La sombra envenenada detrás del poder en Roma

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La figura de Locusta, también mencionada como Lucusta, se convirtió con el paso de los siglos en sinónimo de veneno, intrigas palaciegas y crimen al servicio del poder. Considerada por muchos historiadores como la primera asesina serial documentada de la humanidad, esta mujer de origen galo —nacida en la región de la Galia, en el actual territorio de Francia, en el siglo I— tuvo un rol determinante en los últimos años de la dinastía Julio-Claudia en el Imperio Romano.
Locusta era una hábil fabricante de venenos y desarrolló su actividad en la corte imperial, en un contexto donde las conspiraciones, las traiciones y los ajustes de cuentas políticos eran moneda corriente. Se le atribuyen, entre otros crímenes, la muerte del emperador Claudio y de su hijo Británico, episodios que marcaron a fuego la historia de Roma y consolidaron el ascenso al poder del joven Nerón.
De acuerdo con distintas fuentes antiguas, Locusta trabajó como asesora de venenos de la influyente Agripina la Menor, esposa de Claudio y madre de Nerón. Algunos historiadores sostienen que fue Agripina quien recurrió a los servicios de la envenenadora para eliminar a su propio marido, con el objetivo de allanar el camino de su hijo hacia el trono. El veneno habría sido colocado en un plato de hongos, uno de los preferidos de Claudio, y servido por su probador de comidas, Halotus.
Las crónicas también recogen un dato que roza la leyenda: ante la aparente lentitud del veneno, el médico Cayo Estertinio Jenofonte habría intervenido introduciendo en la garganta del emperador una pluma impregnada con otra sustancia tóxica, supuestamente para provocarle el vómito, lo que habría acelerado su muerte. Este punto no cuenta con confirmación definitiva, pero contribuyó a robustecer la fama letal del entorno de Agripina y de la propia Locusta.
Del laboratorio secreto al favor de Nerón
Entre los saberes que se le atribuyen a Locusta se destaca el uso de la planta Atropa belladonna, un arbusto conocido desde la Antigüedad por sus propiedades tóxicas. Sus frutos y hojas contienen alcaloides como la hiosciamina y la escopolamina, capaces de provocar graves trastornos en el sistema nervioso e incluso la muerte. Según los relatos, la envenenadora recomendó a Agripina este recurso para perfeccionar sus planes homicidas.
Pese a su implicación en el asesinato de Claudio, Locusta llegó a estar encarcelada, pero su conocimiento era demasiado valioso para el poder de turno. En el año 55, su destino volvió a cambiar cuando Nerón, ya convertido en emperador, la convocó para diseñar un veneno destinado a acabar con Británico, el hijo de Claudio y potencial rival político. La primera sustancia preparada habría tenido un efecto demasiado lento, lo que enfureció al emperador.
Las fuentes narran que Nerón mandó azotar a Locusta y la amenazó con la ejecución inmediata si no obtenía un veneno de acción rápida. Ella entonces elaboró una fórmula más potente, que finalmente consiguió su objetivo: Británico murió envenenado. Como recompensa, Nerón le otorgó un indulto total, grandes extensiones de tierras y la convirtió en una especie de “maestra” para otros fabricantes de venenos, que acudían a aprender su oficio.
Caída del régimen y final de la envenenadora
- En el año 68, Nerón volvió a recurrir a Locusta para procurarse un veneno destinado, esta vez, a su propio uso en caso de necesitar suicidarse. Guardó la sustancia en una caja dorada, aunque finalmente su muerte se produjo por otro método, lejos del frasco preparado por su envenenadora favorita.
- Tras la caída de Nerón, el nuevo emperador Galba impulsó una depuración de los personajes más cercanos al depuesto gobernante. Locusta, asociada a los excesos, crímenes y conspiraciones del régimen anterior, fue detenida y condenada a muerte. Las crónicas relatan que fue exhibida encadenada por las calles de Roma junto a otros favoritos de Nerón, como Helio, Patrobio y Narciso, antes de su ejecución, ocurrida durante el breve reinado de Galba, que terminó el 15 de enero del año 69.
La historia de Locusta combina crimen, ciencia primitiva y política extrema: una mujer que transformó el conocimiento de las plantas venenosas en un arma decisiva en la lucha por el poder en Roma.
Con el paso del tiempo, la figura de Locusta se volvió parte del imaginario popular sobre la Roma imperial y sobre el origen de los asesinos seriales. Su nombre se asocia no solo a los venenos, sino también a la lógica implacable de una época en la que la ambición y la supervivencia en la corte podían depender de una copa de vino, un plato de hongos o una simple pluma envenenada.

