Un legado que atraviesa generaciones

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Quince años después de su muerte, el nombre de María Elena Walsh sigue siendo sinónimo de infancia, poesía y resistencia cultural en la Argentina. Sus canciones siguen sonando en jardines de infantes, escuelas y hogares, pero también en la memoria emotiva de los adultos que crecieron escuchándola. Fue mucho más que una autora para chicos: fue poeta, narradora, compositora, cantante, militante feminista temprana y una de las voces más lúcidas frente a la censura y las dictaduras.
Nacida el 10 de febrero de 1930 en Villa Sarmiento, partido de Morón, Walsh atravesó una Argentina marcada por golpes militares, prohibiciones y miedos. Aprendió a leer a los cuatro años y muy pronto encontró en las palabras un refugio y un arma. Publicó sus primeros poemas a los quince en El Hogar y La Nación, y en 1947 editó su primer libro, Otoño imperdonable, que la ubicó de entrada entre las voces jóvenes más prometedoras.
Su carrera artística tomó un rumbo decisivo cuando, junto a la tucumana Leda Valladares, formó un dúo que recopiló folklore argentino y lo llevó a escenarios de París, donde grabaron discos y actuaron en cabarets como el célebre Crazy Horse. De regreso en la Argentina, Walsh se volcó de lleno a la canción infantil y revolucionó un género casi inexistente hasta entonces. De su pluma nacieron personajes entrañables como Manuelita, el Mono Liso y todo el Reino del Revés, que dieron origen a libros, discos y espectáculos que marcaron época.
En los años 60, propuestas como Canciones para mirar y Doña Disparate y Bambuco rompieron el molde del “entretenimiento para chicos”. Sus obras combinaban humor, juego verbal, crítica social y una mirada profundamente poética sobre la realidad. Libros como El reino del revés, Zoo loco, Dailan Kifki, Cuentopos de Gulubú y El país del no me acuerdo se convirtieron en clásicos que aún hoy se reeditan y se leen en las aulas de todo el país.
La escritora que le habló de frente al poder
Lejos de limitarse al universo infantil, Walsh construyó una obra para adultos donde la ironía, la melancolía y la denuncia política convivieron en equilibrio delicado. Canciones como Como la cigarra, Los ejecutivos, Serenata para la tierra de uno o la feroz Canción de cuna para un gobernante le pusieron palabras a la desilusión, al exilio interno y al costo humano de las dictaduras.
En agosto de 1979, en plena dictadura, publicó en el suplemento cultural de Clarín el célebre artículo “Desventuras en el País Jardín de Infantes”, una pieza demoledora contra la censura y el clima asfixiante del régimen. Ese gesto le valió nuevas prohibiciones: sus canciones y textos fueron vetados por los organismos de control, en un intento inútil por silenciar una voz que ya pertenecía a la gente.
- Fue pionera en denunciar, desde la cultura, el autoritarismo y la hipocresía social.
- Defendió los derechos de las mujeres cuando el feminismo casi no figuraba en la agenda pública.
- Dio a las infancias un lugar central, tratándolas con respeto e inteligencia.
“Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí, resucitando”, escribió en Como la cigarra, una estrofa que terminó convertida en emblema de la resistencia democrática.
Con la vuelta de la democracia, participó del ciclo televisivo La cigarra, junto a Susana Rinaldi y María Herminia Avellaneda, donde mezcló humor, memoria y una temprana perspectiva feminista. En sus últimos años recibió reconocimientos oficiales, pero también padeció problemas de salud que la mantuvieron alejada de la vida pública. Murió el 10 de enero de 2011, a los 80 años, dejando una obra inabarcable.
Hoy, en tiempos de pantallas y redes sociales, su legado sigue interpelando a nuevas generaciones. Sus versos recuerdan que se puede hablar de política desde una canción para chicos, que el humor es una forma de valentía y que la ternura también puede ser un acto de rebeldía. Mientras haya un aula, una biblioteca o una plaza donde alguien cante “en el país del no me acuerdo”, María Elena Walsh seguirá, como la cigarra, resucitando en la memoria colectiva.

