El expresidente se mantiene en silencio público, pero envía señales a sus aliados y exige una hoja de ruta antes de hablar con el Gobierno.

Mauricio Macri transita un período de hermetismo político. No se expresó sobre la derrota de Javier Milei en la elección bonaerense ni sobre la crisis desatada por el caso Spagnuolo. Tampoco respondió los gestos de Guillermo Francos y Patricia Bullrich para recomponer la relación. El líder de Pro mantiene distancia y un repliegue estratégico.
El diario La Nación difundió que Mauricio Macri considera que un eventual diálogo con el Presidente debe estar condicionado a exigencias previas. Según trascendió, insiste en privado en que ningún funcionario del Ejecutivo lo contactó formalmente. Antes de cualquier encuentro, reclama contar con un “esquema de trabajo” o una “hoja de ruta”. “No sabemos de qué quieren hablar”, expresó un dirigente cercano al exmandatario.
En el entorno de Pro interpretan que la Casa Rosada busca reivindicarse con sus socios naturales. Bullrich planteó públicamente la necesidad de un diálogo y Francos calificó como un “error” no haber sumado cuadros técnicos del macrismo. Además, el ministro coordinador admitió que era importante “tenerlo en cuenta” a Macri. Según reconstruyó La Nación, los gestos sorprendieron en la mesa chica amarilla.
El exmandatario no oculta su frustración con Milei tras los encuentros en Olivos el año pasado. Macri entiende que esas charlas nunca se tradujeron en resultados concretos. En su círculo recuerdan que Karina Milei intentó formalizar la alianza con una foto en el Hotel Libertador. Sin embargo, el titular de Pro prefirió reunirse con ella en privado en Olivos.
Cerca de Macri remarcan que no aceptará prestarse para una foto electoral. Reclama discutir una agenda programática antes de respaldar al Gobierno en las legislativas de octubre. “Tiene que haber una charla, un esquema de trabajo o una hoja de ruta. ¿O esto es solo una alianza electoral?”, expresan sus allegados.
En enero pasado, Macri ya había propuesto armar una mesa de diálogo para avanzar en reformas. Sugirió un equipo de trabajo integrado por dirigentes como Cristian Ritondo, Hernán Lacunza y Soledad Martínez. El Gobierno nunca respondió a esa invitación. En el macrismo lo vivieron como una señal de destrato, atribuida a la negativa de Karina Milei.
Los leales al expresidente sostienen que gran parte del electorado de Pro no respaldó a LLA en septiembre. Asocian esa fuga de votos al desencanto por los ataques de Milei a dirigentes opositores dialoguistas. El episodio de la “ley de ficha limpia” en el Senado profundizó la herida. Allí, Macri percibió una ofensiva del oficialismo contra sus aliados naturales.
Tras la cadena nacional en la que Milei presentó el Presupuesto, Pro difundió un comunicado de apoyo. El mensaje respaldó el equilibrio fiscal, pero exigió reglas claras para dar confianza y seguridad jurídica. “Ese es el rumbo que necesita la Argentina”, afirmaron en el texto. Los macristas buscaron ratificar su apoyo económico, aunque marcaron diferencias institucionales.
A pesar de los desencuentros, Macri no se arrepiente de haber avalado la alianza con Milei en Buenos Aires y la Capital. Reconoce que fue un acuerdo impulsado por sus dirigentes territoriales. Está convencido de que el Presidente lo necesitará como aliado después del 10 de diciembre. En un momento crítico, el macrismo se prepara para ser clave en la gobernabilidad.

