“Mafalda inmersiva”: la muestra que revive a Quino en el Recoleta

Mafalda, del papel a una experiencia inmersiva en Buenos Aires

Instalación de Mafalda inmersiva en el Centro Cultural Recoleta

NewsITe

El universo de Mafalda y de su creador, Joaquín Salvador Lavado, Quino, cobró nueva vida en el Centro Cultural Recoleta con la apertura de “Mafalda inmersiva”, una propuesta que invita a caminar literalmente dentro de las historietas que marcaron a generaciones de argentinos. La muestra, que se estrenó el 30 de septiembre, se articuló en torno a dos fechas claves: el 29 de septiembre de 1964, cuando se publicó por primera vez la tira, y el 30 de septiembre de 2020, día del fallecimiento del dibujante mendocino.

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Bajo la dirección y producción de Damián Kirzner, el proyecto demandó casi tres años de trabajo y cuenta con licencia exclusiva de los herederos de Quino. La propuesta busca rendir homenaje al historietista y, al mismo tiempo, acercar su obra a nuevas generaciones que no crecieron leyéndola en los diarios. La producción cruza esfuerzos de Argentina, España e Inglaterra, reflejando el carácter universal de la niña que cuestionó el mundo desde un departamento de barrio.

La narrativa y el diseño de la experiencia de usuario estuvieron a cargo de la española Belén Santa-Olalla, especialista en proyectos inmersivos de gran escala. El desarrollo técnico y el carácter itinerante del montaje quedaron en manos de Andy Gaudenzi y el equipo de Crashband, responsables de otras muestras internacionales como las dedicadas al universo Pixar. El resultado combina precisión museográfica con un clima lúdico y emotivo, donde cada detalle remite al trazo y al humor de Quino.

Un recorrido por 13 salas y un plus de realidad virtual

El circuito dura aproximadamente una hora y se organiza en un solo sentido, con 13 salas fijas y una decimocuarta instancia opcional de realidad virtual. Desde el inicio, la experiencia apela a los sentidos: iluminación controlada, aromas característicos, texturas y guiños visuales que recuerdan que el mundo de Mafalda fue siempre una reflexión crítica sobre la realidad. En las paredes aparece incluso un graffiti a medio borrar que suplica “Basta de censu…”, una referencia directa a las tensiones con la censura que atravesaron la obra de Quino.

El recorrido comienza en la penumbra, con una voz que presenta al “Señor Joaquín” y a la nena que se animó a hacer preguntas incómodas. Luego se abre una maqueta del barrio de los años sesenta, con la plaza, la escuela, la farmacia y las calles donde se mueven los personajes: Felipe con su yo-yo, Libertad leyendo el diario, Susanita abrazando la almohada y Mafalda soñando. Un juego invita a los visitantes a encontrar a Burocracia, la tortuga, escondida en cada ambiente.

La casa de los protagonistas es otro de los puntos fuertes. En la cocina se siente el olor a sopa –enemiga declarada de Mafalda–, mientras el padre aparece con la regadera y la madre con el escobillón. En una pantalla reaparece la clásica pregunta sobre si es posible hacer una crítica honesta a la sopa sin molestar a nadie. En el cuarto de Mafalda, su pijama, el globo terráqueo, un ajedrez y un disco de los Beatles reconstruyen el imaginario de una niña curiosa y politizada. Incluso se exhibe su diario íntimo, donde confiesa que hizo renegar a su mamá.

Personajes, sueños y un final dedicado a Quino

El paseo continúa por los distintos escenarios emblemáticos de la historieta. En la plaza, Felipe sueña con ser el Llanero Solitario mientras Mafalda pasea a Burocracia junto a un Citroën que pierde aceite. La farmacia exhibe un puesto de diarios con un titular sobre la escasez mundial de sopa, una balanza que no funciona y el medicamento Nervo-calme. El almacén de Manolito suma olor a fiambre y conservas, latas apiladas, deberes escolares incompletos y una radio antigua que conecta con la coyuntura política de la época.

La sala de Susanita se tiñe de rosa, con espejos, pantallas interactivas, flores y peluches, en un universo atravesado por el olor a caramelo y el sueño del casamiento perfecto. Tótems con viñetas animadas y una sala de proyecciones 360º recuperan algunos de los grandes temas de Quino: el famoso “palito de abollar ideologías”, las olas “reaccionarias” y la crítica aguda al machismo y a los mandatos sociales.

El cierre del recorrido es un museo dedicado a Quino, con una línea de tiempo de su vida y obra, planchas de hierro para imprimir, la paleta de colores aprobada por él mismo y los papeles secantes que utilizaba para evitar manchas de tinta. La última imagen es la mano del autor sobre el papel, reforzando la idea de que el mundo puede cambiarse si se observa lo grande, pero se actúa sobre lo pequeño. Allí también se recuerda la enorme trascendencia de Mafalda, publicada en más de veinte idiomas y con más de 20 millones de libros vendidos.

Realidad virtual, vigencia y datos útiles para visitar la muestra

La propuesta incluye una sala adicional, “Soñando con Mafalda”, de unos diez minutos de duración y para grupos de hasta seis personas, que se realiza con anteojos de realidad virtual. En ese tramo, los visitantes ingresan en los sueños de los personajes: Mafalda como traductora de la ONU, Manolito como gran empresario y el casamiento de Susanita, guiados por Sara, una adolescente fanática de la tira. La tecnología refuerza la idea de que los dilemas planteados por Quino siguen interpelando al presente.

Para los productores y herederos, la vigencia de Mafalda es indiscutible. Guillermo Lavado, sobrino del dibujante e inspiración para el personaje de Guille, destacó el profesionalismo y el cariño del montaje, y aseguró que Quino estaría orgulloso del resultado. La muestra pone sobre la mesa temas que no pierden actualidad: abuso de poder, guerra, desigualdad, racismo, machismo y otros “ismos” que el autor satirizó con lucidez. Damián Kirzner ubica a Mafalda a la altura de figuras como Gardel, Maradona, Messi y el papa Francisco como síntesis del ser nacional.

“Mafalda es rabiosamente argentina y, al mismo tiempo, universal”, define Belén Santa-Olalla, al recordar que en España muchos lectores no sabían siquiera que el personaje era argentino.

“Mafalda inmersiva” se puede visitar en el Centro Cultural Recoleta, Junín 1930, en la Ciudad de Buenos Aires. El ingreso se organiza por tandas de alrededor de 36 visitantes cada diez minutos y el recorrido no permite volver atrás. No se admite el ingreso con cochecitos de bebé, comida, equipo de mate ni mochilas grandes. Los horarios de visita son de martes a viernes de 12 a 21, y sábados, domingos y feriados de 11 a 21, con último acceso a las 20. Tras su permanencia en Buenos Aires durante octubre, la exposición iniciará una gira por ciudades de Europa y América Latina, llevando el mundo de Quino a nuevos públicos.

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