en el impacto visual o en los golpes de efecto. El eje del relato está en cómo los personajes procesan el duelo, el secreto y la imposibilidad de soltar aquello que los persigue.
La novela presenta dos formas distintas de enfrentar un mismo conflicto, a partir de la relación entre Fernando y Javier, un viejo amigo con el que se reencuentra y que podría convertirse en la clave para librarse de Zoe. Sin embargo, ese intento de “trasladar” el fantasma no hace más que abrir una puerta al pasado y revelar que, a veces, lo que se niega a ser olvidado termina generando el deseo desesperado de olvido.
Lejos de las categorías simples, Cattaneo subraya que ninguno de sus protagonistas es completamente “bueno” o “malo”; por el contrario, se mueven en zonas grises donde las decisiones están atravesadas por la ambivalencia. Ese enfoque narrativo le permite al autor construir un recorrido emocional complejo, en el que el lector primero empatiza con un personaje y, a medida que se revelan nuevos datos, se ve obligado a revisar esa percepción inicial.
Proceso creativo y universo emocional compartido
Sobre su método de escritura, el autor asegura que no cree en el bloqueo creativo como instancia paralizante. Prefiere trabajar a partir de un boceto general de la historia, que luego revisa con distancia. Ese proceso de relectura y corrección, que puede extenderse durante meses, le permite encontrar nuevas capas en la trama y en la psicología de sus criaturas literarias. Desde que entrega el original hasta que el libro llega finalmente a las librerías, puede transcurrir cerca de un año de trabajo editorial.
Aunque “No olvides que estoy muerta” puede leerse de forma independiente, Cattaneo reconoce que comparte un universo emocional con sus obras anteriores, un territorio donde el terror y el thriller funcionan como excusa para explorar sentimientos intensos: culpa, obsesión, deseo, pérdida. “Podés explorar un montón de sentimientos más allá de lo que es el miedo”, sostiene el escritor, convencido de que el género permite hablar de lo humano desde los márgenes de lo sobrenatural.
“El fantasma siempre está muy relacionado con las emociones”, resume Cattaneo, al definir una novela en la que el verdadero horror no es la presencia espectral, sino aquello que los personajes no se animan a enfrentar.
De este modo, la propuesta se inscribe en una línea de terror contemporáneo que prioriza la atmósfera y el impacto emocional sobre el golpe efectista, invitando a los lectores a preguntarse cuánto del pasado están dispuestos a llevar a cuestas antes de convertirse, también ellos, en sombras de sí mismos.

