Los modelos meteorológicos advirtieron sobre la posible formación de un evento fuerte de El Niño hacia fines de este año. Aunque especialistas pidieron cautela frente a los términos alarmistas, el fenómeno mantiene en alerta a la comunidad científica por sus antecedentes y posibles efectos sobre precipitaciones, sequías y producción agropecuaria.

Las señales meteorológicas encendieron la atención de la comunidad científica internacional ante la posible llegada de un fenómeno climático El Niño de fuerte intensidad. Los modelos actuales sugirieron la formación de un evento significativo hacia fines de este año, denominado coloquialmente como “Súper El Niño” o “El Niño Godzilla”, debido a su magnitud potencial y a los antecedentes registrados en décadas anteriores.
El fenómeno se desarrolla en el océano Pacífico central y oriental y altera las temperaturas superficiales del mar. Esa modificación impacta directamente sobre los patrones climáticos globales, transformando regímenes de lluvias y sequías en distintas regiones del planeta.
La Oscilación del Sur de El Niño, conocida como ENSO por sus siglas en inglés, alterna entre fases cálidas y frías identificadas como El Niño y La Niña. Actualmente, el Pacífico mantiene condiciones neutrales luego del episodio de La Niña registrado entre 2024 y 2025.
Los especialistas observaron una probabilidad cercana al 33% de que las temperaturas del Pacífico tropical superen en 1,5 °C la media histórica entre octubre y diciembre de este año. Tim Stockdale, representante del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo, explicó a la BBC que el concepto de Súper El Niño busca identificar eventos de gran magnitud, comparables a los de 1997-1998 o 2015-2016, cuando las anomalías térmicas excedieron los 2 °C.
Antecedentes históricos y debate científico
Los episodios más intensos y destructivos de El Niño en la historia moderna ocurrieron durante 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016. Estos eventos, clasificados coloquialmente como “súper-El Niño” o “Niño Godzilla”, elevaron la temperatura del Pacífico por encima de los 2 °C de anomalía y provocaron sequías extremas e inundaciones devastadoras en distintas partes del mundo.
Sin embargo, algunos especialistas cuestionaron el uso de términos alarmistas. Kimberley Reid, científica de la Universidad de Melbourne, calificó esa terminología como una “tontería”. En declaraciones a la BBC, sostuvo que el impacto climático no depende exclusivamente de la temperatura del Pacífico, sino de múltiples factores regionales.
La investigadora comparó la medición climática con el índice de masa corporal y explicó que un valor elevado no necesariamente implica consecuencias severas. Aun así, los antecedentes históricos sostienen la preocupación científica.
Entre 1876 y 1877, un fenómeno de gran intensidad provocó hambrunas globales y causó la muerte de más de 50 millones de personas en India, China y Brasil, según datos recopilados por la BBC y la Universidad Estatal de Washington.
La posibilidad de que un escenario extremo vuelva a repetirse abrió nuevos debates sobre el nivel de preparación actual frente a estos eventos climáticos.
Monitoreo moderno y pronósticos para Argentina
Deepti Singh, profesora de la Universidad Estatal de Washington, explicó a la BBC que las sequías severas pueden repetirse, aunque destacó diferencias importantes respecto del pasado. Según señaló, la principal ventaja actual radica en la capacidad de respuesta y monitoreo.
Los avances tecnológicos implementados desde los años 80 incorporaron monitoreo satelital y redes de boyas oceánicas que permiten seguir el comportamiento del clima en tiempo real. Kevin Trenberth, científico climático que participó en el desarrollo de estos sistemas tras el fenómeno de 1982, destacó que actualmente existen más de 4000 instrumentos de medición distribuidos en el Pacífico.
Estas herramientas permiten mejorar la preparación frente a riesgos alimentarios y económicos asociados a eventos climáticos extremos. No obstante, los antecedentes recientes también muestran que las proyecciones pueden modificarse.
En 2017, distintos modelos anticipaban la llegada de El Niño, aunque finalmente el sistema climático evolucionó hacia La Niña. Los especialistas denominan este comportamiento como “barrera de predictibilidad”, un factor que obliga a mantener prudencia frente a los pronósticos de largo plazo.
El Niño todavía no comenzó y la atmósfera aún no responde a ese posible escenario. El pronóstico de precipitaciones del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), en consenso con otros organismos, prevé lluvias normales en el Litoral durante los próximos meses y condiciones más secas en el norte argentino. En gran parte de la Patagonia y el centro del país aparecen mayores probabilidades de un período más lluvioso.
Respecto de las temperaturas, los pronósticos anticipan un final de otoño y un inicio de invierno más cálidos en promedio. Sin embargo, esas tendencias podrían modificarse a medida que evolucione el fenómeno y se confirme o descarte oficialmente El Niño.
La difusión de esta información apunta a favorecer la preparación y anticipación frente a posibles eventos extremos, especialmente vinculados a lluvias intensas. También permite proyectar decisiones productivas vinculadas a la siembra o al eventual traslado de ganado hacia zonas más altas ante riesgos de crecidas e inundaciones. Las proyecciones climáticas actuales sostienen interrogantes sobre el impacto que podría enfrentar la próxima campaña gruesa en caso de cumplirse los escenarios previstos.

