La Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines exige medidas urgentes tras un relevamiento federal que registró una caída del 25% en las ventas de ejemplares y de un 41% en la “facturación real” respecto de 2023. Desde las librerías de nuestra ciudad confirman las dificultades que atraviesa el sector. “Las ventas disminuyeron, pero fundamentalmente nuestro rubro está en crisis –como otros– por los gastos fijos que aumentan todos los meses”, evaluaron.

De la Redacción de EL NORTE
[email protected]
La Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines (Falpa) declaró la “emergencia librera” en el país ante el profundo deterioro económico que atraviesa el sector y el riesgo que esta situación representa para la continuidad de una red federal del sector. Alertó sobre la caída del 25% en las ventas de ejemplares y de un 41% en la “facturación real” respecto de 2023.
Los comercios de San Nicolás vinculados al rubro coinciden con el panorama planteado a nivel nacional y marcaron a EL NORTE: “El interés por los libros impresos no cayó –al contrario–, pero la gente no tiene dinero para comprarlos. Así, las ventas disminuyen y los gastos operativos suben todos los meses”.
Las librerías que no pertenecen a las grandes cadenas enfrentan un ahogamiento financiero marcado por una caída drástica en las ventas y la facturación, sumado a un aumento imparable de los costos operativos, entre los que se cuentan el encarecimiento de los alquileres, los servicios y materias primas como el papel.
Ante esta situación de emergencia, Falpa exigió, mediante un comunicado, “medidas urgentes” de alivio fiscal a nivel nacional, provincial y municipal, además de líneas de crédito blandas con meses de gracia otorgadas por la banca oficial. La intención es que las librerías más complicadas puedan contar con un respiro para retomar la actividad, afrontar deudas o reorganizar sus cuentas.
El reclamo también apunta –entre otras problemáticas– a las editoriales. Solicitan mejores condiciones comerciales y formas de pago más extensas. La Fundación El Libro (FEL) acompañó los pedidos en un escrito titulado “En defensa de las librerías independientes y la bibliodiversidad en todo el país”, en el que expresa “profunda preocupación”.
Panorama local
“El precio de los libros no aumentó significativamente; además, se pueden conseguir desde 6000 pesos hasta más de 40.000, y tienen precios fijos que deben respetarse. Estamos luchando para que no deroguen la Ley del Libro. La gente lee en papel, solo que por la situación económica general no puede comprarlo actualmente; debe priorizar otras cosas.
”Las ventas disminuyeron y subieron los gastos. Lo cierto es que el sector está en crisis –como otros– por los costos fijos que aumentan todos los meses: alquileres, energía, gas, etcétera. Por eso se registran cierres de librerías y editoriales más chicas. En septiembre se notó más la crisis que en agosto. Cada vez es peor. Y no podemos estar esperando fechas especiales como el Día de las Infancias o el Día de la Madre para ver si se reactiva algo momentáneamente”, analizaron desde una librería de nuestra ciudad.
Desde otro local expresaron: “Coincidimos con Falpa en que hubo una caída en las ventas, pero lo que más afecta son los costos ligados a tener un comercio en funcionamiento (impuestos, tasas, fletes), que reducen considerablemente el margen de ganancia que tenemos, que de por sí es bajo”.
Márgenes reducidos
Según el relevamiento nacional que realizó Falpa sobre un universo de unas 1200 librerías independientes de todo el país, la caída en libros vendidos ronda el 25%, mientras que la facturación real –descontada la inflación– se derrumbó un 41,5%: por cada $100 que una librería facturaba en 2023, hoy factura apenas $58,5.
El escenario se completa con el aumento de los gastos que deben afrontar los comercios, entre los que figuran los alquileres, los servicios de luz, gas y agua, y el sueldo de los empleados.
Las librerías independientes trabajan con márgenes reducidos: obtienen descuentos comerciales del 35% al 42% sobre el precio de venta al público. “Ese porcentaje no es ganancia. De allí deben pagarse salarios, alquileres, servicios, impuestos, logística, gastos bancarios, insumos, obsolescencia del stock y todos los demás costos necesarios para mantener abierta una librería”, se enumera en el comunicado.
La utilidad neta de una librería independiente ronda entre el 2% y el 5% de sus ventas. “Una simulación económica realizada sobre esos márgenes muestra que, frente a la caída de facturación registrada, una librería hubiera necesitado reducir sus gastos reales entre un 34% y un 38% para conservar el punto de equilibrio –describen–. Pero ocurrió exactamente lo contrario: componentes relevantes de sus costos operativos aumentaron alrededor del 31% en términos reales.
”Esta verdadera ‘tijera’ entre ingresos y costos ayuda a explicar la situación que hoy vemos en todo el país. Muchas librerías permanecen abiertas no porque su rentabilidad continúe siendo suficiente, sino porque sus propietarios reducen o directamente resignan su propia remuneración, utilizan ahorros personales, postergan obligaciones o se endeudan para sostenerlas”.
A diferencia de las independientes, las grandes cadenas, debido a sus volúmenes de compra, obtienen condiciones comerciales más favorables, “con descuentos que pueden alcanzar aproximadamente el 50% al 55%, lo que les otorga una capacidad mucho mayor para absorber costos y períodos prolongados de caída de ventas”.
Reclamos al Gobierno
Falpa y otras organizaciones afines solicitan medidas concretas del Estado nacional, de las provincias y de los municipios, como el cumplimiento efectivo de la Ley 25.542 de defensa de la actividad librera (que el ministro Federico Sturzenegger insiste en derogar), la devolución del crédito fiscal de IVA (la resolución 4515, aprobada por el Congreso, no se aplica a las librerías) y la implementación de líneas de crédito específicas para librerías independientes “con tasas preferenciales, plazos adecuados y períodos de gracia, destinadas especialmente a refinanciar el endeudamiento acumulado, recuperar capital de trabajo y evitar que empresas económicamente viables terminen cerrando por falta de financiamiento”.
Proponen, además, una tarifa federal reducida para el envío de libros y productos culturales. “Para una librería del interior, el costo logístico representa una desventaja creciente frente a grandes plataformas y cadenas –señalan–. Una tarifa específica permitiría que una librería ubicada en cualquier localidad pueda vender y enviar libros a todo el país en condiciones más competitivas y que cualquier lector pueda acceder a ellos independientemente de dónde viva”.

