Tras los episodios en la Costanera y en un supermercado céntrico, profesionales advierten sobre la falta de límites, el rol del grupo y la ausencia de adultos como factores clave. El debate sobre la imputabilidad reapareció, pero el foco se amplía hacia la prevención.

Durante la noche del lunes, un vecino registró a un grupo de menores mientras provocaban hechos de vandalismos en las escalinatas del Anfiteatro de la Costanera Alta. En el video se los observa arrojando elementos y rompiendo asientos de madera del lugar.
Según se informó, los involucrados tienen entre 8 y 14 años. El hecho reactivó el debate sobre la edad de imputabilidad —en el marco de la discusión por la reforma penal juvenil— y la responsabilidad de los padres, pero también abrió una discusión más amplia sobre los límites, la familia y la prevención.
Dos días después, el miércoles por la noche, dos menores generaron desmanes en el interior del supermercado Carrefour ubicado en Mitre 264. De acuerdo con testimonios del personal del comercio, los chicos corrían dentro del local y alteraban el orden, aunque no rompieron elementos ni sustrajeron mercadería. Tras ser retirados por los vigiladores, intentaron reingresar y finalmente se retiraron antes de que fuera necesaria la intervención policial. Según trascendió, se trataría de los mismos menores involucrados en el episodio del Anfiteatro.
Violencia a edades cada vez más tempranas: qué explican los especialistas
Para la psicóloga social Erika Martínez, los episodios deben analizarse en el marco del proceso evolutivo. “La adolescencia es una etapa de construcción identitaria. Es un momento donde el grupo de pares tiene un peso enorme, donde la necesidad de pertenecer, de ser visto, de probar límites y desafiar normas forma parte del proceso subjetivo. Esto no justifica el daño, pero sí ayuda a comprender que muchas veces estos actos no surgen solo de una ‘maldad individual’, sino de dinámicas grupales, búsqueda de reconocimiento, impulsividad propia de la edad y, en muchos casos, ausencia de adultos significativos que funcionen como referencia y límite.” En ese sentido, el análisis vuelve a poner el foco en la importancia de adultos que acompañen y establezcan límites claros durante estas etapas.
En la misma línea, el psicólogo Martín Baconsky sostuvo que el fenómeno no puede explicarse únicamente desde lo individual. “Cuando no hay adultos que ordenen, que pongan freno y que acompañen, muchas veces el grupo se convierte en la referencia. Y en el grupo, la impulsividad crece y la responsabilidad individual se diluye.”
El profesional agregó que este comportamiento colectivo ha sido objeto de estudio desde hace décadas. “En psicología de las masas Freud ya describía esto: en grupo disminuye el autocontrol y aumenta la influencia de la emoción colectiva. No se trata de justificar lo que pasó, pero sí de entender que estos hechos no aparecen de la nada. Necesitamos más prevención, más presencia adulta y más trabajo en educación emocional.”
La familia, los límites y el rol de los adultos
Desde una mirada territorial, el pastor Marcelo Vitrano vinculó los episodios con problemáticas estructurales. “En los sectores vulnerables ha desaparecido la figura de la familia, o esta casi desaparecida.”
Además, señaló que se relaciona con la “Falta de valores permanentes en la sociedad, en la casa, la destrucción de la educación. Tenemos una gran masa de niños que no están escolarizados en nuestra en nuestra ciudad y en nuestra región. Entonces, no hay figuras, no hay referentes en la familia. La mayoría de esos nenes no tienen la figura de papá. Pero esto es el reflejo de la sociedad, de haber roto valores fundamentales. El maestro o el profesor no puede poner límites, no puede poner sanciones por este libertinaje absoluto que hay. Son generaciones que estamos perdiendo.”
Vitrano también se refirió al debate penal que surgió tras los hechos. “Tampoco esto se soluciona bajando la edad de imputabilidad, no se soluciona. ¿Qué hacemos con estos chicos? ¿Lo metés preso? ¿A dónde? No hay no hay centros de contención, no hay presupuesto para eso tampoco. Es un trabajo a larguísimo plazo.”
Más allá de la discusión punitiva, los recientes episodios dejaron planteado un interrogante más profundo: qué herramientas tiene hoy la sociedad para intervenir antes de que este tipo de conductas se repitan o escalen, y cuál es el rol que deben asumir la familia, la escuela y el Estado en ese proceso.

