Lula marca límites al uso de la inteligencia artificial en las urnas
NewsITe
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, salió públicamente a respaldar las restricciones al uso de la inteligencia artificial (IA) en el proceso electoral de su país. En un contexto global atravesado por el avance tecnológico y la preocupación por las noticias falsas, el mandatario aseguró que no permitirá que esta herramienta forme parte de su campaña política.
Las declaraciones se produjeron durante un acto de entrega de viviendas del programa federal Minha Casa Minha Vida en Camaçari, en la Región Metropolitana de Salvador, donde Lula dedicó un tramo de su discurso a la irrupción de la IA en la vida pública y, en particular, en las elecciones.
Lula hizo referencia a la normativa aprobada por el Tribunal Superior Electoral (TSE), que establece límites precisos al uso de herramientas de IA en los comicios. Entre otros puntos, la regulación prohíbe la difusión de contenidos generados con esta tecnología en las 72 horas previas a la votación, con el objetivo de evitar maniobras de desinformación de último momento que puedan influir en la decisión de los electores.
“La inteligencia artificial ayuda mucho, en la salud, en la educación, en la tecnología. Es muy importante”, reconoció el presidente. Sin embargo, cuestionó su pertinencia en la disputa política y planteó que, en una elección, la ciudadanía debe elegir “algo real, de carne y hueso” y no ser inducida por contenidos creados artificialmente que puedan convertirse, en sus palabras, en “una mentira”.
Preocupación por la manipulación digital y las noticias falsas
El jefe de Estado advirtió que el uso de IA en campañas podría terminar “sirviendo a los mentirosos”, en referencia a la facilidad con la que se pueden fabricar imágenes, audios y videos para engañar a los votantes. Mencionó, en particular, la capacidad de generar escenas en las que una persona parece estar presente en un lugar donde en realidad no se encuentra, lo que habilita actos políticos simulados y mensajes engañosos difundidos en simultáneo en distintas regiones.
En este sentido, Lula remarcó que no aceptará el uso de IA en su propia campaña, apelando a los valores que, según contó, le transmitió su madre, Dona Lindu. La postura busca diferenciarse en un escenario donde las herramientas de IA generativa ya se utilizan de manera extendida en marketing político y comunicación digital alrededor del mundo.
La respuesta institucional del Tribunal Superior Electoral
La resolución del TSE, aprobada en marzo por unanimidad, forma parte del marco regulatorio rumbo a las elecciones de 2026 en Brasil. Además de vedar el uso de contenidos producidos con inteligencia artificial en las horas previas a la votación, la norma habilita la remoción inmediata de ese material y, en casos extremos, la indisponibilidad del servicio por decisión judicial o por iniciativa de las propias plataformas.
Otro punto central es la prohibición para que las empresas de inteligencia artificial clasifiquen, recomienden, sugieran o prioricen candidatos, partidos, federaciones, coaliciones o campañas electorales. Esta medida apunta a reducir el impacto de los algoritmos en la formación de opinión política y a limitar la segmentación dirigida que pueda distorsionar el debate público.
Brasil se suma así a la discusión internacional sobre cómo regular el uso de la IA en la política, un tema que ya está en la agenda de organismos electorales y gobiernos de todo el mundo. El desafío pasa por equilibrar el aprovechamiento de las innovaciones tecnológicas con la protección de la integridad del voto, la transparencia informativa y la confianza ciudadana en los procesos democráticos.
“En unas elecciones, la gente tiene que votar por algo real, de carne y hueso. La gente no puede votar por una mentira”, sostuvo Lula al respaldar las restricciones del TSE al uso de la inteligencia artificial.
Con sus definiciones, el presidente brasileño busca enviar una señal política clara de respaldo a la justicia electoral y, al mismo tiempo, marcar un límite al uso de tecnologías que, sin regulación, pueden profundizar la desinformación y la polarización en las campañas.


