Del cuento de Turgenev a un fenómeno de 2025

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Un cuento ruso publicado en 1850 se transformó, siglo y medio después, en la base de uno de los cortos más comentados del año. Se trata de Los cantores rusos, flamante cortometraje del director estadounidense Sam Davis, recientemente estrenado en Netflix Argentina y que ya se perfila como firme candidato al Oscar a mejor cortometraje de acción real.
La obra reinterpreta el relato The Singers, de Iván Turguénev, donde un grupo de hombres rudos en una taberna encuentra un inesperado momento de comunión a través del canto. Davis traslada esa premisa a un bar de un pequeño pueblo estadounidense y la cruza con una apuesta formal arriesgada: cine analógico, actuaciones improvisadas y un elenco reclutado en redes sociales.
La chispa creativa llegó cuando el realizador leyó el cuento en el libro de análisis literario A Swim in a Pond in the Rain, del escritor George Saunders. Minutos después, un video viral de un músico callejero en el subte, visto desde su teléfono, terminó de delinear el proyecto. Esa interpretación “cruda y hermosa”, según recordó, lo llevó a imaginar un bar colmado de talentos anónimos, “genios en bruto” encontrados en TikTok, YouTube e Instagram.
Improvisación, cine analógico y músicos virales
Davis decidió trabajar con intérpretes no profesionales y prescindir de un guion cerrado. Buena parte de los diálogos surgió de la improvisación, en línea con su experiencia previa en el cine documental. El rodaje se realizó en 35 mm y la música se grabó en vivo en el set, una elección poco habitual en plena era digital que le otorga al corto una textura cálida y un clima de verité.
En pantalla se lucen figuras surgidas de la calle y de internet. El pianista callejero Will Harrington deslumbra con una versión barrelhouse del clásico del blues It Hurts Me Too. El veterano Chris Smither lleva a terreno folk a The House of The Rising Sun, mientras que el vocalista Mike Young —conocido por cantar en el subte de Nueva York y por su paso por America’s Got Talent— emociona con una versión a capela de I Will Always Love You. También participan otros cantores virales como el australiano Judah Kelly y el tenor Matthew Corcoran.
Soledad masculina, comunidad y camino al Oscar
Más allá de su forma, el corto dialoga con un tema cada vez más presente en la agenda pública: la llamada “epidemia de soledad masculina”. Davis reconoce que ese trasfondo ya estaba insinuado en el texto de Turguénev y que el film busca mostrar cómo la vulnerabilidad y el acto de cantar juntos pueden funcionar como un puente para construir comunidad.
“El poder que tiene un poco de vulnerabilidad para construir comunidad es enorme”, resume el director, criado en un pequeño pueblo de Michigan.
Tras su estreno mundial en el festival South by Southwest, Los cantores rusos cosechó más de 25 premios en certámenes internacionales, entre ellos el máximo galardón en FilmQuest, en Utah. El antecedente entusiasma: el ganador de ese mismo festival en 2024, I’m Not a Robot, terminó alzándose con el Oscar al mejor cortometraje de acción real.
Davis, nominado al Oscar en 2023 como productor por el corto Nǎi Nai & Wài Pó, confía en que el recorrido de su nueva obra atraiga a un público amplio y diverso. En su visión, el proyecto funciona como una forma “subversiva” de utilizar los algoritmos y las redes sociales para generar algo profundamente humano, hecho a mano y anclado en la tradición analógica.
En tiempos de hiperconectividad y consumo acelerado de contenidos, el film propone una pausa: volver a la experiencia compartida de escuchar, cantar y sentirse parte de un grupo, tal como ocurría en aquella taberna rusa del siglo XIX que imaginó Turguénev.

